Alegorías o todo lo contrario

A: primera letra del diccionario y primera de las vocales.



Agua:


La escasez de agua es una mentira. Que en verano nuestra invasión, la invasión de turistas colapsa el suministro de agua en la ciudad es una mentira. Se nota en las calles. En los bares. En el aliento de las promotoras. Y lo que revela esta mentira es el olor. El olor desenmascara la conspiración. La cosa, de tan sencilla, sorprende. Se nos distingue de los marplatenses sólo con olfatearnos un poco. También con mirarnos, o tocarnos la piel. Nosotros olemos mal. A sal. A tierra. A arena. Nuestro pelo está duro. Seco. Pajoso. La piel curtida. Con marcas de sal. En cambio, los marplatenses huelen bien. Sus cabellos son delicados y su piel sedosa. No falta agua en la ciudad. Insisto, es mentira. Tienen un sistema complejo de distribución que nos limita el consumo mientras a ellos les garantiza abastecimiento y felicidad. Hay, en esta confabulación, un necesario pacto de silencio. Yo lo descubrí por casualidad. Por amor, se podría decir, ya que el amor es una de las formas más torpes del azar. Conocí a dos promotoras en un boliche y me enamoré de las dos. La decisión de cuál quedarme fue difícil. Pero lo que inclinó la balanza fue el aliento. La promotora marplatense tuvo a favor el resultado. Cuando le conté el motivo principal de mi decisión, no aguantó la risa. Ahogada, llorando de alegría, me confesó que siempre le pasa lo mismo con los turistas. Se enamoran no de lo que ven, sino de aquello que huele bien. A la mañana, cuando despertó y me encontró disfrutando del agua de su baño, enloqueció. Me encerró con llave y escuché que llamaba a su hermano. Le gritaba que se había revelado el secreto. Que tenía que venir a solucionarlo. Por el bien de la ciudad. No esperé que llegara el hermano con la solución. Me escapé por la ventana del baño. En la calle corrí en calzoncillos y descalzo, como cualquier turista. El problema es que el olor confundía. Era un turista que olía bien. Para despistar, tuve que meterme al mar, en la playa Varese. Ahora tengo miedo de salir del agua. Es un error haberme metido en el mar. Los guardavidas me miran de modo extraño. Me miran como si supieran. Una mujer chilla a mi lado. Grita como si se ahogara. Pero no se está ahogando. Está fingiendo. Los guardavidas corren hacia nosotros. En realidad, sé, corren hacia mí. No puedo huir. No puedo nadar más que ellos. Este es su mar. Su territorio. Como quisiera ser uno de ellos. Como quisiera no saber lo que sé.


Alienígena


Perdió sus sistemas de comunicación al aterrizar. Para contactar a su raza se valió de lo poco que le ofrecía el planeta. Creó un tsunami en el oriente. Un huracán en el Caribe y nada. Nadie interpretó sus señales en el espacio. Sólo tuvo éxito cuando incendió toda África.

Almacén

Antiguo punto de venta, en medio de conglomerados urbanos donde se daba la mercancía al fiado sin necesidad de exhibir una tarjeta de crédito



Apocalipsis

Dios le ordenó a San Pedro que descargara películas para no aburrirse un fin de semana largo que iba a ser lluvioso. Vieron 2012, Matrix, Armagedón, Hijo del hombre, Terminator (toda la saga) y El día que la tierra se detuvo. El lunes Dios seguía indignado: "Estos tipos parece que solo se divierten destruyendo el planeta. Ahora van a ver. Los voy a hacer mierda”, dijo. Y todo empezó.



Arte

En la superficie, en medio del barrio más antiguo y más viejo de la ciudad mataron un travesti. No lo mataron, lo descuartizaron. Lo cortaron en pedazos: dedos por un lado, muñecas por otro, y después codos, hombros, caderas, rodillas, vértebras, veinticuatro costillas, ojos, hígado, riñones, siete metros y treinta y tres centímetros de intestino delgado, oídos, aorta, corazón, cerebro, cerebelo y un solo pezón. Con la misma precisión lo volvieron a unir. Dos vértebras y entre medio de ellos el riñón, la aorta seccionada al medio y sobre ella las uñas en hilera, cocidas con el pelo y la cejas. Un hombre joven confesó el crimen y fue condenado al destierro. También ganó el premio de la Bienal de arte costumbrista.




Artista


El paciente de la habitación 201 se levantó a mitad de la noche. Trató de llegar al baño pero no pudo. Vomitó de pie, junto a la cama. Su primer acto fue llevarse las manos a la boca, pero no lo hizo a tiempo y causó un efecto llamado “regadera”. Quiso dar un paso y resbaló sobre su propio vomito. Tuvo que apoyar las manos contra la pared para no caerse de cabeza, y todavía vomitó dos veces más antes de llegar al baño. El paciente murió esa misma noche. En la habitación podían verse las huellas de sus pasos, las marcas de sus manos en la pared. Si el hospital se hubiese derrumbado ese día y una era glaciar hubiese asolado el planeta, en 10000 años, quizás, alguien encontraría esas paredes y pensaría que esas manchas son pinturas, y estaría feliz de haber descubierto los indicios del primer artista de la historia.



B: Segunda letra del abecedario y primera de las vocales



Bacanal:

El padre, de residencia siempre cambiante por su profesión de casinero, le enseñó el amor por el tango y el folclore. El hijo aprendió las tres cosas. Aprendió a vivir mudándose, a jugar a la ruleta y a reconocer un intérprete con los primeros acordes de la orquesta. Cuando creció, emigró para completar sus estudios. El padre murió durante su primer año y el hijo volvió esa vez y juró no regresar. Para olvidar sus raíces. Una noche, algunos años después y casi al final de su carrera, el hijo acertó unos cuántos plenos para restarle penurias a su vida universitaria y organizó la mejor fiesta improvisada del año con amigos y amantes. En medio de la reunión, envalentonado por el alcohol y las pastillas, no tuvo la mejor idea que gritar una frase retenida en su memoria:

–Como diría mi padre, esto sí que es un bacanal.

Los amigos lo miraron feo. Las mujeres se alejaron. Todos se vistieron sin hablar y lo dejaron solo y desnudo en su departamento. El hijo recordó entonces, que también una noche de tangos, el padre le había explicado que muchas veces es mejor no llamar a las cosas por su nombre.


Bálsamo:

La tía, cuando papá nos dejó, no nos habló por dos días. Cuando nos dirigió la palabra otra vez fue para decir que se había ido por culpa nuestra. Y otra vez no nos volvió a hablar por dos días. El tercer día, cuando volvió del mercado, nos preparó una rica cena y dijo que nos quería leer un cuento antes de dormir. Entró a la pieza con un libro en la mano (creo que era “el pirata negro”) y nos ofreció té. Lo probamos. Estaba muy caliente y ella se ofreció a mezclarlo con agua. Se enfrió, sí, pero el gusto a limón era insoportable. Entonces lo mezcló con una miel muy fina traída desde la China. Asquerosa. Desahuciada, acaso también impaciente, agachó la cabeza y se puso a llorar sobre el vaso. Las lágrimas cayeron todas en el líquido y nos las dio a probar. El sabor era tan agradable que nos peleamos para ver quién terminaba el vaso. Con alivio nos dijo que ahora se sentía menos culpable de envenenarnos. Al menos le había dado un buen sabor a nuestra muerte. Abrió el libro y empezó a leer. Creo que nos dormimos antes de terminar el primer capítulo.

Banco:

Establecimiento público de crédito. En Argentina: Entidad donde los ciudadanos depositan su dinero para evitar que sea robado por desconocidos, y de donde finalmente es robado por el Estado o por conocidos grupos de boqueteros.


Bar:

Sueño con un avión. Con un viaje en avión. De vacaciones. A un lugar donde hace calor. Mucho calor. Sueño que conozco una mujer hermosa. Y que esa mujer hermosa tiene una casa hermosa muy cerca de la playa. Ahora bien, si el mozo no viene dentro de los próximos 2 minutos con la botella de cerveza que pedí, el sueño se va a desmoronar, el avión se va a caer en pedazos y la mujer se va a convertir en la dueña de este bar.
El ruido de la botella sobre la mesa me sobresalta. Eso pasa por estar con los ojos abiertos pensando boludeces. La cerveza no me la trae el mozo. La trae la dueña del bar. La dueña fea y mal hablada que a veces, cuando me lleva a casa, borracho, se sube sobre mí y grita, mientras yo me quedo dormido.


Barrio

Lugar de pertenencia y del cual huir.

Belleza

Una teoría actual afirma que el ser humano busca la belleza en la mutación. El ser humano intenta por todos los medios dejar de reconocerse. Tanto en la belleza artística como en la corporal. Esa misma teoría afirma que es una falacia creer que la gente trata de perpetuar la juventud de su cara cuando se somete a una cirugía estética. Lo que la gente busca es cambiar. Perfeccionarse. Cuanto más dejan de reconocerse a sí mismos, mejor les parece. Tanto a los escritores cuando leen algo que les parece escrito por otros como a las vedettes cuando se dan vuelta en la cama y chocan contra el colchón con unas tremendas tetas que antes no tenían. Por suerte la gravedad hace justicia con todos. A las tetas las arrugas y las ablanda y a los escritores, tarde o temprano, les hace poner los pies sobre la tierra.


Bisectriz

A principios de este siglo se hizo una encuesta telefónica con el método múltiple-choice sobre una muestra de la población adulta del país con validación estadísticamente representativa. La mitad de los encuestados recordó haber escuchado el término durante la escuela, pero no pudo definirlo. Un tercio dijo que nunca la había escuchado. El resto se abstuvo de opinar. A todos los encuestados, al final de la entrevista se les explicó la definición correcta del término y todos, sin excepción y con expresiones que fueron desde la consternación hasta la sorna, les pareció inútil recordar esta palabra.


Bloqueo

Cuando cada cuento se parece a otro, cuando la idea es la misma y el único que no puede distinguirlo es el escritor, una a una, suben las letras por sus dedos, entran en la boca, e impidiéndole respirar, lo asfixian, para liberarlo del tedio.


Boda

Ella, después de mucho renegar, desenchufó la heladera y con un cuchillo removió una capa de hielo que convertía al congelador en una réplica en miniatura de la Antártida, donde, además, tres milanesas congeladas emulaban las instalaciones de la base Marambio. Él se agachó para arreglar el bajo mesada de la cocina. No sabía nada de plomería, pero era voluntarioso. Y menos sabía de matrimonio, pero al ver a su mujer removiendo el hielo, tuvo un impulso que no pudo reprimir. Se lo propuso. Le propuso la boda más cara y hermosa del mundo. Ella dejó de golpear y lo miró. No lo insultó porque sabía que hablaba en serio. En cambio lloró. Y no de emoción. ¿Cómo se le ocurría proponérselo tirado en el piso de la cocina con las manos engrasadas, sin remera, en calzoncillos y mientras trataba de arreglar la gotera de la pileta? Se quejó ella. ¿Y por qué no? Se quejó él. Sos un animal, se quejó ella. Y entonces él se ofendió. ¿Quién entiende a las mujeres?


Borrador

Escribe Raymond Chandler: “Una de mis peculiaridades y dificultades como escritor es que no quiero descartar nada. He oído que esto no es propio de un profesional, que es una típica debilidad de aficionado no darse cuenta de que lo que se escribe no está saliendo bien” y después agrega: “Otra de mis peculiaridades (y en ésta creo absolutamente) es que uno nunca sabe del todo dónde está la historia que uno escribe, hasta no haber escrito el primer borrador. Así que siempre considero el primer borrador como la materia prima”.


Bosta

El gobierno de un pequeño municipio reinauguró la única plaza del pueblo bajo el slogan “Ahora sí, la plaza vuelve a ser de los vecinos”. Con el edificio municipal de un lado y la iglesia de otro, el intendente dio su discurso. Los vecinos miraron los espacios verdes llenos de carteles “Usted no puede pisar el césped” “Usted no puede jugar a la pelota” “Usted no puede reunirse en la plaza después de las 22 horas” “Usted no puede guitarrear o tocar cualquier tipo de instrumento musical” “Usted debe recoger la bosta de su perro” y así. Los vecinos igual aplaudieron al intendente cuando terminó de hablar, para eso habían ido.

C


Calendario


Ejemplo de un calendario utilizado por una civilización antediluviana que fue conquistada por otra y posteriormente integrada al modernismo:

Enero: Dormir desnudos tiene sus consecuencias

Febrero: Carnaval, se embarazan las rezagadas

Marzo: Hay que buscar reservas para el invierno

Abril: Otoño de lluvias. Ojalá granizara biscochos.

Mayo:. Hay que conformarse con torta fritas y mate, que no es poco.

Junio: Cortes de luz. Adolescentes aburridos corren a comprar tatuajes impares

Julio: 6 mes de gestación: antojos, rápida escasez de golosinas

Agosto: Llueve y hace tanto frío que alguien afirma que el sol nunca jamás existió

Septiembre: Felicidad, los primeros partos anuales

Octubre: Hartazgo, nacen los hijos rezagados.

Noviembre: Pañales, insomnio. Los hombres juran: “nunca más”.

Diciembre: Los hombres preguntan: ¿cuándo ellas volverán a interesarse en nosotros?



Campo

Segmento de tierra sin uso, apenas explorada por animales mansos o por yuyos que alimentan al hombre, que alguien, por herencia o imposición monetaria, decidió alambrar y no permitir que ninguna otra persona use, por más que lo necesite.


Caos

Dios, Adán, Eva, y la teoría creacionista. El big bang. Las partículas elementales. La teoría de las cuerdas. El universo en la espalda de una tortuga. La materia negra. No hay duda que venimos del caos: ya desde el primer renglón es imposible ponernos de acuerdo.


Castellano

Idioma que auguran será el segundo más hablado en el planeta dentro de los próximos 10 años, algo llamativo ya que en la actualidad se utiliza apenas un 10 % de su totalidad, y de ese porcentaje, la mitad no se comprende


Ciencia

Invento del hombre que se volvió en contra del hombre, característica que comparte con otra ficción: la religión.


Ciudad

Lugar donde no hay alambrados y al que todos los expulsados del campo intentan llegar para ganar dinero y luego volver al campo, comprar un terreno y alambrar para que otros no puedan molestarlos.


Clase


En la antigüedad: año compartido por varones que realizaron el servicio militar.

En sociología: estrato de personas a quien uno no comprende y sin embargo se afirma que pertenece (Ver: clase media)

En la infancia: lugar donde uno no quiere estar



Clase Media

Según la definición de una banda de músicos locales, la clase media es un conjunto de ciudadanos que se caracterizan por poseer una estabilidad económica frágil y una mentalidad influenciada por un accionar tan inocente como intestinal. La banda que aporta esta definición se llama Metarquía, componen música de heavy metal y el estribillo de una de sus canciones dice “clase media, medio boluda, medio sorete”.



Corazón

Órgano al que los poetas le adjudican una diversidad de sentimientos inquietantes y al que los médicos intentan curar de sus desencantos por medio de stents o by pass.



Concierto

Como músicos eran mediocres. Como compositores, limitados. Eran, ante todo, bromistas. Por eso el bajista electrificó las teclas del órgano, el baterista le cortó las uñas al guitarrista mientras dormía y el guitarrista, en venganza, metió un gato dormido en uno de los tambores de la batería. El recital fue un éxito. El tecladista nunca puso tanta energía en la interpretación como esa noche, el guitarrista, por primera vez en la historia, tocó la guitarra con los dientes durante 2 horas y media, y durante todo ese tiempo, el baterista no perdió ni una sola vez el ritmo.



Coño

Nombre con el que cientos de adolescentes (y no tanto) conocen al aparato reproductor femenino gracias a las traducciones españolas de todas las novelas y cuentos de Charles Buckowski.



Cuidado

Maneje con cuidado. Use cinturón de seguridad. Aféitese una vez al día. Depílese dos veces al mes. Sea buen padre. Sea buena madre. Sea cuidadoso. Como amante sea precavido. Tenga cuidado. Lleve siempre una vida ordenada y cuando le toque su turno, muérase. Pero por favor, muérase con dignidad y tenga mucho cuidado de no molestar a nadie con su insignificante agonía.


Culminación

De Adán y Eva hasta el Apocalipsis. De un big bang a otro. De las partículas elementales a la expansión constante del universo. Del universo apoyado en la espalda de una tortuga al síndrome de fatiga crónica. Aún no podemos acordar cómo será el final. Aunque nuestra desavenencia, al punto final de la historia lo tiene sin cuidado.


D


Descaderar:

Acción mediante la cual se impacta una pelota de fútbol sobre el costado de una mujer mayor y se la hace caer al piso, causándole una fractura de cadera. La acción sucede, por lo general, en las rampas de cemento a lo largo de las playas en el barrio “La perla” y los causantes del infortunio, niños o adolescentes sin habilidad que juegan al fútbol en un espacio reducido, se dan a la fuga de inmediato, riéndose y sin saber que la mitad de esas mujeres morirán en el transcurso del próximo año.



Desconocidos:

Extrañas personas que están esperando en las puertas de los edificios cuando uno vuelve de hacer compras o de trabajar y que nos piden permiso para entrar alegando ser familiares de alguien que vive en el lugar y que quieren evitar que dicho familiar interrumpa su descanso para bajar a recibirlos. Una particularidad constante de estas extrañas personas, es que, aunque en una primera instancia se muestran cordiales y respetuosos, luego se enfurecen y cambian de humor cuando uno les niega el paso al interior del edificio.



Destino:


Palabra que los seres humanos utilizan cuando no encuentran una respuesta racional a un dilema o acontecimiento. Es algo que no existe, salvo para los viajeros cuando concurren a las agencias de turismo para organizar sus vacaciones a playas paradisíacas en países paradójicamente pobres.




Dios:


Los extraterrestres nos llevaron a sus hogares, circulares y sin gravedad, y nos preguntaron acerca del viaje. Sólo cuando quisieron saber cómo es el paraíso, comprendimos que nos consideraban Dioses. El capitán, mi hermano y yo estuvimos de acuerdo en aprovechar el error. Mentimos y exigimos. Dimos órdenes. Creamos reglas absurdas. Hasta que, unas cuantas horas después el capitán, cansado, pidió de comer. Lo mataron de inmediato. Los Dioses no comen, dijo uno de los extraterrestres. Mi hermano y yo entendimos que no podríamos comer delante de ellos si queríamos vivir. Yo tenía una píldora en el traje, pero entendí que mi hermano no. A la noche, luego de una fiesta, mi hermano trató de quitarme la píldora. Yo no lo maté. Ellos lo hicieron. El día siguiente me tragué la píldora. A los cuatro días les rogué. Tenía hambre. A los seis creí morir y a los once entendí que ya no necesitaba comer. Ya no necesitaba nada. Me había convertido en lo que ellos querían que fuera.




Doble:


Hace meses que descubrí a mi doble. No nos parecemos. En lo más mínimo. Ni siquiera en el color del pelo. Pero es mi doble. A donde voy lo encuentro. O él me está esperando o llega después. Nunca hablamos. Y los dos tratamos de no mirarnos. Si estamos en un bar, nunca estamos solos. Estamos con un grupo de amigos y es como si nuestros acompañantes fueran dobles entre sí. Como si el mundo fuera un mundo de espejos donde las figuras reflejadas difirieren para que nadie pudiera reconocerse. Descubrí la existencia de mi doble el mismo día que él descubrió la mía. Sólo resta saber si él y yo moriremos el mismo día, a la misma hora, o si alguno de los dos podrá vivir unos instantes sin el otro. Si podrá, al fin, estar solo.



Duda:
Un zombi bien alimentado ¿cuánto tiempo puede vivir?




E


E-book:

Una publicidad muestra que el ser humano primero escribió sobre la piedra. De la piedra pasó al papiro. El papiro se alisó y se convirtió en un libro. El libro se reprodujo a sí mismo después de la imprenta, y hoy, culmina la publicidad, el libro digital reemplazará al papel encuadernado. Además se avisa que se le regalará al usuario 600 libros digitales con la compra del aparato. Y ahí es donde los defensores del avance de la tecnología, donde los que celebran los cambios en la comunicación, deberían preocuparse. Suponiendo que, en el mejor de los casos, 400 de esos 600 libros fueran excelentes. ¿Qué sentido tendría comprar algo más? Actualmente se editan un número de libros mensualmente que es casi imposible de leer. Y eso con todas las limitaciones que imponen las ediciones en papel: el costo del papel, el operativo de diseño, de impresión, de distribución, de ventas. Con todas esas limitantes atenuadas, ¿cuántos libros nuevos saldrían a la venta digital? ¿Cincuenta? ¿Cien? Pasó con la música. Hoy se puede descargar toda la discografía de una banda en menos de un día poniendo en el buscador de google el título de la banda asociada con la palabra “download”. Y cuando uno dice toda la discografía puede llegar a hablar de más de 10 años carrera, trayectoria, discos de estudios y recitales. Y, lo más probable, es que el oyente nunca logre escuchar todos los temas. Y eso que cuando hablamos de canciones hablamos de historias que ocupan un promedio de 4 minutos, no de literatura rusa. Por esta sencilla lógica matemática ya no habrá que preocuparse en cuidar a los escritores. Abundarán desde su soberbia. Tampoco habrá que pensar en los libros. Su forma de conservación solo dependerá de la eternidad energética. La verdadera especie en extinción serán los lectores, paralizados con tanto por leer y tan poco tiempo disponible.



Epagómenos:


Se ha escrito que una vez al año cuando se suceden los 5 días que sobran del calendario egipcio, los epagómenos, las 5 estrellas muertas más cercanas a la tierra, todas ellas bañadas en oro, se precipitan sobre la tierra. Una a una, y en cada noche sucesiva, caen sobre un mundo que prácticamente las desconoce. Se ha escrito que Amenemhat, quien construyó un laberinto a orillas del lago Moerius, fue el único que logró poseer una. Se ha escrito que encontró apenas el polvo de ellas, y que el polvo se había esparcido sobre la tierra dibujando la forma de lo que Amenemhat creyó era el laberinto que más tarde mandó edificar. Se ha escrito, también, que otros hombres han visto el polvo de las estrellas sin saber qué es. Se ha escrito que el día que Alarico saqueó Roma, el polvo de una estrella cayó sobre todas las iglesias cristianas y eso las salvó de la destrucción. Se ha escrito que el mismo polvo tocó los párpados del árabe Humanin ibn Ishak y lo dejó ciego justo cuando terminó de escribir el Libro de los diez tratados sobre el ojo. Se escribe que aún hoy, cuando los epagómenos comienzan, el polvo de las estrellas cae sobre la tierra. Pero poca gente sabe de su existencia, y de los pocos que saben, ninguno logra entender dónde ni cómo caen. Algunos han escrito que en realidad las estrellas no se dejan encontrar. Que caen en el mar, o se esparcen por las azoteas vacías de los grandes edificios, hasta desaparecer. Otros, aún hoy, esperamos esta noche, la noche del primer día de los epagómenos, y salimos a buscar, o nuestra efímera página en la historia de la humanidad, o el seguro olvido de los siglos por venir.



Escenas:


No estaban escritas en el guión, ni siquiera en la novela en que se habían basado, pero el director, obsesionado por las tetas de la actriz principal, insistía en filmar más y más escenas eróticas. Así, una conversación en el living entre la actriz y el marido en la ficción se convirtió en un dialogo mientras ella se bañaba, saliendo desnuda de la ducha y quedándose quieta durante siete segundos en una escena de cuerpo entero y cámara abierta. La película, por un capricho, una obsesión, fue cambiada. En otra escena que transcurría en una peluquería en la cual la dueña del local solo debía confesar una infidelidad del marido de la actriz principal se agregó una toma en la cual una esculpidora de uñas dejó caer esmalte sobre la camisa de la actriz principal y las dos terminaron encerradas en el baño, desnudas, mostrándose las tetas y comparando su consistencia y suavidad, envidiosas la una de la otra. Más adelante, una persecución en auto que debía concluir en la fuga de la actriz, terminó en un accidente en el cual los paramédicos debieron romperle el pulóver y liberar las tetas de la prisión de la ropa para poder reanimar con éxito a la moribunda, masajeando las tetas aún después de que la accidentada reaccionara. También se modificó el final, esto a último momento y a sugerencia de la propia actriz, quien ya compartía decisiones junto al director. La película termina con un desnudo memorable en el cual la mujer corre hacia el mar y desaparece entre las olas, cuando en realidad el guión establecía que se debía quitar la vida, vestida, dejándose caer en las vías de un tren por llegar.
La película ya no se parecía al guión original ni al texto, pero estaba terminada, para alegría de todos. Festejaron y bebieron hasta la madrugada, como suele hacerse en esos casos, y en un momento un técnico en iluminación propuso brindar por las tetas de la actriz. El drama hubiese terminado de otro modo si el propio director no hubiese levantado su copa y aceptado el brindis. Claro está que a la mañana siguiente, aún con los bríos del alcohol, el técnico fue despedido.
La posproducción fue intensa hasta que por fin llegó el día del estreno. Todos asistieron con sus mejores galas a la sala principal del complejo multicines y, sin necesidad de que el director se lo pidiera, la actriz concurrió a la función con su mejor escote, lo cual fue un anticipo de lo que sucedería después. A pesar de la ovación recibida la noche del estreno la película fue rápidamente censurada: madres de familia y asociaciones religiosas se encargaron de prohibirla. Las agrupaciones cristianas se encargaron de que no se la proyectara en ninguna sala del país. Pero, como suele suceder con la censura, la curiosidad pudo más que la prohibición y la fama de la película se extendió con rapidez. Pronto se la consideró una película de culto, valiente y legítima, innovadora y libertaria, rara y quimérica, y su éxito hizo que su distribución por el pirateo de Internet fuera incontenible. Mientras tanto el director, desengañado por el desplante de la actriz, a causa de la creciente fama de sus tetas, solo una vez habló de la película: en su propio blog el director escribió unas pocas palabras calificándola como un bodrio plagado de escenas de sexo innecesarias.


Escritores:


Era un genio. Todo lo que escribía era excelente, hasta los mensajes que dejaba en las paredes de los baños en los bares donde disertaba. Adorado por la crítica. Odiado por sus colegas. Lo invitaron a escribir un diccionario. Gratis. Gratis ni loco, dijo, sentando en el inodoro.


Espejos:


La realidad demuestra que los espejos no hablan. Que no ocultan universos. Que no son la puerta de entrada a ninguna parte. Y que no esconden monstruos que salen durante la noche para atemorizar a los durmientes. No hay nada excepcional en ellos. Lo único digno de mención, mágico, si se quiere decir, es que tienen la particularidad de envejecer a quién se atreva a mirarse en ellos. Basta hacer la prueba. Mirarse un día. Ese mismo día más tarde. Al día siguiente. Al mes. Al año. Si no existieran los espejos, probablemente el ser humano no envejecería. Y si lo hiciera, al menos no le importaría tanto.


Estertor:



No es la primera vez que escucho susurros en la boca de un moribundo internado en la sala de terapia intensiva. Todos los médicos internistas sabemos que se pueden escuchar palabras reveladoras cuando los cuerpos entran en las instancias finales. Cuando los párpados se agitan, los ojos se ponen en blanco, y los labios se tornan azules, los moribundos tienen dos o tres estertores y después mueren. Lo qué dicen en esos estertores es claro. Tan claro que asusta. Lo voy a transcribir a continuación. Todos creen que entender las palabras ocultas en los estertores prolonga la vida. Espero que estén preparados. Espero que puedan entenderlo:


Eternidad:

La historia de la humanidad es la historia de la lucha contra la vejez. La inmortalidad ha sido nuestro sueño más preciado. Inmortalidad para esta vida, para la otra; cualquier tipo de inmortalidad: escrita, sonora, en monumentos, en heroísmos. El hombre solo quiere ser recordado. Hace dos siglos, estuvo a punto de alcanzarse el sueño, pero en Belfast se despertó la pesadilla. Luego de ensayos randomizados y experimentación hasta fase 5 se puso a la venta la vacuna de la inmunidad. Ab aeternum. La vida se prologó hasta el límite natural de la capacidad celular: 163 años. Nadie moría antes, al menos por enfermedades. Accidentes y suicidios ocurren todos los días. Pero en Belfast se vio el primer efecto secundario. A los 79 años las personas se deprimían. Se pensó que era un efecto de baja incidencia, pero como en esas antiguas películas de zombis, la peste se esparció por el mundo. La vacunación masiva se detuvo, pero el daño aún no se ha revertido. Las personas al cumplir 79 años inevitablemente se deprimen. Todos se suicidan; algunos con métodos cruentos, otros sólo dejan de alimentarse, de moverse y de hablar. Actualmente hay una esperanza: en Arabia se difundió el caso de un hombre -el primero en dos siglos- que cumplió 80 años y aún es feliz. Se cree que es por el arroz que consume. Pero no se sabe nada más.


Eutanasia:


-¿Cuánto tomás de clonazepám? ¿1 miligramo?


-¿Estás loca? Con eso dormís a un elefante. Yo, la pastilla de 1 miligramo, la parto al medio y tomo la mitad. Eso me da una tranquilidad y una paz que ni te cuento.




Extinción:


En el mundo, gracias al capitalismo industrial, se producen cada vez más y más autos y hay menos combustible para movilizarlos. En el mundo, y gracias a la revolución de la tecnología, se producen más electrodomésticos y aires acondicionados aunque cada vez hay menos energía eléctrica. En el mundo, gracias a las redes sociales instaladas por la era de la computación, aparecen miles de nuevos escritores (es decir, hay más y más gente escribiendo al mismo tiempo) y cada día hay menos lectores. Lo bueno es que estamos dispuestos a disfrutar del buen momento. Nos encanta quemar nafta y calefaccionar nuestras casas, nos encantan los sillones mullidos donde descansar rodeados de parlantes, LCD 3D y descargas inmediatas, nos encanta ver como cagan a palos a los forros pacifistas que pretenden salvar unas focas de mierda que son el orgullo de una comunidad aborigen de 23 habitantes. Disfrutemos el momento, como hicieron los dinosaurios antes del frío.

Exorcismos:


La modernidad festeja el descubrimiento de América hace más de 500 años sin que sepa por qué se festeja algo que no se descubrió, sino que siempre estuvo ahí. Lo mismo pasa con el rito del exorcismo. Tiene una antigüedad indefinida. Y un éxito variable. Con mejor o peor suerte se pone de moda y capta la atención de la humanidad de un modo tan cautivante como perturbador. A quienes les tocó nacer en la Edad Media el auge del exorcismo los llenó de temor, arrastrados de sus casas fueron juzgados y condenados a muerte si no lograban pasar las ridiculeces de las reglas del Tratado de brujas. A los que nacieron después de que el hombre supuestamente pisó la Luna el temor de los exorcismos los conmovió desde la comodidad de las pantallas de los cines y televisores. Hoy, a pesar de intentos constantes, el rito del exorcismo parece pasado de moda. Y no por falta de Fe ni las ausencias de Dios o el Diablo. Parece pasado de moda porque se sustenta en la oralidad. El recurso de pronunciar palabras escritas para que tengan fuerza parece no llevarse bien con la tecnología actual. Cuando los libros eran escasos, caros y de unos pocos, la leyenda de encontrar un libro cuyas palabras al pronunciarlas tuvieran un poder absoluto movilizaba la imaginación tanto como a los aventureros. Pero hoy, en un mundo plagado de oradores, de opinólogos, de palabras para llegar espacio, ese concepto de oralidad está poco menos que obsoleto. ¿Quién puede considerar útiles unas palabras dichas al viento que nadie puede retener, ni siquiera el exorcizado?


Experimentos:



Escribe Abelardo Castillo en su cuento publicado en el número 2 de la revista Orsai: “Ciertos experimentos no difieren mucho del borrador de un poema o un drama. Un cobayo o un perro muertos, y en ciertos casos hasta un hombre muerto, son como esas páginas que ustedes tiran al canasto, en las que, sin embargo, está el germen de la obra terminada”


Extraterrestres:


No entendíamos ni media palabra de lo que decían los extraterrestres, pero enseguida nos dimos cuenta de que eran todos trolos. En apariencia iguales a nosotros, cuando hablaron no nos quedaron dudas: eran putazos más que trolos. Un obispo, o un cardenal, sugirió llevarlos a una isla, hasta decir que hacer con ellos. Por alguna razón, nadie dudó en hacerle caso. Al día siguiente se completó la invasión. Cientos de mujeres bajaron de las naves espaciales. Todas ellas eran sensuales y femeninas. Con delicadeza nos preguntaron dónde estaban sus maridos. Les dijimos que en una isla. Y les dijimos dónde quedaba la isla. Ellas bajaron a sus hijos de las naves y los llevaron a la isla, para que los maridos los cuidaran. Al regresar de la isla se dedicaron a esclavizarnos, a someter nuestro intelecto a una vida de dominación y vergüenza. Y no sólo en el orden sexual, aclaro.


F:

Fastidio:


Adán experimentaba consigo mismo. Eva lo miraba mientras comía y tenía una sensación extraña. Tenía un mundo por definir, y la sensación que experimentaba se confundía entre la admiración y el hastío. Pero no tenía un nombre para ese sentimiento. De pronto Adán dio un grito. Primero se había pinchado en el brazo y tras brotar la sangre se había vendado. Ahora se había pinchado el cuello, un poco por encima de la unión de las clavículas y no podía hablar porque el aire escapaba de ese agujero. Eva se paró, y para evitar que su hombre se desinflara, le inscrustó lo que tenía en la mano. Una nuez. Antes de introducir la nuez, ya había encontrado la palabra para expresar ese nuevo sentimiento.



Faraute:


Mi madre no está, le digo al hombre. El hombre me pregunta cuántos años tengo. Qué le importa, debería contestarle, pero en cambio le miento que tengo dieciséis. Dos más no son tantos. Parecés más grande, me dice el hombre y se acomoda los anteojos de sol. Claro que parezco más grande. Y enseguida me pregunta si sé a cuánto mi madre vende la casa. Que yo sepa la casa no está en venta. ¿Cómo que no la vende?, me dice el hombre. Debería venderla. ¿Por qué?, pregunto. Me dice que su empresa (así me entero que es dueño de una empresa) compró la casa de al lado y necesita más espacio para su proyecto. Le pregunto cuál es el proyecto y se ríe. Me dice que va a volver a pasar. Que le pregunte a mi madre cuánto pide por la casa. Cuando le cuento a mi madre ella llora. Se prepara un té en la cocina y llora. P ensé que mi madre iba a retarme por atender a un desconocido, pero está demasiado nerviosa para preocuparse por mi error.

Farsa:

Tenía que besarla delante de cámara. La besó sin problemas. Pero cuando se abrazaron el sintió las tetas firmes de su ex contra su pecho y pensó que todo era una farsa. Pero siguió adelante según lo pautado en el contrato. Después del programa tenía que sacarla del canal, llevarla a cenar, delante de todos los paparazzi y después irse juntos a su casa. Con ese sencillo procedimiento al día siguiente todos los programas hablarían de la reconciliación y ambos volverían a estar presentes por unos días en todos los medios de comunicación.
En algún momento, entre la cena y la casa, fue al baño del restaurante y se metió dos pastillas de viagra en la boca. Las tragó sin tomar agua. Se lavó la cara, más tranquilo, y terminó de cenar en paz.
Ya en la casa, se excusó para ir al baño y trató de pensar en otras mujeres que le dieran la erección capaz de concretar la reconciliación con su ex mujer que había empezado frente a las cámaras de televisión y que terminaría en la intimidad de su habitación. Trató de pensar en las películas pornográficas que había visto el último mes en soledad, pero se descubrió pensando en tetas artificiales. En los pechos de plástico firmes y duros. Irreales, de tan perfectos. Los cuerpos desnudos se transformaron en globos. Y los globos de silicona reventaron contra el techo. Imaginó un cielo eternamente nublado por nubes de siliconas que goteaban de vez en cuando un poco de vaselina. No pudo salir del baño. Ella le gritó a través de la puerta del baño. Él no se animó a contestarle. Veía como las tetas de plástico se reventaban una tras otra y una y otra vez contra el techo. Iguales a las que él le había regalado a su ex mujer poco antes de la pelea que los había separado.


Fatalidad:
Encontrar las palabras justas para contar una historia como debe ser contada.

Felicidad:

Estado ideal del ser humano. Mentira inventada por el Estado. Ideal que ningún ser humano ha conocido. Mentira del ser humano en su ambición por alcanzar un estado ideal. Ideal inventado por el primer ser humano que se dio cuenta del peso de la mentira de su estado. Idea: ser humano sin estado ni mentira. En medicina: Línea plana en el electroencefalograma.

Feria:

La feria no es tal cosa, es un mercado de pulgas. Yo vivo enfrente. Por eso puedo decir que a la feria no le va bien. En La Capital tendría mucho más éxito. Eso dicen los puesteros. Por el turismo extranjero. A los extranjeros les encanta comprar cualquier cosa. Acá no tiene tanto éxito, y eso que esta ciudad en verano se llena de turistas. Por la playa. Pero ahora no es verano. Es primavera, y hace frío. Yo debo ser un poco extranjero, porque me encantan las antigüedades. Sobre todo me gustan los sifones de soda. Para el que no sabe, la soda era agua con burbujas, y sifón se llamaba a los envases que contenían esa agua, sin dejar escapar las burbujas. La feria abre los fines de semana solamente. Siempre y cuando no llueva. Si llueve no puede abrir. Porque los puestos están en la plaza, al aire libre. Y si llueve se mojan las cosas. A veces abren igual los días de tormenta. Es que los puesteros viven de esas ventas de fin de semana. Una vez, que se largó a llover, corrí para ayudarle al librero. Lo ayudé a guardar sus libros en las maletas que los carga. Cuando terminamos me pagó con monedas. Desde entonces, a él y a dos señoras muy viejas, les ayudó a guardar y cargar sus cosas. Todos me pagan con monedas. Y aunque a veces no me pagan, no importa. Yo no vivo de esas monedas, como ellos. Yo las junto para comprarme un sifón que me gusta mucho. Se necesita 70 monedas para comprar ese sifón. Y con las 6 de hoy por fin llegué. Fui al puesto a comprarlo. Pero el hombre que atiende, que nunca me deja que lo ayude, me dijo que el precio del sifón aumentó. Ahora necesito 90 monedas. Voy a tener que seguir ayudando a esta gente para poder juntar todas esas monedas.


Fórmula:


No hay fórmulas para alcanzar la fama en la literatura. O hay una sola, pero todos tratan de evitarla. Hace poco leí que un poeta organizó una red de asaltantes de librerías para vivir de la reventa. No funcionó. Por mi parte, después de dos novelas publicadas con escasa trascendencia (nula, por más que ser modesto pese) tuve que intentar la única fórmula de triunfo: el reconocimiento post-morten. Y para tal suerte tuve que valerme de mi padre, un octogenario analfabeto próximo a su muerte por una dolencia con apellido célebre, enfermedad de Paget. Está comprobado, la mayoría de los autores, como los pintores, triunfan sólo después de muertos. La mención del actual Bolaño en una constelación de ilustres, es más que suficiente. Por tanto, elegí la mejor de mis novelas y la hice circular como la obra de un anciano renegado que mantuvo oculto su talento por pudor y por principios. Lo cierto es que mi padre en su puta vida leyó un libro, y la palabra poesía la relaciona, irremediablemente, con la homosexualidad. Ese es mi padre. Ese es el mito que una editorial famosa compró y creó. La novela fue un éxito de ventas. Y al ser escrita por un anciano también fue bien recibida por la crítica especializada. La adaptación al cine mi padre no la pudo ver, a causa de su ceguera progresiva. Y su última novela me la dictó porque ya no tiene fuerzas para escribir. Cuando muera, le confesé al editor, tengo más de 20 obras, contando novelas, cuentos y poesías. La editorial se siente encantada y por mi parte estoy logrando lo que siempre quise. A todo esto, mi padre también es feliz: se está muriendo, no sin antes regalarme un último favor.


Foto:


Zapatos, un pianista y un viaje largo. Un hombre sentado en la vereda abraza a un cono de que delimita el espacio donde se trabaja en la construcción de un imponente edificio. Una chica con un gorro rojo y sucio, enferma de tos y mocos, tira su última servilleta de papel al cordón de la vereda. Una mujer saca la foto de un parque marrón bajo la lluvia, se ven huellas de chicos que corrieron en el barro, pero los chicos ya no están. El hombre sentado en la vereda no es pianista, alguna vez, en su infancia, quiso serlo, pero ahora ni lo recuerda. La chica enferma quisiera ir a comprarse unos zapatos, porque está deprimida, pero no puede ir, porque está enferma y no tiene más papel para sus mocos, además llueve y si no llega a su casa rápido no podrá tomar su antibiótico de las 6 de la tarde. La mujer saca fotos antes de empezar un viaje que no sabe cuánto durará, saca la foto porque el parque está a punto de desaparecer para dar paso al edificio. Ella sí sabe tocar el piano, ella sí puede comprarse unos zapatos, pero no tiene ganas, no al menos ahora, ahora prefiere sacar la foto.

Fracaso:

Cuando lo tradicional no funciona hay que recurrir a medidas alternativas. Cuando las convenciones literarias fallan hay que intentar la renovación. Cuando la medicina occidental falla hay que invocar a los recuerdos chamánicos despreciados por la modernidad. Cuando el amor se termina ya no hay nada que hacer.

Fuego:


Recurso narrativo para justificar tragedias familiares


Furor:


Necesito descargar toda discografía de John Coltrane. Necesito descargarla ahora, sentarme en un sillón y escucharla toda la noche. Escribo John Coltrane en el buscador. Escribo Taringa en el buscador. 17 discos. No sé si es toda la bibliografía, pero es bastante. Algunos links están caídos. Copio los nombres de esos links para buscarlos en otra página. Podría preso por esto. Debería ir preso por esto. Los discos se bajan uno por vez. Mientras espero encuentro un disco acústico de Zwan. Zwan fue un proyecto breve que fundó Corgan una de las tantas veces que disolvió Smashing Pumpkins. Lo descargo. En la misma página hay un link para descargar toda la discografía de Trespassers William. Lo bajo. Ya no sé que escuchar primero. Ya no tengo ganas de sentarme en el sillón toda la noche. Hay más. Mucho más. Sigo descargando. Me duele el cuello. Me duele el brazo de apretar el Mouse. El reproductor de música se detiene. No me doy cuenta. Los parlantes emiten un zumbido. Es el silencioso corazón artificial de una computadora que busca con avidez música ajena.



G


Gato:


Dice la RAE: Género de mamíferos carnívoros entre cuyas numerosas especies hay una sola doméstica.


Griega:

Dícese de una civilización que conoció su esplendor durante el tiempo en que el sol giró alrededor de la tierra. Después, cuando el sol dejó de girar alrededor de la tierra, comenzó su ocaso. Sin embargo, esos pocos siglos le bastaron a dicha civilización para escribirlo absolutamente todo. Desde entonces los hombres venideros se preocupan en reinventar, actualizar y refutar todo aquello que los griegos inventaron. Sin suerte, claro.

Griego:

Stand que en la feria de las colectividades tiene más atracción y número de ventas que cualquier otro gracias a que sus dueños le cambiaron el nombre a una carne común y corriente que se sirve con tomate, lechuga y cebolla, envuelta en un pan ligeramente cocido.

Gripe:

Este es un país pequeño, aunque no lo parezca. Y subdesarrollado, aunque no lo aceptemos. Por eso, cuando todo empezó, la mayoría de nosotros estábamos en nuestras casas, frente al televisor. El Gobierno dio el anuncio por la noche, en la franja que en televisión se conoce como “horario central”. El Ministro de Salud dijo que seguía las órdenes dadas por la Organización Mundial de la Salud. Al día siguiente nadie fue a trabajar. Algunos, protegidos con barbijos, guantes de látex y botellas de alcohol en gel, fueron a los mercados. Las góndolas se vaciaron en poco tiempo. Mientras tanto, todos esperábamos la llegada de esa primera noche para conocer la cifra de muertos. No hubo ninguna información. Y el silencio, lejos de tranquilizarnos, alentó la paranoia. Desde nuestro departamento podíamos ver una clínica. Casi nadie se animaba a concurrir a la guardia. Los que lo hacían, eran dejados en la calle por sus propios familiares. Dentro de la clínica veíamos a las administrativas, enfermeros y médicos, discutir. Si el paciente en la calle tosía, no lo aceptaban. Si después de un rato, lo veían bien, sólo entonces abrían la puerta. La segunda noche se reportaron los primeros muertos. Pero no fue por la enfermedad, fue por causas que los expertos admitieron como esperables y llamaron “efectos colaterales”. Linchamientos, agresiones entre vecinos, asalto a almacenes de barrio, oportunistas muertos por el gas venenoso que se ha instalado en los bancos después del último y violento asalto. La quinta noche, algunos empezamos a desconfiar. ¿Dónde estaban los muertos augurados? ¿Dónde se amontonaban los cadáveres apilados que la enfermedad iba a cobrarse? ¿Dónde ardían las piras de los infestados? ¿Dónde estaba el Gobierno? El séptimo día salimos a la calle. Con bronca. Fuimos a la Municipalidad. Y la prendimos fuego. Lo mismo pasó en la capital. Todo el Gobierno renunció y se llamó a nuevas elecciones. A la brevedad. Este cuento no debería tener moraleja, pero a los pocos días la Organización Mundial de la Salud emitió un comunicado diciendo que el mundo se había librado de la enfermedad, y pedía disculpas en los problemas que podría haber causado una alarma más que justificada.

Guaraná:



–Che, esto tiene gusto a mierda –dice Artemio.

–Callate –le pide Cristina.

–¿Para qué querés que me calle, si estos no entienden nada?

–Eso te parece a vos.

–Es la verdad. Si ellos no se interesan en entendernos, por qué tengo que decir que esta cosa...

–guaraná...

–...bueno... No sé qué te estaba diciendo. Sí. Esta cosa que se llama guaraná no tiene buen gusto.

–Tampoco tiene gusto a mierda, Artemio.

–Probala.

–Ya la probé.

–Ah. ¿Viste? Tengo razón entonces.

–No tenés razón, Artemio. Tenés 3 jugos más para tomar. Mirá todo lo que hay en la mesa.

–Sí. Enorme. Y todo me da cagadera.

–Artemio...

–¿Y qué querés?

–Que hablés más despacio.

–Para qué te preocupás, si estos no entienden nada.

–¿Te parece?

–Mirá: Che, mozo.

–Artemio no.

–Pará. Che, garzón, ¿me servís más de esto con gusto a mierda?

–Artemio...

–Mirá, Cristina. Mirá como me sonríe. ¿No te digo? Mirá, se va a la cocina y en un rato vuelve con la jarra llena de guaraná. Te lo digo, no entienden nada.

–¿Y no te pusiste a pensar, Artemio, que a lo mejor somos nosotros los que no entendemos? ¿No te pusiste a pensar que a lo mejor verdadera guaraná no tiene gusto a mierda? ¿No te pusiste a pensar que a lo mejor está guaraná tiene gusto a mierda porque precisamente le ponen mierda para vos?

–Callate Cristina que hay viene el mozo.

–¿No te pusiste a pensar que te sonríen porque te están tomando el pelo todo el tiempo?

–Callate... Hola, que tal. Mirá, gracias, pero ya no quiere que me sirvás guaraná.

–Guaraná, sí –le dice el mozo y le llena el vaso–. Que disfrutes –y se va sonriendo.



Guerra:

Forma de confrontación armada entre bandos antagónicos dispuesta por una entidad suprema, llámese Estado, Gobierno o Religión para evitar la superpoblación mundial. Actualmente, ante su alto costo y gracias a la mala fama de las contiendas bélicas, este fin se busca alcanzar mediante la vieja práctica de esparcir enfermedades pestilentes. Por suerte para la industria bélica, la peste no suele ser tan controlable (salvo en las películas que se filman con beneplácito de la OMS) como la guerra, por lo cual en breve, en cualquier lugar del mundo, un nuevo enfrentamiento bélico volverá a darle el control a los gobiernos y las religiones sobre el crecimiento poblacional.

Gusano:

Un silencio inigualable se inicia cuando el primero entra en busca de alimento. Esperar que salga y diga que está todo bien suele angustiarnos. Y a la vez, esa espera nos llena de regocijo. Somos seres contradictorios. Somos gusanos de tierra, también. Y nos alimentamos de gigantes muertos encerrados en cajas de madera, que otros gigantes entierran entre lágrimas y preguntas sin respuestas.


H


Hacinamiento:

Los muertos no se pudren bajo tierra. Eso era antes, antes de la contaminación. Ahora se conservan intactos. ¿Será por los químicos en el agua? ¿O será que la tierra ya no puede seguir reciclando cuerpos? Sea como sea, hoy todos se dieron cuenta. Hoy todos deberían pedirme perdón. Pero nadie vino a casa. Ni uno solo. ¿Dónde se metieron los vivos hoy? ¿Dónde se escondieron los que se burlaban de mis teorías? Porque hoy es mi día. El día que mi teléfono no ha dejado de sonar. Que mi facebook, mi blog y mi twitter se abarrotaron de mensajes. Hoy los muertos están saliendo debajo de la tierra. Brotan en el césped de los cementerios. Pero no es como en las películas de zombis. No. Los muertos están bien muertos. El problema es la cantidad de ellos. Cientos de miles de millones. Muertos en guerras, de enfermedades, de viejos. La tierra ya no puede contenerlo. ¿Quién está del otro lado de la tierra? ¿Los chinos? ¿Los australianos? Hay que decirles que dejen de enterrar. Hay que decirle que sus muertos, del otro lado del mundo, están haciendo presión y desenterrando a nuestros muertos. Lo peor de todo es, que contradiciendo a la extensa historia de la humanidad, el problema no lo resolveremos con una guerra.




Herencia:


En la intersección de la calle Rivadavia con la calle Corrientes, donde siempre a las parejas les preguntan si les pueden hacer 5 preguntas cortas sobre la ciudad de Mar del Plata, un hombre lleno de tatuajes y aros en la cara, me entregó esta breve encuesta anónima:


Seleccione una y sola una de las siguientes opciones que le gustaría se validara en el transcurso de la próxima semana:

1) Heredará de una abuela su longevidad y próspera vida

2) Heredará de un tío su auto extranjero del año 1939

3) Heredará de su padre su enorme cuenta bancaria

4) Heredará de un amigo su bodega

Se la entregué y el hombre de los aros y tatuajes, sin mirar qué había elegido me dio otra hoja. Para que la leyera en mi casa, dijo, y me la dio. A continuación la transcribo:

Si eligió la opción número 1 será un pobre paria idealista, tan infeliz ante la adversidad como inmune a las gripes. Morirá por agotamiento, con los ojos y el cuero del cuerpo gastado de tanto usarlo, pero morirá solo, sin sus seres queridos, quienes lo despreciaran por pobre y, por sobre todas las cosas, por beodo, aguafiestas y ostentoso parlanchín de una salud de hierro.

Si eligió la opción 2 sepa que el auto tardará una semana en tener un desperfecto que le obligará a buscar repuestos que ya no existen y por tanto a comprarlos e importarlos desde un país europeo donde contraerá una extraña enfermedad, que, por su débil salud, lo mantendrá postrado hasta el día de su muerte. Por supuesto que será llevado de la funeraria al cementerio en su auto importado recién arreglado.

Si eligió la opción 3 sepa que la fortuna y el dinero de nada le servirán, porque al salir del banco será atropellado por un anciano que maneja un hermoso auto de colección

Si eligió la última opción será feliz, tendrá una considerable fortuna que hará con su propio esfuerzo, comprará un hermoso auto que todos envidiaran, viajará, tendrá hijos y todo lo que desea, salvo que siempre, pero siempre, se acordará de ese amigo con el que quisiera brindar cada vez que se siente feliz.


Hermeneuta:

Los mensajes de texto son cada vez más difíciles de interpretar. Los recortes de palabras dependen ya no de cada grupo de pertenencia, sino exclusivamente de los 2 interlocutores. Lo mismo sucede con las palabras en facebook. En twitter. Con los comentarios a las notas de los diarios on-line. Cada lector es un hermeneuta y el único recurso con que cuenta es la expresión oral. La deformación de las palabras y los signos nos obliga a leer en voz alta. Como en épocas ancestrales, la palabra solo tiene sentido desde la voz.


Hipopotamono:

Según Julieta, mi sobrina de 3 años: última atrocidad de la experimentación genética


Hipotermia:


Situación de baja temperatura corporal que puede conducir a la muerte. Esta situación puede devenir en soldados atrincherados, turistas que exceden el tiempo de estancia en el mar Atlántico en la costa Argentina. En Entre Ríos, Uruguay y diversas provincias del litoral: situación catastrófica que sobreviene cuando se enfría el agua del mate.


Historia

del origen del universo: Dios, Adán, Eva, y la teoría creacionista. El big bang. Las partículas elementales. La teoría de las cuerdas. El universo en la espalda de una tortuga. La materia negra. No hay duda que venimos del caos: ya desde el primer renglón es imposible ponernos de acuerdo.

de toda la humanidad: Desde Adán y Eva, hasta el Apocalipsis. De un big bang a otro. De las partículas elementales a la expansión constante del universo. Del universo apoyado en la espalda de una tortuga al síndrome de fatiga crónica. Tampoco podemos acordar cómo será el final. Aunque nuestra desavenencia, al punto final de la historia, lo tiene sin cuidado.

del hombre común: Hay días que aún metiendo la cabeza debajo de las sábanas no se puede aliviar el peso de todo lo que uno elige ignorar, de todo lo que ha olvidado, de todo lo que debería saber y no se sabe. Esos días es mejor dormir un rato más, y dejar que la historia del mundo siga prescindiendo de nosotros.


Humor:


–Y te digo a ti, Pedro, que sobre esta piedra edificaré mi iglesia –dijo Jesús.


–Pará un poco, ¿me estás tomando el pelo? –se quejó Pedro por el juego de palabras: pedro y piedra eran lo mismo.


Jesús ya no pudo contener la risa.


I

Igual

El calor en el colectivo es insoportable. Viajo muy seguido, y siempre pasa lo mismo: en verano me congelo por el aire acondicionado y en invierno la calefacción es insoportable. Para colmo, como siempre, dan una película de hace 10 años que no se alcanza a ver con nitidez. Cierro los ojos. Espero dormir rápido. Entre sueños percibo que el micro se detuvo. Escucho que tratan de hacerlo arrancar, pero el motor no funciona. Puteo. Imagino que debemos estar a mitad de camino. No quiero moverme. Van a prender la luz en cualquier momento si el motor no tiene arreglo. Prenden la luz. Mi compañera de asiento se levanta. Al rato vuelve y me dice que va a venir un micro en una hora más o menos. No me puedo dormir. Ya no hace calor. Hace frío. La última media hora la espero al costado de la ruta. Soy el primero en dejar mi bolso en el otro micro y creo que soy el primero en dormir, también. Me despierta el ruido del motor ahogado. ¿Otra vez? Mi compañera de asiento está despierta en la oscuridad. ¿Otra vez?, me pregunta. No le contesto. Simulo dormir. Al rato prenden la luz. Miro el teléfono celular, no tiene señal. A la hora cambiamos de colectivo. Subo y esta vez no duermo. Mi compañera de asiento sí se duerme. Veo luces en la noche de la ruta. El colectivo se detiene. Parece que otro colectivo tuvo problemas. Bajo a ver qué pasa. Suben los pasajeros de ese otro colectivo y subo yo también. Me refugió en mi asiento. Me acomodo. Miro la película vieja. Ya la vi muchas veces. Me duermo. Despierto y el colectivo está quieto. Mi compañera de asiento me dice que van a mandar una unidad de reemplazo. Le digo que pasa algo raro. Bajamos. Le digo que corramos hacia un costado de la ruta. Ella se ríe y me dice que estoy loco. Insisto y ella deja de reírse. Viene el otro colectivo y subimos. Ni ella ni yo podemos dormir. Miramos la película vieja. Es la misma de siempre. En un momento la marcha se hace lenta y vemos luces más adelante. Hay un colectivo prendido fuego. Nos detenemos. Suben los otros pasajeros. Creo que sé cómo funciona, le digo a mi compañera de asiento. ¿Cómo funciona qué? Esto, lo que está pasando. ¿Y qué está pasando? Me harta y no le hablo más. Cierro los ojos, pero no puedo dormir. Al rato nos detenemos. Otra vez un accidente. Otra vez suben a nuestro colectivo. Es como si tuviera una capacidad ilimitada. ¿Cómo funciona?, me pregunta mi compañera cuando nos acomodamos otra vez. La película se enciende. Es así, le digo, si nos dormimos, el colectivo se queda; si no nos dormimos, paramos por otro accidente, y cada vez que nos detenemos, todo vuelve a empezar. Ella cierra los ojos. Llora. ¿Y qué podemos hacer?, me pregunta. No sé. Cuando el colectivo se detiene por otro accidente, bajamos con todos los demás y miramos a un micro que chocó contra un camión de ganado. Corramos, le digo al oído. ¿A dónde? A cualquier lado. Caminamos despacio, sin que nadie nos vea, y finalmente corremos. Llegamos a la oscuridad. Ella me busca con la mano y así seguimos, para no separarnos. Al poco tiempo de tropezar en un campo ciego, vemos luces más adelante. Es una ruta. Es un colectivo detenido. Abajo sólo está el chofer, que nos espera. Subimos. Empieza la misma película. Estoy cansada, dice ella y cierra los ojos. Paso por encima de ella. ¿A dónde vas?, me dice. A hablar con el chofer. ¿Y para qué? Vuelvo a mi asiento. Bostezo. Despierto y el micro está quieto. Espero que esté en la terminal. Ella me sacude. Están cambiando una rueda, me dice y me agarra la mano. Me levanta. Bajamos y corremos al costado del camino. Ella hace que nos tiremos en una zanja. Siento los pies húmedos. El colectivo no arranca. Los pasajeros bajan con linternas. Nos buscan. Ella me pide que nos quedemos quietos. Nos encuentran. Volvemos a subir. Me saco los zapatos húmedos. Me duermo. Los zapatos están secos. Ella me dice que habló con los choferes mientras yo dormía. Que ya estamos por llegar. Saco el teléfono celular. Sigue sin señal. El choque, frontal, nos arrastra hacia delante y luego nos devuelve a nuestros asientos rotos. Somos los únicos sobrevivientes. Una camioneta es la primera en llegar. Aprovechamos cuando el conductor se baja y le robamos la camioneta. Ella se ríe. Yo también. Por reír no veo el colectivo que nos choca de frente. Ella, que no tenía el cinturón, sale a través del vidrio. Yo quedo pegado al asiento. Bajo lentamente. Ella está viva. Me pide que la levante del piso. Veo que un auto se acerca. Hago lo mismo que con la camioneta. Robo el auto. Pero esta vez la abandono a ella también. A los pocos kilómetros el auto deja de funcionar. Me bajo. Espero. No tarda en llegar el colectivo. Subo. Ella está sentada en el asiento de siempre, pero hay un hombre al lado de ella. El hombre que manejaba el auto. Me siento, solo, en otro asiento. El micro se detiene en la terminal. Bajo. Retiro mi equipaje y camino hasta el taxi que me llevará a casa.


Iberia:

El grupo “Héroes del silencio”, extinta banda de rock español, dejó algunas frases propias y ajenas, que casi nadie recuerda, como por ejemplo: “el dolor es un ensayo de la muerte”


Ignorancia:

Alguno de los deslices ortográficos que cometen los profesionales de la salud. Ver también: Isopo.


Indígena:

Vivías donde se detenían o invocaban las lluvias con una simple palabra, donde, por respeto, se pulían los huesos de los ancestros, donde tallaban la piedra para hacerla agradable a la vista, donde desembarcaron los extraños, donde vinieron a matarte y por cauto preferiste callar y fuiste sumiso (te sometieron) y te vestiste desnudo y te educaste inculto y te bautizaste pagano para seguir obedeciendo no a dios sino al hombre y no al hombre sino al dios que éste refleja en su espada y cuando deberías haber gritado, se te enredaron las palabras, y tu lengua se inundó de veneno al sol de las batallas perdidas, a la luz de la luna que oculta el misterio de todas tus noches perdidas.

Inmortalidad:

El hombre busca la inmortalidad. Para esta vida, para la otra; cualquier tipo de inmortalidad: escrita, sonora; como sea, el hombre quiere ser recordado. Hace dos siglos, tras ensayos randomizados y experimentación fase 5 se conoció la vacuna Ab aeternum que prolongó la vida hasta el límite de la capacidad celular: 163 años. Nadie moría antes, al menos por enfermedades. Pero pronto se vio el primer efecto adverso. A los 109 años las personas se deprimían. Se trató de ocultar pero, como en las antiguas películas de zombis, la peste se esparció. La vacunación masiva se detuvo, pero el daño no. Las personas al cumplir 109 años se deprimen y suicidan; algunos con métodos cruentos, otros dejan de alimentarse. Hoy leí que un hombre cumplió 110 años y aún es feliz. Eso nos da esperanza. Se cree que es por el arroz que consume. Pero no se sabe nada más.


Intención:

Palabra sin ningún significado que usan las personas para justificarse cuando deberían haber hecho algo y no lo hicieron.


Intuición:

Segmento en que se divide el día. Hace algunos años, una secta de bioquímicos sostiene que el día ya no tiene 24 horas. Afirman que tiene alrededor de 21 horas, minutos más o menos. Los que sospechan esto no tienen ningún marco teórico que les permita poner en marcha un experimento con el que demostrar su hipótesis. Y mucho menos la capacidad de repetir dicho experimento. La prueba está en el cansancio, el hastío, el mecanicismo, el tedio, el aplastamiento que causa levantarse cada día a trabajar.


Isla:

Lugar que gracias a grandes escritores durante mucho tiempo se relacionó con piratas, naufragios y la imposibilidad de la raza humana. Actualmente, y por culpa de un grueso número de guionistas, cuando se menciona la palabra isla, no se puede dejar de asociarla con un avión partiéndose en pedazos y unos cuantos sobrevivientes, una serie de números que dan como suma el 108, un humo negro nunca explicado, y seis años perdidos en seis temporadas que dejaron más dudas que certezas. Por suerte, todo es relativo.

Inventario:

–¿Jugamos?

–Tu zapato izquierdo está en la puerta del baño y el derecho está dado vuelta a los pies de la cama, con los cordones atados –decís.

Este es tu juego, el inventario de la ropa es tu manera poética de saldar las deudas de la noche anterior. Algunas veces me pregunto si te fijás dónde cae la ropa. Desde la cama veo la punta del zapato izquierdo asomada en la puerta del baño; el otro pie no se ve pero más tarde se hará el inventario y se lo buscará al final de juego.

–Tu remera está en aquel rincón, sobre tu sandalia izquierda –digo y señalo.

–Tus medias están enredadas en el cubrecama –decís.

–Y tu corpiño también.

Cuando te encontré disfrutabas del hastío de los hombres, ¿qué ha cambiado que ahora puedo entrar en tu vida, en tu casa, y jugar este juego?.

–Tu camisa en el ropero.

–Tu pantalón debajo de la cama.

–Tu vergüenza en el baño.

–Tu virginidad en la memoria.

Seguimos. Ahora es momento de disfrutar. No de buscar respuestas. Después llegará el adiós. Nos vestiremos en silencio. Vos irás al baño. Y Te quejarás de los enredos en el pelo. Yo me pondré el zapato izquierdo, el de la puerta del baño, y después el derecho que está dado vuelta, junto a la cama, con los cordones atados.


Iguana:

En uno de los universos paralelos hay iguanas enormes. Grandes como los edificios más grandes. Torpes como pueden ser los animales que no saben manejar un cuerpo que creció sin freno. Tienen ojos que son como nuestra luna vista de lejos, lenguas tan largas como cualquier línea de subte y, por añadidura, sus colas puede ser como una línea ferroviaria que una todo un continente. Cuando tienen sed, se beben lagos en un parpadeo y cuando ponen sus huevos la tierra tiembla dos días seguidos por el impacto del huevo al caer. En ese mundo paralelo los seres humanos son mosquitos. Son pequeños, molestos, están por todas partes, zumban, chupan sangre y molestan a las pobre iguanas que de vez en cuando hacen justicia y se libran de su flagelo engulléndolos con sus lenguas.


Infiel:

Así llamaban al indio. Así, el hombre pulcro, de ropas caras, de perfumes extranjeros, de mirada perdida, de sueños de grandeza, llamaba al indio que vivía al borde de la frontera. No se tiene registro de cómo llamaban los indios al hombre pulcro. Así, no sé sabe como esos indios, esos hombres en cueros y abrigados en pieles que aún olían al animal muerto que protegías hasta la muerte de las lanzas, llamaban al hombre que vivía en un mundo paralelo tan distinto como sería para nosotros un universo reinado por iguanas gigantes.

J:


Jaque:

Mi padre era médico. Y también era ateo. Creía en el ajedrez, los amigos y la medicina, pero no creía en Dios. Yo rezaba siempre, aunque él era ateo. Y yo también creía en mi mamá. No sé si mi padre creía en ella. Por eso lo odiaba. Por eso y otras cosas odiaba sus revistas de medicina, sus libros de ajedrez y sus apuntes sobre pacientes y cirugías. Odiaba tanto sus 100 tableros de ajedrez como su guardapolvo blanco. Una noche se burló de mí cuando me escuchó rezando. Mamá me consoló, pero yo sentí que mi odio era incontenible. Por eso esperé toda la noche despierto hasta que, sin miedo de ser descubierto, caminé hasta su cuarto de tableros de ajedrez. Busqué el más pequeño que tenía, su favorito, y me comí todas las piezas. No es cierto que las comí, las tragué, una por una. Me dolió la garganta y me quedé afónico de inmediato, pero igual me las tragué. Traté de ser feliz, gracias a lo que creía una venganza, pero no pude. Me acosté con un fuerte dolor de panza y no pude dormir. A la hora del desayuno no podía moverme del dolor. Mi mamá le gritó a mi padre. Él entró a revisarme y aunque yo no podía hablar por mi disfonía él me sonrío. Ni él ni ella podían saber qué me había pasado, pero mi padre puso sus dedos en mi panza y sentí que algo sucedería. Movió sus dedos y yo pude sentir que un peón se adelantaba. Movió otro dedo y un alfil avanzó de costado, casi cayéndose. Así estuvo un largo rato, moviendo sus dos manos. Cuando las dejó quietas dijo “Jaque mate” y se fue el dolor.


Joda:

Como músicos eran mediocres. Como compositores, limitados. Eran, ante todo, jodones. Por eso el bajista electrificó las teclas del órgano, el baterista le cortó las uñas al guitarrista mientras dormía y el guitarrista, en venganza, metió un gato dormido en uno de los tambores de la batería. El recital fue un éxito. El tecladista nunca puso tanta energía en la interpretación como esa noche, el guitarrista, por primera vez en la historia, tocó la guitarra con los dientes durante 2 horas y media, y durante todo ese tiempo, el baterista no perdió ni una sola vez el compás.


Juventud:

Marque la opción correcta:

1) Cualidad que se pierde por más que uno intente hacer cualquier cosa para retenerla.

2) Aquello que se añora cuando ya no se comparte cierto lenguaje con generaciones nacidas en años posteriores.

3) Estilo de vida que se termina el día que, frente a un espejo, se ve una imagen desdibujada de uno mismo, como si se hubiese transformado, sin darse cuenta, en un adolescente envejecido.

4) Todas las opciones anteriores son correctas


Jaula:


Me dijo quedate quieto un poco, querés. Y me quedé paralizado. Cerré los ojos y estiré las manos. El tacto me devolvió metal por todos lados, sí, pero discontinuo y con pequeñas porciones de espacio vacío entre medio. Abrí los ojos. Pude ver el sol por la ventana. Ella imitó la voz del cantante que desde la radio sentenció “ni siquiera tenemos amigos en común”. Dijo otras cosas, el cantor, pero ella ya no lo acompañó. Y yo sé que conoce la letra. Ella se enojó, otra vez, porque me moví. No quería que me moviera. No podía escribir si yo seguía arreglando la reja de la ventana. Yo no podía seguir arreglando la reja si ella quería escribir. Escuché un poco la letra de la canción. Ninguna frase se ajustaba a la situación. Vas a convertir la casa en una jaula, me dijo. Le hubiese contestado que en ese caso su novela sería la mierda del canario. Pero no dije nada.


Jerarquía:

Justificativo que permite, mediante una escala bien o mal establecida, denigrar a otras personas con placer y sin culpa.


Jugador:

Después de muchas complicaciones consiguió un amparo del juez. La justicia obligó a la obra social la cobertura de la internación para que, mediante una cura de sueño, el paciente demandante se librara de su adicción al juego. Le había apostado a su mejor amigo que conseguiría la orden, por eso durmió feliz durante toda la internación.


Julepe:

Según un viejo y pequeño Larousse de tapas rojas julepe es una poción compuesta de agua con goma y una sustancia medicinal. No conozco la historia y antes que recurrir al google y su panóptico, me permito la libertad de creer que algún compadrito se dio un susto grande cuando le hicieron tragar semejante porquería para curarlo del mal de amores.


Justo:

Muchas personas tratan de ser justas. Es decir, tratan de obrar según la justicia. Lo que quiere decir que obran con la virtud de hacer lo que les corresponde hacer y sólo lo que les corresponde. Es decir, muchas personas tratan de ser justas, y por esto mismo no lo son.


KKarma:


El dios Yama maldijo a los humanos. Su sistema de encarnaciones, tan exacto como equitativo, por primera vez se veía alterado porque los seres humanos habían ideado un sistema que permitía usar a las moscas como energía para mantener encendidas sus lámparas. ¿A quién carajo se le puede ocurrir usar moscas como fuente de energía? fue la primera pregunta que se hizo el dios Yama. Pero lo que en realidad quería deducir era qué hacer con todas esas almas reencarnadas que tenían destinado morir en la basura y no alimentar las marquesinas y lámparas eléctricas. Sus ayudantes, incapaces de responder, huyeron, asustados, y el dios Yama los condenó a morir atraídos por el sol. Como sus pobres moscas.

Kermesse:

El que más me gustaba era el juego del conejo de las indias. Lo soltaban en medio de un círculo de casitas numeradas y ganaba el premio el que tenía el número. Los premios eran banales. Una bolsa de caramelos. Una juego de temperas. Un mazo de cartas. Pero al final de la noche estaba el premio mayor: el conejo de indias. Era la apuesta más cara y la que más tarde se hacía. Generalmente costaba convencer a los padres que se quedaran hasta el final. Sólo se quedaban los que habían armado puestos. Había otros juegos. Y es una época en la que recuerdo estar leyendo un cuento de Cortázar publicado en el libro “Final del juego”. El cuento se llama “Los venenos”, creo. Me niego a minimizar está hoja y buscarlo en google. Cuando visite a mis padres buscaré el libro en papel que ellos guardan en su biblioteca, un libro de tapa amarilla, si mal no recuerdo, imperfecto, como deben ser los recuerdos. No con la perfección de la Internet y el desperdicio de la inmediatez. Nadie recuerda una búsqueda de información en la computadora, pero todos nos recordamos hojeando un libro de piel y nervios. Como el conejo de indias que me gané en la última kermese que se hizo en el colegio. El mismo conejo que mi padre mató cuando lo encontró royendo uno de sus libros de carne y hueso. Un libro de Borges, creo, de tapa muy sobria y con un título que me alejaba en el principio de mi adolescencia, y que después, con tiempo y contundencia reemplazó a cualquier lectura de Cortázar, salvo cuando me invade cierta nostalgia, como ahora, antes del crepúsculo.




L


Lápida:


Si es necesario, que escriban en mi honor: “Nació y murió, con el estorbo de vivir entre medio”


Lector:

Persona o especie en extinción que recorre con la vista lo que ha sido escrito. La desaparición de estas personas se puede deber a una responsabilidad compartida entre las empresas editoriales y (en palabras que algunos adjudican a Robert Louis Stevenson) a una plaga de escritores prescindibles, empeñados en publicar cosas que no interesan a nadie, y que encima pretenden que la gente los lea y pague por ello.


Libertad:

Lo que menos me gustaba de ella eran sus uñas. Las tenía puntiagudas. Perfectas. Y cada vez que respiraba le crecían un centímetro. O dos, dependiendo de cuán profundo fuera el estertor. Ella pulía sus uñas, y cada vez que lo hacía, se representaba en ellas todo una escena. A veces un presagio. A veces una tragedia. El mundo entraba en el reflejo de sus uñas. Y mi vida también. Mi hermana tenía trece años y mis padres nunca le habían cortado las uñas. De todas partes venían a mirarlas. Las uñas mágicas. Pasen y vean. Algunos se iban contentos. Otros tristes. Algunos lloraban. Otros, de rabia, querían pintárselas. Una noche soñé con tijeras. Soné que alguien le cortaba las uñas mientras ella dormía. Me desperté con la tijera en la mano. Alrededor, y por toda la cama, estaban sus uñas muertas. Ella me miraba. No lloraba. Estaba feliz.


Lógica:

La inquisición sostenía que a toda persona sospechada de estar poseída por el Diablo se la debía atar de pies y manos y arrojar a un lago o estanque cercano. Si la persona en cuestión salía del agua se demostraba de forma irrefutable su complicidad demoníaca y se la condenaba a morir en la hoguera. Si la persona en cuestión no lograba salir del agua, su alma inocente subía a los cielos donde era recibida con beneplácito por Dios. Alguien o todos en algún momento debieron entender que el resultado final era el mismo: la muerte. Por lógica, nadie debió animarse a marcar la incongruencia.


Luciérnaga:

Animal fantástico, según algunos inventado por Gardel, y otros por Lepera, que expresa un muy mal carácter si se lo ve, y que, dicen, suele iluminar la primera noche de amor de los amantes. Es llamativo, sino sospechoso, que Jorge Luis Borges decidiera no incluirlo en su recopilación sobre todos los seres extraordinarios.


Luna:

Esta noche, desde el balcón, no se ve casi nada en el cielo. Salvo la luna. Y se ve grande, casi como en las películas. O uno cree que se ve grande y la imaginación le agrega esas manchas, que algunos llaman mares. Los mares de la luna. Pero no se ve nada más en el cielo. Nada más, ni una sola estrella. Dicen que no se las ve por la contaminación. Por las luces de los edificios. Por la miopía del observador. Por la niebla que nace del mar. Por los satélites que la opacan. Sobran los motivos que justifican la ausencia de estrellas. Pero las estrellas están ahí. Eso dicen. Sólo que para verlas tendrían que ser tan grandes como esa luna llena. Es decir, las volveremos a ver el día que las estrellas muertas se tiren de cabeza hacia la tierra y nos hagan pagar el desatino de olvidarlas.


Ludópata:

Mientras almorzábamos, un gato trajo en la boca una paloma que cazó en le patio. Se puso a mordisquearla frente a nosotros. Las mujeres gritaron y el gato ni se inmutó. No se comía la paloma. La mostraba, como una ofrenda. Tomé nota mental: el 5 es el gato, el 29 la paloma, el 18 la sangre, y el 47 el muerto. Reduje en 5 minutos mi almuerzo y me crucé a la quiniela. Jugué a la quiniela los cuatro números, para reducir el margen de error. Le pregunté al agenciero si el cazador era algún número. Lo buscó y encontró que era un número de tres cifras. No lo jugué, tampoco soy un adicto al juego. En el trabajo me puse los auriculares y con disimulo escuché el sorteo. Casi puteo cuando escuché el primer premio de la Nacional. Y no me pude contener cuando en provincia salió el mismo número. El 35, el pájaro. Me insulté a mí mismo. A mi estupidez. ¿Cómo no lo jugué? Cualquier idiota se hubiese dado cuenta. Uno no acierta porque no quiere.


M


Marea


Cuando la marea baja, la playa se llena de juguetes. Hay camiones de plástico color rojo con pececitos amarillos y negros atrapados en la cabina del conductor. Hay muñecos de plástico semienterrados que no pueden mover la cintura para escapar de la arena. Hay pelotas. Tanques de guerra. Osos de peluche. Mesas para té. Rompecabezas incompletos entre caracoles rotos.

Cuando la marea sube, la ciudad queda bajo el agua. Las vecinas suben sus hijos a los botes amarillos y esperan. Los hombres cargan los televisores sobre sus cabezas, para no mojarse si llueve. Los enfermos nadan en sus camas de hospital y, mientras algunos huyen al horizonte, otros visitan parientes. Los presos toman sol en los techos que sobresalen. Los fieles buscan a un viejo llamado Noé.

Cuando el agua está quieta pienso que todo es un sueño. Pero es absurdo, los que sufrimos de insomnio no podemos soñar.


Médico

Según Ambrose Bierce, en su Diccionario del Diablo, médico es alguien a quien lanzamos nuestras súplicas cuando estamos enfermos, y nuestros perros cuando nos hemos curado. Se puede agregar que médico clínico es todo aquel que, aún habiendo rendido una especialidad, es considerado por sus pares, la sociedad, y por sí mismo, como el médico recién salido de la universidad que nada cura y todo lo resuelve administrando pastillas indicadas por las grandes corporaciones de laboratorios extranjeras y por algoritmos escritos al norte de la frontera de México por expertos contables detrás de sus escritorios y con la vista fija en sus planillas variables de computadoras. Así mismo se puede considerar médico cirujano a todo aquel que mediante el uso de cuchillo, sierra y separadores, puede poner en una bandeja el problema o enfermedad de su paciente, lo mismo que un carnicero puede poner en el plato de la balanza un kilo de nalga para que admiremos el buen estado del producto involucrado en la transacción comercial.


Mediocridad:

La muerte no tiene explicación


Mujer:

Dios estaba aburrido. Pero más lo estaba Adán. Y para colmo los dos tenían hambre.

–Pasame una costilla. Prendo un fuego y en un rato comemos –dijo Dios.

–¿Y no se te ocurre otra cosa para hacer con una costilla? –preguntó Adán.


Medusa

En mitología: Una de las tres Gorgonas, a quien la diosa Atenea transformó sus cabellos en serpientes y le permitió a sus ojos convertir en piedra lo que deseara. Perseo le cortó la cabeza. Hasta aquí la historia oficial. La otra historia cuenta que Medusa petrificaba muy seguido con su mirada y que algunos escultores aprovecharon esa virtud para conseguir material gratis. Cuando Medusa petrificaba a alguien, ellos iban, le daban unos pocos retoques con el cincel y se proclamaban autores de tales maravillas. Esta es la verdadera historia de Medusa, que cuenta, además, que murió en la pobreza, olvidada, sola, y sin el reconocimiento del público ni de los museos.


Melancolía:

Lugar de donde vuelvo al despertar


Miedo:

Sensación aprensiva que experimenta algunos seres humanos ante la cercanía de agujas o médicos. En medicina: sensación de algunos médicos ante la cercanía de algunos pacientes o familiares.


Mosca

Animal de ocho patas, como las de su verdugo, la araña y como el equivalente de patas que salieron del ascensor cuando bajaron el portero y sus tres hijas.

Tiene cuatro alas, según el dibujo que trajo el hijo de la separada del sexto del jardín de infantes y que me enseñó mientras subíamos, quizás para agradar, o quizás para continuar la azarosa búsqueda de un padre sustituto.

Vive dos días, o un poco más, como el amor primerizo que se le acaba de morir a la vecina del octavo piso que no me saludó mientras fumaba y discutía hablando por teléfono celular en el mismo lugar donde alguna vez la encontré abrazada a ese amor que ahora parece haber perdido.

De mirada múltiple, como dice tener el político que habla ahora, mientras beso a mi mujer, desde el televisor e inunda todo el departamento, silenciando nuestro beso rutinario y las palabras repetidas.

Se pasa todo el día entre la basura, zumba y molesta, y de la mugre logra subsistir, característica que comparte con un personaje mencionado en esta historia, y que no es ni la mosca, ni la araña, ni el portero ni sus hijas, ni la separada ni su hijo, ni la soltera ni el amor perdido, ni el político.


Musas

Esperaba que las musas de la inspiración llegaran, pero en cambio me quedé dormido y un grupo de madres asesinas me atacó. Querían libros de cocina, zapatitos, hojas repuesto Rivadavia, reglas, compases y cartucheras con no sé qué cuadernito de moda. Además reclamaban ediciones agotadas hace siglos de El Principito para colorear. Quise despertar para evitar el sufrimiento. Pero no pude. Al menos conseguí que una musa se metiera en el sueño, pero como en una broma de mal gusto, era una musa con panza. Una musa embarazada. Las madres asesinas la rodearon. La abrazaron, le acariciaron la panza y le hablaron al oído. La musa las escuchó sin hablar. Las despidió y se acercó a darme sus ideas. Ideas horribles. De jardines de infantes, de bolsas con paquetes de galletitas para intercambiar. Sin duda las madres asesinas le lavaron el cerebro a mi pobre musa. La acompañé a su casa y la acosté a dormir. Antes de irme le dejé un chocolate en la mesa de luz, por si le da un antojo a medianoche. Salí de su casa y me desperté.

N

Navidad:


Su mujer viajó para las fiestas. Él se sentó a comer en el sillón frente al televisor. Solo tenía puesto el calzoncillo y un par de medias negras calzadas en ojotas de playa. Su cena era comer directamente de la lata de duraznos. Al día siguiente se lo comentó a un compañero de la oficina, y al contarlo no le pareció tan liberador como la noche anterior. Al contrario, le pareció triste. Tan triste que le dieron ganas de llorar por ese desconocido hombre solitario.


Negruzco:

El paciente dijo que cagó de un color raro.

–Me descompuse –dijo–. Se me bajó la presión y sentí que me moría. Llamé a la hija de mi esposo y...

–¿De qué color? –preguntó el médico.

–Negruzco –dijo el paciente.

Uno de los practicantes negó con la cabeza.

–No existe esa palabra –dijo el practicante.

–¿Cómo? –le preguntó el médico a su aprendiz.

–Que la palabra negruzco no existe.

–¿No? –se sorprendieron al mismo tiempo el paciente y el médico.

–Si quieren mañana les traigo el diccionario.

–Espero estar vivo mañana –dijo el paciente–. Y que mi destino no dependa de la existencia de esa palabra.


Noé:

-Tengo la sensación de haber olvidado algo –dijo el patriarca.

El olvido era doble. Y consecuente. Noé había olvidado sus anteojos. Y por culpa de no tener sus anteojos confundió a los dinosaurios con montañas. Y ordenó seguir navegando mientras los pobres bichos se resignaban y abandonaban la persecución de los barcos, exhaustos.