Riña de gallos


Nota de Juan Carrá para el diario El Atlántico publicada el 27 de septiembre de 2010

“Riña de Gallos”, viaje literario por el tiempo, las obsesiones y los sueños

En su nuevo libro, el autor invita a transitar una historia diferente, con un ritmo narrativo atrapante para descubrir lo más oscuro y noble de la esencia humana



La arena de la literatura es el escenario preciso para esta particular riña. Cara a cara las dos bestias preparan el ataque. Cara a cara, cada una de ellas, muestra sus espolones para dar la estocada final que los convierta en victoriosos. ¿El premio?, conocer la verdad custodiada en el secreto mejor guardado de una mujer.


En “Riña de gallos”, Sebastián Chilano, más que de escritor, se viste de arquitecto del tiempo.


Con una narrativa anclada en las minuciosas descripciones de escenarios y hechos cotidianos, logra atrapar al lector en una trama apasionante que se aleja del realismo para introducirnos en una espiral temporal donde pasado, presente y futuro no son más que cánones inverosímiles. En ese contexto personas de carne y hueso se entremezclan con animales perturbadores; gallos y perros que se dibujan crueles en una realidad no menos cruel.


“Riña de gallos” es, también, una forma diferente de narrar un triángulo amoroso. La obsesión por conservar lo propio intacto se convierte en el combustible de un extraño vínculo que se verá atravesado por las costumbres de una familia que, por momentos, se expone siniestra.


Una extraña escena de celos se convierte en la prueba de un posible engaño que se irá confirmando con la lectura de un blog que, paradójicamente, hace las veces de diario íntimo posmoderno. Sin embargo, lo que parece ser el principio de un desengaño sentimental transmuta en la punta del ovillo que entrama una impensable paradoja temporal.


Durante las más de 200 páginas que contienen esta particular historia, el autor a través de sus personajes construye diálogos en los que se oponen el conocimiento científico-histórico con la dogmática concepción religiosa de los acontecimientos.


Buceando desde el origen mismo de los alimentos, pasando por las características míticas de un lenguaje inconcluso, para llegar a las costumbres típicas de los pueblos que permanecen aferrados a sus creencias; Chilano se mete con temas existenciales convirtiéndolos en un verdadero hecho literario.


Como en una especie de juego entre Cronos y Morfeo, la realidad de los personajes se entrelaza en un mundo onírico, pero no por ello menos real, donde la aparición de los errores del pasado irreversible se convierte en una excusa de persistencia en el viejo amor devenido en obsesión.


De esta forma los personajes se mueven sin poder salirse de la perplejidad que le propone ese mundo de ensueño, despojándose de lo racional para sentir el devenir de los acontecimientos casi de forma inconsciente y sentir que lo soñado no tiene remedio para luego actuar en consecuencia.




Crítica de Evangelina Aguilera en el diario La Capital el domingo 10 de octubre del 2010

“El objeto de la crítica no es nunca la verdad. Ni siquiera la interpretación, la buena interpretación- tal cosa no existe. Toda crítica malinterpreta- o lo que es lo mismo: dispersa el significado. Debemos pensar la crítica únicamente como dispositivo diseminador, como maquinaria de proliferación del sentido, como aliada incondicional del estado incumplido de economías del significado. Como tal, su trabajo es generar roces, fricciones, el encuentro intempestivo de lo extraño con lo extraño que origina el hallazgo de lo contrainductivo”.

                                               José Luis Brea, “La crítica en la era del capitalismo cultural”


Riña de gallos, podría resumirse como la historia de un hombre abandonado que enloquece de soledad y construye una falsa realidad a partir de sus recuerdos. El se llama Gabriel, es joven, lector, sale con una mujer que se llama Clara que es psicóloga y estudia, además, Letras. El es un obsesivo, renegado insufrible. Ella, una mujer más del montón, de pensamiento básico barnizado con ciertas ínfulas de superioridad que no le sientan bien.

Podríamos decir también que está muy bien escrita. Pero con esto no diría nada. Empecemos de cero:


La novela comienza con la escena de una pareja que entra a un café cuya puerta tiene una particularidad: no se abre de manera lógica. Dice el narrador: “hay una trampa en lo que debe ser el simple mecanismo de abrirla” y, más adelante agrega “El arquitecto debe ser el único ser capaz de entrar al café sin equivocarse”. Este detalle del inicio no es menor; antes bien, creo, puede servirnos como clave de lectura ante una estructura narrativa que se resiste a ser transitada pasivamente.


En primer lugar, como lectores nos vemos convocados a reconstruir el orden de una historia estallada. Esta ruptura de la linealidad no solo tensa el relato entre un pasado y un presente sino que construye una ambigua zona temporal donde pasado y presente conviven. En este sentido, la configuración del personaje principal, Gabriel, es fundamental. Esto es, la voz narrativa de un personaje obsesivo, perturbado, maniático convive con las voces de los otros personajes. Este juego polifónico, generado por ejemplo con la trascripción literal de un blog que escribe Clara, nos permite distanciarnos de la voz predominante de Gabriel pero, a la vez, nos produce su misma ansiedad ante la búsqueda de certezas que expliquen la aparente irracionalidad de los hechos.


En este sentido, me interesa resaltar los roles protagónicos del entramado textual y de la hondura psicológica con la que son construidos los personajes por sobre la univocidad de sentido a la que podría conducir una innecesaria búsqueda de la “Verdad” en el transcurso de los hechos.


La “Verdad” es una posibilidad que Chilano dinamita con variados procedimientos: la multiplicidad de puntos de vista que crean las voces de los personajes ante un mismo hecho o, mucho más osado aun, mostrar las acciones que crea la imaginación del personaje perturbado. “Le puse diálogo a mi imaginación”, dice Gabriel antes de introducirnos en una conversación entre Clara, que es o era su novia y Simón, la nueva pareja de Clara. Es decir, se nos lleva a un plano totalmente artificial dentro del propio artificio que es de por sí la novela. Esta metaficción, filia a la novela de Chilano con las operatorias propias de la narrativa posmoderna. De hecho, la fuerte presencia de las perspectivas variables, la indeterminación y la disolución son rasgos fuertes que pueden detectarse aquí.


Riña de gallos es una novela que logra difundir la sospecha ante la verdad; en ella, los signos no son simples y benévolos, sino un juego de fuerzas reactivas ofrecidas a la interpretación.


Por ejemplo, partamos desde el título para notar la densidad semántica de la obra. La riña a la que alude supone, por un lado, los enfrentamientos reales entre gallos en la provincia de Entre Ríos y, por el otro, a las discordancias amorosas de Gabriel y Clara. Sin embargo, si sobrepasamos el plano de lo evidente, si nos alejamos del mero argumento digo, si sobrepasamos eso, podremos ver que el gran tema de la novela también es una pelea, entendida como oposición a la fe. Esto es, arriesgaría decir que el gran tema de Riña de gallos es el cuestionamiento de la Fe en un doble plano: en el religioso y en el institucional.


Por un lado, Riña de gallos muestra cómo se activa un mecanismo de supersticiones que desembocan en acciones desafortunadas: peleas familiares, ritos, interpretaciones absurdas de la realidad. Aquí, la gran riña es la que la novela entabla contra la ingenuidad de la fe religiosa.


Por otro lado, y como ya dijimos, Riña de gallos plantea desde su complejo entramado de los hechos la sospecha ante la Verdad como entidad discursiva. Nada es seguro, nada es estable, toda interpretación construye una realidad endeble


Así, la agilidad narrativa de Chilano se evidencia en una trabajosa meticulosidad con los detalles. Cada escena funciona como la pieza de un rompecabezas que está completo en la mente del autor pero somos nosotros en función de lectores los que deberemos ordenarlas. Tarea que, de más está decir, implica el goce seguro de leer una novela bien escrita.


Riña de gallos, novela realista y novela psicológica, que continúa lo mejor del realismo argentino de principio de siglo XX y del realismo de la generación del 55, no debería dejar de leerse.


Entrevista


Nota en la sección cultura del diario La Capital.
Se publicó el domingo 15 de agosto de 2010.
En breve, cuando el scanner lo permita, la subiré tal cual.
Por ahora la transcribo y mejoró algunas de las cosas que dije

Primera parte


“Tengo un problema”, confiesa Sebastián Chilano. A los 33, el escritor y médico clínico acaba de publicar –por medio de Ediciones B- su primera novela, titulada “Riña de gallos”. En realidad, es la primera novela en solitario que recibe tal respaldo de un sello editor. Pero no es la primera que tiene lista ni la primera que saltó de su computadora al formato del libro impreso.


Escondido detrás de sus anteojos, con una mezcla de serenidad y timidez, el hombre revela que no puede dejar de escribir. Ahí su drama. Y si no escribe, lee –cometa-, y si no lee ni escribe, sobreviene el malestar. La medicina ejercida a secas, con el apuro de todo consultorio y el frenesí de los pacientes, parece, no alcanza para curarlo.


“Todavía no sé cómo pasó esto –dice, extrañado-: publicar es lo que siempre he querido, quisiera seguir escribiendo y dejar la medicina o hacer tres o cuatro horas por día, dedicarle media hora a cada paciente, lo que hoy es imposible”. Por ahora, se define, es un médico que escribe. “O mejor, que lo decida el lector: lo prefiero como médico lo prefiero como escritor”, bromea sobre su doble condición.


Segunda parte: CON LA MISMA MÚSICA


Mientras sonaba la música de los españoles “Héroes del silencio” y de los neoyorkinos “10000 maniacs” (Tiene el hábito de escribir una historia siempre con el sonido de las mismas bandas), Sebastián esculpió a Gabriel, el protagonista de “Riña de gallos”, un hombre que busca entender en qué momento se terminó su relación con Clara.


Contada por el protagonista, la historia se mueve entre Mar del Plata, Colón y Buenos Aires, mientras aparecen personajes que, lejos de aclarar el panorama, se empecinan en embarrarle la cancha a Gabriel, y al lector, claro.


Así, la confusión y el desconcierto se apoderan de las páginas, al tiempo que otras historias de menor relevancia, ligadas a la superstición, aparecen en las tres partes en que está dividida la novela.


Pregunta: -¿Qué le pasa a Gabriel, qué diagnóstico médico hacés de él?




Respuesta: -Eso no te lo voy a decir (se ríe)


-¿Pero está sano?


-Los psiquiatras tiene algo que se llama el DSM IV, que es el manual de las enfermedades psiquiátricas. Yo no sé si él encaja dentro de una de las enfermedades del manual. Me parece que está dentro de los trastornos de personalidad. Pero tampoco traté de que cuadrara dentro de una enfermedad, sería muy aburrido, muy aburrido para mí que soy médico. Uno escribe para no pensar en medicina y si agarrara el manual y le pusiera los síntomas del maníaco, por ejemplo, perdería frescura.


-“Riña de gallos” es una novela sobre la falta de certezas. ¿Coincidís con este enfoque?


-Sí, la idea de la novela es que la persona que se enfrente a ella no sepa adónde va. Que en cada capítulo se desoriente más, que no sepa cómo comienza o hacia donde va a ir. Y otro idea de la novela es que el lector NO se sintiera identificado con el protagonista, y aunque la novela se cuenta en primera persona, quisiera que el lector no coincidiera con muchas de las cosas que hace Gabriel, el protagonista.


-¿Buscaste que el lector desconfiara de lo que le cuentan?


-Eso me pareció interesante, porque cuando uno se enfrenta a una novela en primera persona, por lo general el que habla es el que tiene la razón, no está equivocado, lo que dice es correcto. Yo busqué una primera persona pero que, como lector, me chocara lo que dices esa voz. A veces lo logré, otras no tanto. Pero ése fue el desafío.


-¿La confusión del protagonista obedece a la confusión que sobreviene cuando se rompe una pareja o es más general, tiene que ver con el estado del hombre actual?


-Yo creo que es más general, pero el personaje cree que es de la pareja. Creo que el personaje está convencido de que su crisis, su pérdida de la noción del tiempo, viene por sus crisis de pareja. Pero construyendo la historia, me parece que no, que es más una representación del hombre, no sólo en su vínculo en general. Fijate que el protagonista no dice en qué trabaja, no se sabe cómo está compuesta su familia… a eso no le da relevancia, le da relevancia a su relación amorosa, él cree que su problema está ahí. Aunque su problema es más general.


-Desde tu consultorio tenés un recorte importante de la sociedad actual. ¿Cómo ves al hombre de hoy?


- Trabajo en una clínica privada y mi visión está sesgada, porque la mayoría de las personas que atiendo pertenecen a un mediano y alto nivel socioeconómico y adquisitivo. La patología que se ve en la clínica no es la misma patología que se ve en el Hospital. Por lo que veo en la clínica, el problema está en la forma en que trabaja la sociedad, en el trabajo, en la exigencia de los lugares donde uno trabaja, eso nos va a terminar enfermando a todos. Te hablo de profesionales, de gente que nunca estudió y de gente que tiene comercio, hay un nivel de exigencia, de estrés, de horas de trabajo, de mala alimentación… tomamos como normal no almorzar o comer en cinco minutos parado. El cuerpo no evolucionó tanto como evolucionó la todo lo demás. El cuerpo sigue siendo el mismo cuerpo de hace tres mil años. La gente hoy vive apurada y quiere curarse apurada y busca la solución inmediata y si no les das una solución se automedica y si les decís que tiene que esperar se enoja o consulta con otro médico. Me parece que es bastante malo el reflejo de la sociedad que estamos viendo. Aunque por otro lado hay cosas que son maravillosas y que vos no podés entender: que un chico de 16 años vega y te diga que le gusta la literatura, por ejemplo, a uno le parece que es una isla, pero existe eso también.


-¿Esta forma de vivir genera desconcierto?


-Sí, muchísimo desconcierto y también estamos mal informados y sacamos conclusiones muy rápido, por esto que te decía; la información llega rápido, no alcanzamos a procesarla y ya estamos opinando. Si yo menciono una enfermedad de nombre raro para la gente, pero común para los médicos, lo primero que va a hacer el paciente es buscarla en Internet. Pero Internet no es una entidad. Y el paciente debate con vos sobre lo que tiene que hacer por algo que leyó sin ningún sustento académico. Eso lleva al desconcierto y al cuestionamiento. Toso se cuestiona y se debate. En medicina cada vez más hacemos medicina defensiva. Hubo una época en que se creyó en la ciencia pero y ala ente empieza a darse cuenta de que la ciencia no tiene las respuestas.


-¿Y entonces?


-¿Y entonces?


Tercera parte: Ritmo a la americana


Coautor de "Furca. La cola del lagarto" (que también apareció por Ediciones B) junto a Fernando del Río, Chilano se define como un escritor autodidacta, que aprendió leyendo “Cuando se es chico uno lee ciertas cosas, después a esos mismos autores uno los tiene que sacrificar, como a los padres. Cuando era adolescente todo el mundo leía a Sábato, ahora es (parece) mala palabra, sin embargo, “Sobre héroes y tumbas” sigue teniendo dos o tres escenas que son irrepetibles”, comenta y menciona que, en el camino del autoaprendizaje, estuvieron firmes autores como Juan Carlos Onetti (“me parece que Los adioses es un libro perfecto”) y los cuentos de “Todos los fuegos el fuego”, de Julio Cortázar, y otros de Julian Barnes: “El loro de Flaubert” y “Una historia del mundo en 10 capítulos y medio”



“Después, lo que marcó a éste libro, como a FURCA es la lectura de Bukowsky, de Carver, de Hemingway, de los norteamericanos, que son los que marcan el ritmo de cómo se escribe actualmente. Primero fueron los franceses, después los latinoamericanos del realismo mágico y ahora me parece que son los norteamericanos los que marcan como escribir, con un estilo menos adornado, menos rimbombante, con mas acción” sostiene.


-El protagonista de “Riña de gallos” dice que los escritores son como los pacientes, porque siempre buscan cosas imposibles. ¿Podrías ampliar esta comparación?


-No conozco a muchos escritores, te soy sincero. Conozco más médicos y pacientes. Pero de la experiencia de escribir creo que saco esta frase, porque el escritor siempre le está pidiendo más a su historia, más a sus personajes, por lo menos el que se toma en serio corregir., el que se sienta ante lo que escribió y no dice “esto es genial”, sino que vulva y vuelve. Es como el paciente, que siempre pide más. “Dame más pastillas” y vos le decís “Es lógico que sigas tosiendo, esperá diez días”. Yo me siento y leo lo que escribí y digo “esto es horrible”, y si no dejo al texto y me empecino en cambiarle una coma o un verbo, lo arruino. Como el paciente al que le das otra medicación para que se le vaya la tos más rápido y termina haciendo un efecto adverso. Quizá a eso se haya referido la frase.


-La hipótesis del libro es que el tiempo no es lineal. Muchos científicos y filósofos ya lo pensaron. ¿En quién te basaste?


-No sé si es una hipótesis, pero el protagonista vive al tiempo como no lineal y no se cuestiona por qué deja de ser lineal. El acepta que no es lineal y trata de resolver dónde está el quiebre que los separa de su novia, de su mujer. Es muy interesante el tema del tiempo. Tuve presente la teoría de Nietszche (la del eterno retorno) y sobre todo la refutación que hace Borges en Historia de la eternidad, que destruye el tiempo circular. Pero Borges deja abierta la puerta, dice que pueda haber una aliteración en el tiempo y que no es lineal. Tanta gente pensó en eso, tomé lo que otros pensaron e hice una historia, no con tanta seriedad, porque uno no llega ni soñando a esa seriedad pero lo menos para entretenerse con el pensamiento.


-¿Qué rol le atribuís a la superstición en el rompecabezas de la novela?


-Me fascina la superstición, porque no creo para nada en ella. La formación del médico es científica, basada en el método científico: si esto no está demostrado, no existe. La posibilidad de que unos perros muertos atormenten a una persona (como ocurre en la historia) me pareció que ayuda a la historia, lo mismo que la resolución de la riña de gallos, el simbolismo… me gusta escribir sobre eso.


-Varias veces en la novela mencionás a la nigromancia, a la magia negra.


-Sí, es por ahí una obsesión personal. El diablo me parece la invención humana más loca que ha habido, me parece fascinante, es un personaje genial.


Final: Tiempos de lectura:




Con capítulos cortos, algunos de ellos escritos de manera circular, “Riña de gallos” se ajusta a los tiempos de lectura de su propio autor. “Esta forma surge por mis gustos de lectura, yo no tengo ninguna formación académica en esto, soy autodidacta. Hay libros clásicos que son hermosos pero ilegibles, son muy lentos de leer, de desarrollar, hay que tener tiempo y concentración, por ejemplo me pasó con Los nueve libros de la historia, de Heródoto. Libro lleno de imágenes hermosas, pero tedioso de leer. Prefiero una lectura veloz. De esa preferencia surge la escritura, también soy consciente de que no puedo escribir un capítulo muy largo porque termino por aburrirme”




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Resumen propio


La novela tiene tres partes. Y varias capas. Las partes se articulan en un tiempo fragmentado. La falta de linealidad no torna imposible el relato, sino angustiante. Las capas agregan historias a la historia, y así como existe la necesidad de hablar de escritores, algunos con nombre propios y otros camuflados, también se habla del hambre, de la violencia, de la música.

Gabriel la da voz al relato en primera persona y se empecina en ser el protagonista principal, pero también lo son Clara, Simón, cinco gallos de riña, tres perros muertos y ciudades: Mar del Plata, Capital federal, Colón, Paraná.

En Mar del Plata aparece un café: Dickens, un bar-restaurant: La Bodeguita, un cine, el Diagonal, el salón de un club de barrio: Talleres Fútbol Club. En Capital Federal aparece un hotel: Cantón, un café: La piolita, un locutorio: Andresito, un hospital. En Colón pasa de largo un hotel: Costarena, hay un restaurant: Boccalino, hay una visita al Casino. En Paraná hay una fiesta de disfraces. Y todo se une por tres rutas: la autovía 2, la ruta 14, y la ruta nacional 18; todo lo demás se une con palabras.


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TAPAS QUE NO FUERON