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domingo, 20 de mayo de 2012


Y:


–¿Y? –pregunta el Uno.
–Y nada, qué se le va a hacer –el Otro lo piensa mejor–. ¿Qué se le puede hacer? El tipo se calentó. Allá lo tenés, sentado afuera.
Miran hacia la calle. Le ven la espalda, le ven las piernas estiradas. Está sentado en el tronco de un árbol.
–Por suerte no llueve–dice el Uno.
–Es un pelotudo, qué querés que te diga –contesta el Otro.
Se miran.
–Andá a buscarlo –dice el Uno.
–¿Y yo por qué? –se queja el Otro.
–Está bien, voy yo –dice el Uno.
Sale de la casa y se para detrás del que está sentado mirando la nada.
–Che –dice el Uno–. No te calentés. Entrá que la cena ya está servida y seguro que Jesús te pide perdón.
Judas se da vuelta. Tiene los ojos brillosos.
–Cómo me gustaría que fuera su última cena –dice Judas–, y... –se calla.
–¿Y qué?
Judas se para.
–Y nada. No me hagas caso. Entremos. ¿Qué hay de cenar?




miércoles, 16 de mayo de 2012


XXY:


Cuando se malhumora reza pidiendo vacaciones en hoteles con jacuzzi y termina insultando a los croupiers porque no puede ganarse en la ruleta esas merecidas vacaciones. Pero todo dura poco (como la plata que pierde) y cuando se le pasa el malhumor invita a sus amigos y amigas a cenar soñando que va a poder bailar con antiguos amores despreciados. Antes de la fiesta se afeita sin usar crema y se vuelve a enojar, entonces sale a manejar porque es la única cosa que puede darle calma. Eso sí, si estaciona el auto no le deja propina a los trapitos que la insultan, y si agarra un bache se queja a los gritos de los impuestos municipales. Entonces maneja por la costa sólo para darse el placer de denigrar a los turistas que cruzan sus sombrillas en los semáforos. Si alguno le hace frente, se asusta y se apura en regresar a su casa. Entra el coche y esquiva a su madre que lo espera a la salida del garage porque “las tías que vienen a visitarla”, entonces se esconde y recién sale de su pieza cuando sabe que se fueron y puede buscar las masas que las tías olvidan en la mesa ratona y entonces le vuelve la alegría y programa cosas disparatadas: ir a un geriátrico, recortar medias de lana, armar títeres, salvar lobos marinos y ballenas, y así, feliz, llama por teléfono al diario para conseguir trabajo en un kiosco y armar los suplementos de los diarios a las seis de la mañana, pero siempre le dicen que no, que no el trabajo no está vacante y entonces se debe contentar con cruzar ciegos en las bocacalles, juntar los restos de los perros, y esperar que lleguen los amigos que uno a uno y una a una se irán emborrachando, hasta, que, arruinados, los tenga que llevar a sus casas y dejar uno a uno para volver cuando amanece con una resaca que le da dolor de cabeza y ganas de vomitar, y entonces, tras un largo día, ella se duerme en el sillón mientras el otro ocupa la cama.

domingo, 13 de mayo de 2012

Xenofobia

Tenía sangre en los pies y era suya. Quiso soñar que caminaba descalzo pero no pudo: le habían sacado las sandalias antes de atravesarle los pies con clavos y aún en el sueño tuvo dolor.
Uno de los soldados pretendió quedarse con el par, eran nuevas, y los demás soldados también quisieron las sandalias. Las lanzas se chocaron a sus pies y un hombre murió. El soldado que tenía más rango se irritó –del mismo modo que se enojan los que mandan o los que ganan– y dijo que nadie, nunca nadie, las tendría. Dijo que había que quemarlas:
–Ese siempre andaba tocando leprosos –dijo.

lunes, 7 de mayo de 2012


X:

Ayer murió un hombre al que quisieron mucho sin que nadie llegara a conocer. Un hombre X. Fue una muerte lejana, que quedará en primera persona; y fue, además, una muerte piadosa: la vida le permitió el suicidio. El cansancio fue su compañera más fiel. El cansancio lo detuvo y lo encerró. Y el cansancio se fue, al fin, en un instante: en el último. La voz, la tormenta, las enumeraciones vanas (como ésta), el día, el fuego; todo se fue.

Antes hubo un tiempo en que podía caer. No se lo permitió, pero estaba cansado. En esos días conoció el gusto y la derrota. Conoció el brazo y lo dejó hacer, como dejó que sus dedos apretaran el gatillo: y no muy fuerte, sólo lo necesario, sin que el nudillo se pusiera blanco por la fuerza, se puso blanco después, cuando ya no tuve sangre.

Tras su muerte se les debe pedir perdón a las madres, pero sin ser sinceros. Se les debe atar la cinta negra alrededor de los brazos a los niños más pequeños, pero dejándolas sueltas, para que se vuelen hacia el cielo, como si cualquier viento. Se debe limpiar las ropas más sucias, pero sin eclipsar el sol. Se debe rezar en voz exagerada para que no perturbe el hueco vacío de la ilusión de los que creen. Se debe ensayar que los suicidas son justos, que el escape es pegar la vuelta, que si es un tiro, o son pastillas, o dejarse caer, poco importa para un hombre cualquiera.

 

domingo, 29 de abril de 2012



W:


Doble V. Que letra el pedo, dijo el futuro fundamentalista nacionalista tercermundista Walter Estalisnao Seródio, cuando le pidieron en séptimo u octavo grado (ese punto de cambio entre el colegio primario y el secundario, entre la pelota y las polleras, justo cuando reina la constante duplicidad de las hormonas) que eligiera entre hacer una composición sobre el tierno animal la vaca o sobre la letra de dos V en cuestión. A diferencia de todos sus compañeros, Waltercito, que aún no era fundamentalista, ni nacionalista, pero sin dudas ya era tercermundista, decidió escribir sobre la letra que daba inicio a su nombre. Todos le decían Waltercito ya que no existía ser humano que pudiera pronunciar su segundo nombre de corrido, y en su apellido, si no lo sabía, lo intuía, había algo que desentonaba. Pasar lista y decir “Seródio” era realmente incómodo para todas las maestras, aunque ninguna podía explicar por qué. Así, el día de la premiación, ganó uno alumno que copió al pie de la letra un cuento de Fontanarrosa y no fue descubierto, y sacaron sendas menciones dos alumnas que escribieron desde el punto de vista de la vaca. Nuestro pequeño gran héroe desaprobó el ejercicio y se sintió humillado. Así se lo hizo saber a su, padre, Washington Seródio, el cual, furioso, primero le pegó por engreído y después fue a hablar con la maestra para solucionar el problema.
La maestra escuchó a Washington, serena, mientras él le decía que la definición de palabras como “Wall street: nido de ratas que hace más meszquino el mundo” o “Walkman: aparato de música que los hombres se ponen en las orejas para escuchar mientras caminan y no compartir con los demás” eran definiciones más que correctas.
–Sí –le dio la razón la maestra y cuando Washington pensó que había ganado la discusión, la maestra agregó– pero esas son palabras de hombres grandes, de personas mucho más grandes que Walter –la maestra sonrió, como hacía con sus alumnos, antes de dar la estocada final–, palabras de su padre, quizás.
–Mire usted –dijo con respeto Washington–, le agradezco la apreciación, pero le aseguro que ni por casualidad ni por mucho que me esmere, se me pueden ocurrir esas palabras, y si se me ocurren, mucho menos ponerlas en ese orden.
–¿Entonces...?
–Sí, señora –agregó el padre–. Ahí se equivoca. Yo no sé cómo sucedió, pero tiene usted razón y es terrible hasta para mí reconocerlo: mi hijo, el Walter, el Waltercito creció y se me hizo cien porciento zurdo.


martes, 24 de abril de 2012


Viudas


Se dice que hay cierto tipo de viudas (no todas las mujeres) que con el tiempo empiezan a odiar minuciosamente a sus maridos muertos. Y lo mismo con todos los recuerdos que les genera el difunto. Dicen que hasta las caricias, antes añoradas, de existir ahora se parecerían al tacto de una lija pasada por la piel tras una severa quemadura solar. Hablé con una viuda al respecto. Se quejó por la exageración: ¿por qué esperar hasta la muerte para sentir ese odio?, me preguntó. No supe que responder.

domingo, 22 de abril de 2012


Virus:

Microbios de diversas características que han servido a los médicos durante años como fuentes de toda culpabilidad. Desde 1969 la OMS recomienda que ante un paciente que posee un padecimiento, una fiebre, o un mal que la ciencia occidental moderna no puede explicar, un profesional de la salud debidamente instruido y con su mejor cara de jugador de póker on-line debe informarle al paciente y sus familiares que aquello que le causa un síntoma y/o enfermedad, es un virus.