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miércoles, 18 de septiembre de 2013

El derecho a la pereza





     "El Capital es el único Dios que todo el mundo conoce, ve,

     toca, siente y gusta; existe para todos nuestros sentidos;

     es el único Dios que no ha encontrado ateos."


                                           Paul Lafargue. El derecho a la pereza


sábado, 14 de septiembre de 2013

Harina, huevo y aceite



Normalmente no hago esto. Un amigo al que le llegan muchas novelas a sus manos y que debe tener mucho cuidado para no lastimar egos me dijo que él, con sutileza, no hace comentarios sobre las novelas que no le gustan. No debió decirlo. No hizo ningún comentario sobre mi última novela.

Pero a lo que voy es a otra cosa. Al impulso de cambiar, sin saber por qué, el libro que me acaban de regalar. Me pasó hace poco. Debí cambiar la novela ni bien me la regalaron para mi cumpleaños. Pero la buena intención de mi amigo, que buscó ese libro como quién busca la mujer de su vida en una fiesta de disfraces, me hizo darle una oportunidad.

La faja de promoción me dio la primera advertencia pero en vez  ir a la librería y cambiarlo leí el primer capítulo. La faja sugiere que el autor es una mezcla de Larsson, Roth y Nabokov. La faja es la luz apagada en la cancha de basquet enfrente de casa que la inutiliza cuando cae el sol. Seguí adelante con la lectura. No fui prejuicioso, que un suizo escriba en francés sobre un crimen en EEUU tampoco iba a detenerme. El tercer aviso también estaba a la vista cada vez que cerraba el libro un poco más desencantado con la lectura: el inocente dibujo de un pueblo en la tapa del libro con una estación de servicio (gasolinera) que dice "Esso" no podía ser casual ni arte contemporáneo en el best seller ladrillo de casi 700 páginas. Por eso me pregunto qué me llevó a leerlo. Sea lo que sea, ya harto, encontré una perla en la página 188. Un diálogo imperdible e injustificable entre un escritor y un policía:

"¿Sabe que Apple ha revolucionado el mercado y que ahora se puede guardar música de forma casi ilimitada sobre un disco duro portátil llamado iPod?"

La publicidad (PNT la apodan) la hemos visto de manera abrumadora en series y películas: hay escenas de varios segundos donde la cámara se posa sobre la marca de los autos, la comida rápida, las gaseosas y los celulares. Pero de forma tan evidente y alegre no lo había percibido en una novela. Que un personaje tome tal o cuál cerveza no es molestia, ahora que se detengan a describir un artículo de reciente lanzamiento es admirable. Dos conclusiones: o debo releer en busca de esta invasión comercial o nunca más leer un libro donde aseguren que el autor es una mezcla de tres ingredientes como si fuera un plato de tallarines.


domingo, 8 de septiembre de 2013

El enojo más hermoso del mundo


Cuando estoy cansado y enojado (como ahora) cierro la puerta, tiemblo (como ahora) y puteo. A Dios (¿dónde está tu apocalipsis prometido?) a los hombres (¿dónde quedó tu tercera guerra mundial que nos hará  desde tus armas químicas?) a la revolución de las máquinas (¿dónde quedó tu ira que nos borrará a todos como programas obsoletos de PC?) a los extraterrestres (¿no están hartos de vivir entre nosotros esperando el día exacto en que puedan enviar la señal de invasión a las naves nodrizas?) a los meteoros (¿por qué carajo siguen desviándose de la órbita terrestre y se niegan a caer para convertirnos primero en fósiles y más tarde en petróleo?) a Hollywood (¿cuánto tiempo más tengo que esperar para ir al mercado chino de la vuelta de casa y descubrir que llegaron los zombis?) a Kurt Cobain (¿por qué carajo te mataste? ¿Para no decepcionar con un nuevo álbum igual a los anteriores? ¿Por que descubriste que eras Cristo?)
En esos días (estos) pienso en mis superhéroes de carne y hueso: en mi viejo que puteaba en todas las esquinas cuando manejaba, en Lili que sabe entender mis silencios, y en los amigos y amigas presentes y ausentes: y sobre todo hoy pienso en tres amigas: la que me mandó una encomienda para mi cumpleaños llena de regalos para mi hijo, en la que me contestó con sonrisas, alegría y diligencia cuando le pedí un favor en el competitivo mundo de los escritores, y en la que siempre se enoja conmigo de por vida y por suerte termina perdonándome.
Ahora tengo que dejar de escribir, sigo cansado pero ya no estoy enojado. Enojado está Agustín porque tardé bastante en darle cuerda a las abejitas que cuelgan sobre su cuna y dan vueltas alrededor de su pequeño gran mundo. Pero su enojo, ya lo dije en el título, es el enojo más lindo del mundo.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Pamuk segunda entrega




Enumera Pamuk las acciones mas importantes que tienen en lugar en nuestra mente cuando leemos una novela. Tal lista nos recordará qué es, en realidad, la novela; algo que ya sabemos, pero que acaso hayamos olvidado:

1) En la atmósfera de la novela, sea paisajista o no, nunca dejamos de buscar un motivo, una idea, un objetivo, un centro secreto.

2) Transformamos las palabras en imágenes mentalmente. Cuando recreamos en nuestra imaginación lo que nos están diciendo en palabras, los lectores completamos la historia.

3) Uno trata de saber qué parte de la historia es real y que parte es imaginación del autor.

4) Nos preguntamos si lo que está escrito es así en realidad. (ej, si me dice que una mujer no puede leer por el ruido, ¿nos está describiendo el ruido del ambiente o nos está diciendo que la mujer es una lectora empedernida?)

5) Juzgamos la moral de los protagonistas, y la moral del escritor

6) Al realizar todas las acciones en simultaneo nos felicitamos a nosotros mismos por el grado de razonamiento alcanzado, eso crea un vínculo único.


sábado, 24 de agosto de 2013

Pamuk Primera entrega



Escribe Pamuk en el novelista ingenuo y sentimental:

"Al soñar asumimos que los sueños son los reales; así son los sueños por definición. De modo que al leer novelas asumimos que son reales, pero en algún rincón de nuestra mente también sabemos que nuestra asunción es falsa. Esta paradoja se deriva de la naturaleza de la novela. Empecemos recalcando que el arte de la novela reside en nuestra capacidad para creer simultáneamente en estados contradictorios. Cuando leemos una novela, oscilamos entre la visión a largo plazo y los momentos fugaces, los pensamientos generales y los hechos concretos, a una velocidad que ningún otro género literario puede ofrecer. Novelista ingenuo, aquellos que no se preocupan por los aspectos artificiales de la escritura y la lectura de una novela. El novelista ingenuo (y el lector) son como la gente que cree sinceramente que entiende el territorio y la gente a la que ve desde la ventanilla mientras el coche avanza por el paisaje. Novelista reflexivo, se sienten fascinados por la artificiosidad del texto y su fracaso para alcanzar la realidad, y prestan una gran atención a los métodos utilizados en la escritura de la novela y al modo en que funciona nuestra mente cuando la leemos. Los poetas ingenuos forman un todo con la naturaleza; de hecho son como naturaleza, calmados, crueles y sabios. Escriben de forma espontánea, casi sin pensar. La poesía surge de modo espontáneo del universo natural que los rodea. No se diferencia entre su percepción del mundo y el mundo en sí. El poeta sentimental (emotivo, reflexivo) es un ser inquieto, sobre todo en un aspecto: no está seguro de que sus palabras vayan a transmitir el significado que pretende darles. Es consciente de los métodos y técnicas que utiliza y de lo artificioso de su esfuerzo. Diferencia tanto su percepción del mundo que cuestiona todo aquello que percibe, incluso sus propios sentidos"


sábado, 17 de agosto de 2013



El cantor estaba atrapado en el bar. Su fama pertenecía a ese lugar y a ningún otro. Por suerte no estaba atrapado en el tiempo, ni era inmortal ni era eterno. Estaba atrapado por unos años en su fama. Eso si quería ser famoso. Y claro que quería. Podía salir del bar, pero ya nadie lo reconocería. Caminando por la ciudad era un don nadie. Cantando en cualquier otro lugar era un pobre infeliz que desafinaba tratando de imitar al Maestro. Y el Maestro era él,
 pero sólo podía serlo en ese bar. Lo supo la primera vez que cantó y lo aplaudieron de pie. Nunca lo habían ovacionado, ni siquiera pedido un bis y esa noche tuvo que cantar cada tema dos veces. La gente lloraba. Después cantó en otros lugares y no le fue tan bien. Le fue mal, en realidad. Y volvió al café y volvió el éxito. Con su trabajo afuera, contador público nacional, ahorró lo suficiente para comprar el café y grabar su primer disco allí mismo. Pero el problema fue que en las radios, en las casas, en cualquier otro lugar, sonaba distinto. El Maestro sólo era el Maestro cuando tocaba en vivo en su café. Perdió sus ahorros en ese estudio de grabación inútil del subsuelo. Hablar del incendio, de los recelos de la compañía de seguros y de su refugio entre balances y peritajes sería accesorio. Tiempo después empezó a escribir y sus historias enseguida fueron maravillosas, pero sólo resultan maravillosas para quien las lee directamente de la pantalla de su computadora. Quizás por eso ahora lean esto y no les resulte ni maravilloso ni innovador, pero ojalá estuvieran de este lado, así verían como se observa se lee se entiende todo tanto mucho como distinto acá de este lado de acá. 





domingo, 11 de agosto de 2013



La verdad sobre el crimen literario.

Parece joda, pero no. Cuatro escritores, un argentino, un chino, un italiano y un francés hablaron –supongo que por mail– con el director de Buenos Aires Negra y ese interrogatorio se publicó el 3.8.2013 en la revista Ñ. Una pregunta en particular, y sus respuestas, merecen ser repetidas. No es joda. Al final no es un chiste (¿O sí? y qué y qué) del que se tiran de un avión o cómo hacen para comer sandía. Tomemos nota:

Pregunta: ¿Cuáles creen que son los elementos que nunca deben faltar en una narración policial?

El argentino: la tensión narrativa, la exposición objetiva y la construcción deliberada

El chino: el suspenso, el análisis y una investigación convincente (no sólo del crimen en sí mismo sino también del entorno social, político y cultural en los cuales ocurre el crimen)

El italiano: Yo no creo que haya una receta. Para mí es contar con un ritmo lo más apretado posible, contar con uno o más personajes con los cuales los lectores puedan identificarse y, sobre todo, narrar una buena historia, contada de la manera más convincente y simple que sea posible

El francés: la poesía, el amor y el humor. Lo mejor entre lo peor