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jueves, 6 de diciembre de 2012


¿Por qué escribir en el blog? ¿Por qué no hacerlo en facebook? ¿En twitter? ¿En un cuaderno cuadriculado de poeta mediocre? ¿Que diferencia hay? Si todo es efímero. Si ya nada garantiza la lectura. Ni el papel ni el mundo es real. Papá Noel no es real. A pesar de la propaganda de los nenes que le hablan por teléfono para pedirle sus regalos en una interminable sucesión de golpes bajos. Nada es real. Todo es efímero. Lo escrito en facebook se mantiene unas horas en escena, en twitter minutos y en el mundo de los libros impresos todavía alguno se ilusiona que la circulación de mesas de saldos y ventas de usados le prolongaran la vida artificial a todo aquello que fue novedad. Y Papá Noel se muere más o menos en primer o segundo grado, en un recreo o un chiste de un tío malintencionao que ya no se aguanta la ceremonia de apertura de regalos. Lo que quisiera saber es por qué insistimos. Por qué repetimos hasta cansar a los demás en la autopropaganda del fb, o hacemos click en "me gusta" como monos que no pueden disentir. Por qué criamos a nuestros hijos en la mentira de Papá Noel. ¿Será que necesitamos que nos mientan? ¿Será nuestra la culpa de obedecer y nada más? Somos efímeros, sí, pero que también seamos sumisos debería, al menos, aburrirnos.

sábado, 1 de diciembre de 2012



Las reglas de Burroughs:


El mundo se deshace. Y se reinventa. Las sectas llegan a las ciudades. Al diario. A la televisión. A las redes informáticas. Y la sociedad se horroriza. No le gusta que le muestren lo que esconde. 

A la sociedad nunca hay que darle información sin ningún motivo, nunca hay que darle más de lo que quiere saber, y siempre hay que demostrar que lo tiene todo a su favor. Lo contrario es el miedo. Lo contrario es obligarla a pensar.

La sociedad (masa de gente que individualmente razona pero en conjunto obedece) es egoísta. Como egoísta es el escritor que acaba de publicar su última/nueva/primera novela. Lo único que le importa es su ego. En qué librerías se vende. En que vidrieras se luce. En que suplemento cultural lo alaban. Nada más. No le importa si sus colegas sufren en España, en el Conurbano Bonaerense o en el Gran Rosario. 

El escritor se aprendió de memoria las reglas de Burroughs, nunca regala nada, nunca da un centavo de más, y cuando llegue el momento, va a guardar todo lo que sus manos puedan agarrar, y que los demás se caguen.


martes, 27 de noviembre de 2012


Apunte de "Los escritores inútiles" Ermanno Cavazzoni

Hay que decir que en el panorama social vigente el escritor es una persona odiosa: da vueltas por la casa en busca de una idea para transcribir y mientras tanto mira en la heladera, se corta dos fetas de fiambre, se fríe un huevo, prueba el caldo de carne; después, eventualmente, se cocina fideos con tuco, no porque tenga hambre sino porque un escritor en estado de perturbación está nervioso y come sin darse cuenta, ya desde la mañana; después se hace café y come de nuevo, siempre perturbado y sin saberlo, por ejemplo trozos de pan con mayonesa, salame, que mordisque untado con mostaza andando por la cocina, el balcón y el comedor.

lunes, 12 de noviembre de 2012




Contratapa de "Las reglas de Burroughs"

La vida tiene reglas. Y aunque algunas parecen ser implícitas, o acaso dictadas por dioses lejanos, la gran mayoría nos han sido impuestas por simples mortales que tuvieron una chispa de lucidez. Las teorías de Dalton, los postulados de Koch o las reglas de Burroughs, son ejemplos presentes en cada uno de nuestros de actos. Alguien, parece ser una constante, nos dice cómo debemos vivir.



Qué pasaría entonces si un día, hartos de viajar en un tren atacado a piedrazos, nos bajamos en un campo desierto y decidimos enfrentar un mundo desconocido: ¿escribiremos nuevas reglas?

Los protagonistas de esta novela tienen nombres raros, viven en un lugar poco usual y se dedican a una actividad extraña, pero, como cualquiera de nosotros, sufren, aman y son (usando palabras de Céline) como deben ser los cobardes: novelescos y románticos, se inventan vidas para atrás como los cangrejos, llenas de gloria.

miércoles, 7 de noviembre de 2012


Esta novela ganó el III concurso de Ediciones Gárgola "Laura palmer no ha muerto". El premio es la publicación. La alegría es que a partir de diciembre estará en las librerias. Pero antes, el miércoles 14 de Noviembre a las 20 hs en la sala Juan Carlos García Reig de la feria del libro de Mar del Plata se presentará ante el público por primera vez

lunes, 15 de octubre de 2012



Crónica de la creación del mundo /segunda entrega/

Dejaron de estar solos. Sin hablar, se agruparon. Se reconocieron semejantes de tanto ver sus reflejos en el agua porque les encanta estar dentro del estanque. Primero pasaban horas  enteras adentro del agua, sin mirarse, concentrados sólo en arrugar la piel de sus cuerpos. Creo entender que el cambio de apariencia les da placer. Les gusta verse distintos. Esto me hace querer darles un nuevo regalo: el don de envejecer. Porque así lo quieren, se arrugaran hasta casi perder sus formas y luego morirán, convirtiéndose en huesos y polvo. Si así lo desean, así lo tendrán.

Me preguntó si los habré creado de esta manera porque es la apariencia que más me gustaría tener; acaso sea esta forma de materia limitada la interpretación de mí ser que hago durante la soledad de mis sueños.

sábado, 6 de octubre de 2012



Crónica de la creación del mundo (extracto)

Les regalé el fuego. Les recomendé precaución. Les dije que no lo usaran de forma indebida. Tuve que explicarles el significado de indebido. Después de mis palabras y de meditar, hicieron una hoguera que mantuvieron encendida con todo tipo de árboles, hojas y animales. Sólo miraron y se maravillaron o asquearon con el olor. 

Esa noche, uno de ellos, cansado de mirar el fuego, se metió en el río. Al salir sintió frío y entonces quiso calentarse dentro de esa luz cálida. Cuando lo sacaron del fuego estaba muerto. El incidente hasta ahí les explicaba el por qué de mi consejo sobre la precaución pero, en vez de abandonar su cuerpo y apagar el fuego, decidieron comerse al muerto. Les pareció delicioso. Rabioso hice llover y apagué la hoguera amenazando jamás volver a prenderla si se comían a otro de sus hermanos. Les expliqué que para eso están los animales.

Dos días después volví a darles el fuego. Comieron animales asados y me lo agradecieron con regalos de flores raras y cantando canciones que mezclaban risas y llantos. Comieron de una manera tan desaforada que quedaron inmensamente llenos y doloridos. Les expliqué que la ingesta desmesurada no es prudente. Tuve que explicarles también qué es ingesta, qué es desmesurada y qué prudente. Quedé agotado.