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viernes, 24 de mayo de 2013
viernes, 17 de mayo de 2013
Otra versión de Dios:
Un hombre silencioso sentado en una silla, en una sala amplia, lee un libro. La sala está en silencio. El silencio se interrumpe cada vez que el hombre pasa una hoja. La hoja está en blanco y las palabras se escriben a medida que el hombre lee.
Cuando el hombre se cansa de leer, sale de la sala y entra en un mundo ruidoso y caótico que le es cada vez más desconocido. Por eso en los últimos años, el hombre silencioso prácticamente no abandona la sala.
jueves, 14 de marzo de 2013
Confusión II (versión marzo 2013)
Estuve una hora mirando el televisor sin sonido. Las imágenes mudas iban de gente en una plaza a un balcón intercaladas con caras de periodistas que movían sus bocas diciendo vaya Dios a saber qué cosa. Me relevaron en el trabajo y me fui a casa. En el camino me llama un amigo y me habla emocionado. Creo entender que afirma: el Papa es argentino. Me sorprendo, no por la elección, me sorprendo porque mi amigo me llamó. Ajeno a su felicidad, corto la comunicación. Llamo a mis padres, los escucho emocionados. Llamo a mi mujer. Entonces pienso en una canción de Ismael Serrano y todo me parece una fiesta a la que nadie se molestó en invitarme. Después todo se vuelve una cosa. Una sola expresión. Desfilan personajes, opiniones, parientes lejanos. Alguien pone una foto en el facebook donde el nuevo Papa en su antiguo rol de cura le pone una hostia en la boca a un dictador asesino. Me indigno. Me sumo a la protesta. Después otros, y en el mismo facebook, me explican que el cura en la foto no es el Papa. Es otro. Y me explican que no podría ser nunca por la edad: la foto tiene 30 años y el cura se parece al Papa hoy. Empiezo a confundirme. ¿Tengo que desconfiar de facebook o de las personas? Leo un discurso que dio el Papa en contra del matrimonio igualitario. Leo que el Papa viaja en subte. Apago la televisión. Ya no coincido con la canción de Ismael Serrano, no importa si me invitaron o no, es mi elección no participar de esta fiesta.
domingo, 3 de marzo de 2013
Esta historia, sin título y modificada después del granizo, se quedó afuera de "Las reglas de Burroughs". Era una de las historias que Marcos le contaba a la pequeña Ada en la carpa para entretenerla y describirle el mar. También tiene que ver con el nacimiento de Agustín. Falta darle un título para ser prolijo:
Historias del agua para una niña
Se pasa la
mano por el cuello. Siente el líquido entre los dedos. Ni es viscoso ni se le
pega. Se mira la mano. Agua. Por la frente no necesita pasar la mano. Casi no
lo deja ver, la obliga a pestañear como si recién hubiese sacado la cabeza del fondo del mar frente al que está parada. Pero no se metió en el mar, no todavía.
La sensación
es tan asquerosa como las palabras que se usan para describir cuando una
persona pierde agua del cuerpo por calor. Sudor, o transpiración, a cuál de los
dos términos más horrendos. Perspiración es un poco mejor, pero no tanto, y “pérdida
insensible de agua” es mejor dejarlas para las historias clínicas donde los médicos
que no podrían explicar desde la racionalidad científica la situación que ella
está viviendo. Podrán decir, sí, que el cuerpo está compuesto de un 70 % de
agua. Y no mucho más. Y ella ahora, como una pileta pinchada, como un balde con
un agujero, como un lavatorio lleno al que alguien le sacó el tapón, como una
canaleta perforada por el granizo, como una comparación llena de letras pero
que no tiene ningún sustento, ella ahora se está quedando sin agua en el cuerpo.
No sólo transpira, suda o como quieran llamarlo, ni siquiera se deshidrata: ella
pierde todo su líquido. Se hace más chiquita. Lo nota en la altura. Lo nota en
los pies que se están doblando hacia adentro y en los colgajos de arrugas secas
que tiene ahora como brazos.
Por suerte
está en la playa. Pero ella aún no entiende que eso sea una suerte. Como
tampoco entiende por qué le pasa eso. Si ni siquiera hay sol, si está nublado y
es el marzo más frío que recuerda.
Ella salió
a caminar por la costa, a pasear al perro y, para variar, decidió contravenir
algunas disposiciones municipales que nadie cumple y se metió en la arena de la
playa.
Ahora no
puede moverse. Su perro le ladra y ella lo mira. Se está secando. Pronto será
una fruta deshidratada, un orejón. Desesperada, usa sus pocas fuerzas para
caminar al mar. El agua debe estar helada. La toca con el pie. Se equivoca. Está
tibia. Hermosa. Y ella nota como el pie revive. Como el agua del mar se mete
por la piel y la llena de aquello que en la tierra pierde. Se quedaría todo el
día mirando ese detalle, pero el resto del cuerpo se seca y entonces ella
entiende. Da un paso más, y otro. Espera la ola y entra al mar. Se deja caer.
Deja que el agua entre en el cuerpo y ya no pierda más líquido. Al contrario,
lo recupera. En algún lugar leyó que el cuerpo está compuesto por un 70 % de
agua. En algún lugar leyó que el hombre desciende del mar. Que la vida nació en
el mar y después conquistó la tierra. Ella es la primera en volver, pero no será
la única.
jueves, 21 de febrero de 2013
El diálogo transcrito a continuación pertenece a la novela breve "La casa de Papel" de Carlos María Domínguez, la cual estuve a punto de perderme por leer rápido el nombre del autor y pensar que en vez de Carlos era "Claudio" lo cuál me llevó a un largo monólogo interior sobre el auge de los gurús televisivos que nos invaden desde sus libros preformados de papel. Por suerte en una segunda mirada entendí que no era ese vendedor de una vida mejor y compré esta historia que cualquier escritor/lector amante de coleccionar libros/objetos tiene que leer. Amén, hermanos.
–Yo no marco los libros. Hago anotaciones
aparte y las introduzco en las páginas mientras trabajo. Luego las saco y las
arrojo al canasto.
–¿Por qué no las conserva? –pregunté
asombrado.
–Mire. No escribe cualquiera. Es decir:
no debería hacerlo. Apunto las cosas que me interesan. Asociaciones. Las
indicaciones que me llevan a otros libro y alguna que otra reflexión. Son las
notas de un lector. Por ejemplo: esta metáfora de Quevedo pide compararse, por
su forma, con la de Ben-Quzmán en la antología del arábigo Andaluz (Consultar
la edición de Gredos), y por la figura de los pájaros, que le concierne, con la
simbología de las aves en la obra de Lope de Vega. ¿A quién podría interesarle
algo como eso?
Un lector es un viajero por un paisaje que ya ha sido hecho. Y es infinito. El árbol ha sido escrito, y la piedra, y el viento en la rama, la nostalgia por esa rama y el amor al que prestó su sombra. Y no encuentro una dicha mayor que recorrer, en pocas horas diarias, un tiempo humano que, de otro modo, me sería ajeno. No alcanza una vida para recorrerlo. Le robo la mitad de una frase a Borges: una biblioteca es una puerta en el tiempo.
sábado, 2 de febrero de 2013
Copi:

"La vida es un tango" (novela) se cruzó en mi camino de casualidad. Después leí que fue la única escrita originalmente en español. Después me di cuenta que la versión que tengo es una editorial uruguaya. Pero enseguida me di cuenta que era libro para no soltar. Difícil entrar, difícil dormirse con el libro en la mesa de luz.
La novela se divide en tres parte: la primera el paisano de Entre Ríos llega a la gran ciudad, se ve enredado por 3 hermanos que ostentan desde poder político hasta poder periodístico (cualquier semejanza con el hoy es inevitable) y además una actriz que mantiene todos los vicios de la ciudad con su sonrisa. La segunda parte es en París. Tan distinta de la inicial como imprescindible la una de la otra. Por momentos uno espera a La Maga y a Oliveira, pero no hay lugar para ellos en esta literatura. Hay una francesa que canta y deja a su marido por el argentino exiliado y termina en la revolución de los vencidos. En la tercera parte, ya en Entre Ríos, el protagonista cumple cien años y el pueblo viene a celebrarlo. Como corresponde, los saca a patadas en el culo y otras peripecias.
Pero no termina ahí esto. No. Una puede ser casualidad. Dos, no creo. Me crucé en el camino "La ciudad de las ratas" (también novela) escrita en francés, creo, y traducida, creo. Que afirma y mejora todo lo anterior.
Desde la visión de una rata que le escribe al humano (en sentido inverso, lo que hace a la novela traducción de traducción) y le cuenta sus andanzas.
Desde su casamiento con una de las hijas de la rata Reina hasta una escena que puede resumirse así: un mendigo toma a una beba y ella le da sexo oral creyendo que es una mamadera, todo narrado con naturalidad por la rata, quien se asombra que los hombres también puedan amamantar.
miércoles, 23 de enero de 2013
Paradox:
Tengo miedo de ser un producto. Tendencioso y predecible. Agridulce. Un imbécil que grita “yo no soy nadie” cuando cree serlo todo. No quiero aparentar ser una cosa, ni quiero ser esa cosa.
Tengo miedo de los lugares comunes. De las frases que creo geniales y sólo son repeticiones.
Tengo miedo de las historias que sólo son remakes de la ignorancia. No puedo ni pensar que estoy en contra sólo para estar en la otra vereda. En la vereda de los inteligentes; de los iluminados que piensan distinto.
Tengo miedo de ser cruel para ser amable. De criar a un hijo con tiranía para que salga bueno, o de criarlo con libertad para que no sea malo. Tengo miedo, insisto, a las frases comunes.
Tengo miedo de repetir como un loro “si Dios es omnipotente que cree una piedra que no pueda mover”. Tengo miedo de hacer click en el mismo video de youtube porque una masa de anónimos hace lo mismo.
A veces me despierto sintiendo que soy ateo porque no está de moda creer en Dios.
Y a veces tengo miedo de despertar y que mañana, o en un mes, o en diez años, empiece a creer en Dios sólo porque todos están en su contra.
Paradox link a: inception - penrose steps
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