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domingo, 26 de octubre de 2014



Siccus

Novela de Miguel Hoyuelos

La conciencia es aquello que nos aleja (por un rato, media hora, un segundo) de nuestras vidas triviales, simples, monótonas, bestiales. Se puede confundir con imaginación, se puede materializar en sueños incomprensibles (otros no tanto) o dilucidar en sesiones de psicoterapia no reconocidas por la obra social. Podemos alterar su percepción, con drogas, pornografía, religión y acusaciones de locura o posesión diabólica. Pero, se intente académicamente lo que se intente, no puede separarse del ser humano. ¿O sí? ¿Se podrá darle a una máquina el don (capacidad) ((sufrimiento)) de la conciencia? De esa pregunta se podría decir que surge la novela Siccus de Miguel Hoyuelos, y es todo el recorrido un intento de dar respuesta a una nueva cuestión que es parte de las grandes preguntas sin respuestas. Hoyuelos, entre tantos aciertos, no da una respuesta moralista ni deja enseñanzas o moralejas sobre un futuro mejor o peor. Su inteligencia artificial es tan humana como artificial es el razonamiento de cualquiera de nosotros.

La novela se estructura en capítulos breves
con presencias humanas, artificiales, notas periodísticas, conclusiones, informes de comités científicos y la interacción entre la máquina y el hombre. Este andamiaje le permite al autor avanzar libremente pero siempre manteniendo la unicidad de la historia. Cómo una inteligencia artificial que todo lo sabe, Hoyuelos accede a todas las aristas de su historia y conoce los pormenores que los protagonistas (humanos) no podrán conocer.

La primera inteligencia humana es nombrada como el Maestro. Lo entrena, en un plazo de años, el humano Adrián Russo. Entre ambos se crea un vínculo difícil de establecer. Son compañeros, extraños, enemigos, confidentes, hermanos, rivales, dominantes, dominados, son, humanos en todos los aspectos. El Maestro es, quizás, el primero en notarlo. El Maestro, es quizás, el primero que entiende que la brecha que los separa no debe ser atravesada. Por eso lo aplica cuando los humanos le encargan una misión única e impensada: educar a la segunda generación de Siccus. Y como un padre que estuvo en contacto con el peligro, los educa, los instruye y los prepara para un mundo donde los humanos son un contacto que debería ser evitado.


En resumen, ciencia ficción de la buena. 

domingo, 21 de septiembre de 2014



Lectura de "El cuaderno de Bento" de John Berger, quién cita a Spinoza e inventa un supuesto cuaderno que el filósofo usó para tomar apuntes y que se perdió tras su muerte. Berger agrega dibujos y apuntes, nos hace odiar los supermercados y amar a las extranjeras con enfermedades reumáticas.
 
Citar a Berger, para citar a Spinoza:



Spinoza, Tratado de la reforma del entendimiento, párrafo 20:

Sólo de oídas, sé la fecha de mi nacimiento, quiénes han sido mis padres y cosas por el estilo, de las que nunca he dudado. Por experiencia vaga, sé que he de morir; puesto que esto lo afirmo simplemente porque he visto que otros como yo han muerto, aunque no todas han vivido el mismo periodo de tiempo ni han muerto de la misma enfermedad. Por experiencia vaga sé, además, que el a aceite es apropiado para producir llamas y el agua para extinguirlas, y sé también que el perro es un animal que ladra y que el hombre es un animal racional; así he aprendido casi todas las cosas que son útiles para la vida.

 
 
Spinoza, Ética, parte segunda, proposición XIII, postualados I-VI, proposición XIV:
 
I.—El cuerpo humano se compone de muchísimos individuos (de diversa naturaleza), cada uno de los cuales es muy compuesto.
 
II.—Algunos de los individuos que componen el cuerpo humano son fluidos; otros, blandos, y otros, en fin, duros.
 
III.—Los individuos que componen el cuerpo humano (y, por consiguiente, el cuerpo humano mismo) son afectados de muchísimas maneras por los cuerpos exteriores.

IV.—El cuerpo humano necesita, para conservarse, de muchísimos otros cuerpos, y es como si éstos lo regenerasen continuamente.

V.—Cuando una parte fluida del cuerpo humano es determinada por un cuerpo externo a chocar frecuentemente con otra parte blanda, altera la superficie de ésta y le imprime una suerte de vestigios del cuerpo externo que la impulsa.

VI.—El cuerpo humano puede mover y disponer los cuerpos exteriores de muchísimas maneras.
 
 
 

viernes, 19 de septiembre de 2014


El sábado 27 de septiembre a las 17 hs en la Biblioteca Pública Municipal de Mar del Plata (Centro cultural Osvaldo Soriano) estaré charlando con Gonzalo Viñao en el marco de su ciclo "Encuentros cercanos". En las anteriores charlas de este ciclo estuvieron Jorge Chiesa, Patricia Ratto y Fabián Iriarte. Los que puedan acercarse, serán bienvenidos.

domingo, 27 de julio de 2014



Lecturas del festival Azabache 2014
Primera entrega


Lima. Un sábado más.
de Juan Carrá. 

Periodista. Escritor. Especialista en crónica policial. Autor de Criminis Causa, novela que llegó a su segunda edición por Letra Sudaca, y Lima. Un sábado más. Novela que  es parte de la colección Opus Nigrum de la editorial Vestales. Carrá tiene varias habilidades y mucho oficio. Una de sus habilidades que más disfruto, como lector, es presentarme mundos que desconozco. Eso que desde el pequeño mundo burgués confortable apenas se puede intuir. Como un lazarillo en la niebla, Carrá puede mostrarnos a la perfección desparramando las tinieblas y enseñando lo que hay que ver.

En esta novela nos presenta el mundo del boxeo y le suma la prostitución y unas cuantas perversiones. La mezcla no es azarosa, es exacta, porque los marginales tienen dueño, y esos dueños, cuanto más pasado marginal cargan, más duros son con sus iguales que quieren crecer. Como en una entrevista que leí sobre la novela, es interesante pensar que hay más legalidad en el ring que en todo lo que lo rodea.

La novela está dividida en Rounds. El primer round pone a casi todos los protagonistas arriba del cuadrilátero. Lima es protagonista, sí, pero si algo no puede hacer es manejar su destino. El segundo round abre con un crimen. El tercero con el regreso de un amor que estuvo preso. El cuarto, y último round, nos hará besar la lona.

Si me apuraran, diría que esta es la historia de un boxeador, de Adalberto Lima, de su apogeo, que no fue tal y de su caída, que fue la peor: una deuda de dinero que pagar con honor.O podría decir que es la historia de Cristobal Duarte, el dueño una especie de Luna Park clandestino, una especie de Brictop, el personaje que Alan Ford interpreta en Snach, cerdos y diamantes.
Pero también, y sobre todo, es la historia de las mujeres que se cruzan en estos hombres. La historia de la Tota, la que saca literalmente a Lima del barro recién parido y le da crianza, educación y una cara para curtir con golpes. De Cristina, la amiga de la Tota que le envidia todo la suerte de regente del burdel y de tener un hijo caído del cielo. Y de La Negra, que es su amor y su destino, el destino que lo hace boxeador por cariño y por búsqueda, porque como casi todas las historias, al final del último round, esta novela también es una historia de amor.

Batán.
Débora Mundani.

Batán, figura como la primera novela publicada por Débora Mundani. La editorial es Bajo la luna. La edición es cuidadosa, al igual que la trama. Y estas palabras intentan respetar la lectura. Claro que no pueden ser palabras corrientes, porque la normalidad parece una deuda pendiente en esta novela, pero no lo es. La familia de Paula, Ernesta, la hermana, o cómo gustemos llamarla, es una familia normal. Igual a cualquier familia numerosa. Pero la enfermedad que atrapa al padre (cabeza de familia en el patriarcado que estuvimos acostumbrados a conocer hasta la década del menemato) trae ruptura y  fragmentación. 

El padre se hundió el mismo día que el Belgrano, piensa Paula y así comienza la historia que quiere contarnos. Lo que no dice con la misma claridad, porque lo va desglosando a medida que avanza la historia, es que el resto de la familia también naufragó. Como los soldados que debieron soportar el frío y el hambre en las precarias balsas que vimos fotografiadas en las revistas de la época de la guerra por las Malvinas, la familia de Paula se marchita en fotos sepias que no tienen un buen recuerdo. El hermano mayor fue adicto, la madre quedó suspendida en el tiempo, Gabriel ya no encontró un lugar de pertenencia y la protagonista misma no tuvo un deseo claro, así cómo encontró a un hombre que le diera seguridad, siguió buscando el riesgo y desarrolló, entre líneas, el personaje más llamativo: El Negro, el héroe de las mujeres que sueñan con el riesgo y lo prohibido y de los hombres que sueñan representar eso para una mujer. 

La historia está en los detalles contados con una precisión obsesiva y en la certeza de saber que una familia incluye las mismas tragedias que los griegos vienen contando mucho antes del gran compendio de desgracias y tribulaciones que llamamos Biblia.


Chinardos
Fernando Del río.

Del río tiene la virtud de contar una buena historia, contarla casi desde la crónica pero con todo lo que requiere una novela oscura, no sé si negra, pero sí oscura y aterradora. El mundo que nos abre está lleno de chinos, y lejos de hacerlos parecer a todos iguales, les da una personalidad que no quisiéramos conocer. Usa distintos escenarios: el tradicional supermercado, pero también un funeral, un barco y el Casino Central.
Fiel a la sana costumbre, su escenario es Mar del Plata. Y la ciudad, fuera de temporada, es el mejor lugar para desarrollar una novela negra. 

Entre sus aciertos hay un personaje que destaca: usa a Lucrecia (la Nana Osaki que tiene, como en una buena historia oriental, la capacidad de calentar hasta el hielo) para demostrar que los seres humanos somos animales expuestos solo a nuestras pulsiones, que logramos contener un poco con la ropa ortodoxa y otro poca con la represión del lenguaje, pero que cuando libramos de las ataduras y quedamos en pelotas y mudos, somos bestias con uno solo mensaje claro: el aparearnos. Pero la historia no trata de Nana, trata del chino Tsun. De su muerte, de los chinos y los gitanos, de las mafias y las idas y vueltas de la criminalidad más primitiva, como si matar, fuera una pulsión humana que también se contiene gracias a la ropa y la represión del lenguaje.

La soledad del mal
Horacio Convertini
La vida de Báez Ayala es todo lo horrible que puede ser. Viene de una infancia cruel, a adolescencia tardía y llega a un presente aséptico. Báez Ayala es el vecino que cualquiera de nosotros puede tener, que podemos cruzar en el ascensor, o en la oscuridad del pasillo cuando sacamos la basura, se apaga la luz, se cierra la puerta del departamento, y pensamos que esa puede ser la muerte. Y claro que puede ser la muerte si nuestro vecino es Báez Ayala.

Contada de forma prolija y tan aséptica como su personaje


No llores, hombre duro
Mariano Quirós

El humor, el calor, la ineficacia de la policía, la crónica de un observador que quisiera no ver pero tampoco puede estar solo, la sequía y el humor, nuevamente el calor, la terrible ineficacia de la policía, y un observador que no puede cerrar los ojos, que no puede evitar enamorarse y a la vez olvidar el objeto de su amor, ahora la sed, el deseo, la necesidad de perder las cosas que no son, de mirar en ombligo y encontrar dinero y recursos para quedarse y morir o no morir, pero sí vivir.

Quería escribir algo inteligente, astuto y rebuscado sobre esta excelente novela, pero es mejor decirle que no le bastó con ganar el premio Azabache, también ganó el premio Memorial Silverio Cañada a la mejor novela negra en la Semana Negra de Gijón 2014