Páginas - Secciones - Anexos - Extras -

sábado, 26 de septiembre de 2015

Apuntes a dos lecturas de "Sol artificial" de J.P.Zooey



Yo soy J.P. Zooey, y una vez recibí una carta.

Así comienza “Sol artificial”.

J.P. Zooey no entiende. En tiempos de extroversión obligada, de exposición y belleza, el escritor no puede elegir un pseudónimo. No triunfará. No será venerado no perdurará ni siquiera en las librerías de saldos. Una de las profesiones que más narcisismo requiere no se puede construir desde las palabras. ¿O sí? ¿Es necesario que haya un cuerpo detrás del escritor, una cara, una sonrisa, un gesto, una campera, una moto, una novia, un hijo pequeño de pelo lacio y unos cuantos amigos/colegas que sostengan el paso y la adulación? Eso parece. Parece que solo no se puede, solo estás perdido. Las redes sociales dictan los modales: buena persona, antes que nada (aunque las historias sean de putas, tullidos o violadores, aunque el porno se sonroje y la iglesia excomulgue, necesitamos que el escritor/a sea buena persona, TIENE QUE TENER algo que rescatar: su cariño por una abuela, la ausencia de tatuajes justificada desde la donación de sangre, un charango ecológico o un animal en la biblioteca de tres patas). También se necesitan lindas fotos en las solapas y más lindas fotos espontáneas y prolijamente encarpetadas para las entrevistas. Se recomienda puntualidad para asistir a programas de radio e impuntualidad para las presentaciones: si no pudieran ostentar el tiempo perdido tendrían que dedicarse a otra cosa. Leer, por ejemplo. La tendencia cibernética adoctrina: Coherencia en mantener la pose. A saber: el provocador no puede ser bueno, el hedonista no debe sufrir, el bardero no puede dejar de hacerse notar, el responsable no debe dejar de saludar a todos sus amigos en facebook el día de sus cumpleaños.


Estuviste muerto como un pez, friéndose en el riel de un tren que nunca llegaba.

Eso dice J.P. Zooey en otro parte de “Sol Artificial”. El autor redobla la apuesta. El croupier tiró negro, acertó, y deja toda la ganancia en el mismo color. También la historia que cuenta sol artificial es un pseudónimo. Es una historia disfrazada. Es una historia que es una novela, si se acepta el hilo conductor de todos los capítulos, o es un libro de cuentos que en algunos se notan los puntos de interés común (internet, el amor, el capitalismo, internet otra vez) y que por momento se separan y cada cuento es un cuerpo independiente, un portal, una nueva pestaña que el programa de la computadora para seguir haciendo una cosa sin perder la otra. Pero también puede no ser un libro de cuentos, ni una novela. Puede ser un libro de crónicas. Puede ser una selección de entrevistas que se intercalan con noticias que le dan forma y brillo a las preguntas y respuestas que hacen avanzar la historia.

Hasta donde sabemos el universo es una inmensa máquina sin vida. Las cosas andaban bien cuando el hombre era uno consigo mismo. Después vino Freud y lo partió en dos. Pero llegó Internet. El inconsciente se metamorfoseó en información. El hombre volverá a ser uno consigo mismo, cuanto vuelto información deje de ser hombre.

Se puede intentar un primer resumen: Un hombre le escribirá a su futuro, para recordarse quién era. Otro contará cómo fue descubierto el primer campo de concentración informático (fotografías del usuario capturadas y trasladadas desde el disco rígido hasta una zona clandestina de la memoria RAM) La inteligencia artificial comenzará su revolución imparable cuando, por decisión autónoma, cambie una sola letra de Hamlet. Hay una presencia inquietante en varias escenas: la información como líquido, un océano que honra el recuerdo del mejor Lem en su “Solaris”. También hay tiempo para teorizar sobre el domingo, el centro porteño y el origen de ciertas palabras, como bisoñé.

Al capitalismo afectivo le corresponde un tipo de tecnología de administración de los contactos. El Messenger, el correo electrónico y el teléfono celular, son medios de captura y de administración de afectos. El contacto es un afecto capturado y ubicado. Estas tecnologías apresan, localizan y ordenan energías afectivas que de otro modo se experimentarían como ausentes o ilimitadas. Para el capitalista afectivo no puede existir un afecto que no figure en la lista de contactos. Todo su capital afectivo está representado en nicks, direcciones, imágenes y cifras. Si no está representado como contacto, no es afecto.

En los últimos cuentos/capítulos/entrevistas hay una relación con la televisión. Pero no con la actual y, como todo relato que coquetea con la tecnología, corre el riesgo de recorrer el tránsito inevitable hacia la obsolescencia o quedar desfasado en las muelas de la evolución, como las computadoras de las películas de ciencia ficción de no hace mucho tiempo (ver 2010, la continuación de Odisea del espacio con la reivindicación de HAL 9000) ¿Cuál es el riesgo de J.P. Zooey? Hablar de la lluvia del televisor. Pero sabe salvar ese riesgo. Por eso hoy que los canales de televisión trasmiten las 24 horas, o repiten o dejan azules las pantallas cuando no hay nada que ver, uno tiene la sensación, después de leer “Sol artificial” que, para los creyentes, es necesario volver a ver esa lluvia de electrones que poco a poco desaparece.

Me quitaron el gen de la cordura. Me lo debitó Bionet cuando dormía. Desde el año 2017 los seres humanos fuimos creados mediante programas de recombinación genética. Programas operados a través de computadoras personales o consolas de juegos. Bionet es una red que crea todas las cosas que existen. Genera y administra nuestras composiciones genéticas y todas las cosas que podemos aprehender mediante los sentidos. No distorsiona ninguna realidad porque Bionet es la realidad.




sábado, 12 de septiembre de 2015



No le puedo seguir el paso a César Aira. Una razón es que leer lo que publica en tiempo real ahoga casi toda posibilidad de leer a otros autores (ni hablar si se intenta rastrear las cosas que ya publicó y pasaron de largo por nuestras bibliotecas) Otra razón es que por momentos satura: es el deseo de comer merengues con dulce de leche, al cuarto (o quinto) destrozado en el paladar sigo pensando que son ricos pero que debería parar de comer por un tiempo. El universo Aira, aunque en apariencia infinito, se repite. Lo ilógico sería la perpetua originalidad. Pero me gusta volver a leerlo. Lo disfruto. Me felicito y me empalago. "El Santo" es el último libro de Aira que llegó a la mesa de luz.

El santo es un viejo que pide permiso para ir a morir a su ciudad natal. Es la historia de un viejo que escapa, de su verdugo, de la imposibilidad de ser libre.

Por momentos Aira es una reflexión, una teoría, la escritura:

"El gusto o el capricho esconden un vacío. Casi todo en la vida se hace porque sí, sin una causa con la que se lo pueda justificar ante un extraño. En realidad no es que faltan causas, sino que sobran, esas pequeñas causas entrecruzadas, motivos inmotivados, dentro del entramado de los hechos. La causa pesada e imperiosa viene a posteriori, cuando, como dije, se da la necesidad de explicarse ante un extraño"

Dos párrafos después Aira es ¿Aira?

"Los sultanes de Garabaña lanzaron el programa Poligamia Para Todos y que ante tal medida la oposición critica y pronostica caos y catástrofes que no suceden"... El programa fue considerado irracional, absurdo, demagógico, irrealizable... pero funcionó, y los que se equivocaron en pronosticar su fracaso no se disculparon".

Aira no escribe novelas. Disfraza sus ensayos con personajes y escenas. A veces se cansa y termina la historia sin importarle la historia, ya dijo todo lo que tenía que decir. A veces la historia le gana al ensayo y la historia se agiganta. Es difícil seguirle el paso: apenas termino de leer El Santo, escribo estas palabras sin ninguna corrección y veo que ya sacó una nueva novela "La invención del tren fantasma"


viernes, 31 de julio de 2015

Mar del Plata



Ezequiel Dellutri reprueba que mi Mar del Plata esté llena de neuróticos, tullidos y violentos. Dice que nunca me lo va a perdonar. ¿Pero qué otra Mar del Plata se podría mostrar? ¿Cuál es real? ¿La turística y feliz colapsada con hotelería completa y mala cocina por mucha demanda o la no turística, apurada, recluida en infinidad de edificios y cuartos vacíos con mala cocina por poca demanda? Ni siquiera vale la pena hablar de las rivalidades: si un equipo de fútbol arrasó la reserva ecológica para hacer su predio de entrenamiento, un grupo de hinchas de su eterno rival hace poco desfilaron por todos los televisores del país mientras entraban muy tranquilos a saquear el mini mercado de una estación de servicio. Esto somos. Cientos de edificios que se quedaron en sus estructuras de la década de la 80 y ahora se vacían para instalar el gas “como Dios manda”. ¿Cuál es la otra Mar del Plata? Podría ser la ciudad en la que el periodista Bernabé Tolosa encuentra librerías extrañas: la fotocopiadora de Jara y Libertad llena de libros subrayados y a mitad de precio, o la librería dentro del café en Independencia y Balcarce donde los libros en los estantes se ocultan detrás de redes de pescadores y para que te digan el precio tenés que esperar tres días hasta que te llega un mensaje al teléfono celular con el valor a ojo. Pero nada de eso es Mar del Plata. Hace unos pocos días murió el padre de uno de mis mejores amigos, sin palabras, tratando de evitar lugares ya transitados en el consuelo, mi amigo me dijo que iba a hacer con su padre, ese no era el problema, el problema era qué hacer con las cenizas. Dónde tirarlas. Lo usual es tirarlas en el mar, pero mi amigo fue claro: no tenía ningún recuerdo de su padre en el mar. Ni en la playa. No importa qué solución encontró, importa que eso también es vivir en la ciudad feliz de Mar del Plata


sábado, 20 de junio de 2015


Texto para la presentación de
"Ana, la niña austral" novela de Esteban Prado
19 de Junio 2015. En Bon Vivant

Hay un cuento tradicional italiano “El hombre que sólo salía de noche” reunido en un enorme libro con el cual Ítalo Calvino planeó convertirse en la versión italiana de los hermanos Grimm. El cuento habla de una mujer que se casa con un hombre que sólo aparecía de noche y del que todos desconfiaban, por obvias razones. En la noche de bodas, él le confiesa su secreto: está maldito, de día es una tortuga y de noche un hombre, y el hechizo solo puede romperlo si ella le es fiel mientras él da la vuelta al mundo. El relato se centra en las vicisitudes de la mujer que espera y debe cumplir su parte, pero a mí me quedó en la mente la otra historia: la de la tortuga que recorre el mundo para ser hombre de noche o viceversa.

Cuando me invitaron a esta charla me dijeron que leyera un texto propio para hacer informal la presentación, no me gustó la idea, me quejé pero cómo el tipo que protesta después que lo expulsaron y le cobraron penal en contra, me dejaron hablar y hablar y siguieron en la misma postura. Claro que me quedaba la última palabra, y es esta. Pero no quiero ser irrespetuoso. No voy a hablar de la novela porque eso fue lo pactado. La leí en tiempo récord, porque ese es el tiempo al que te arrastra y cómo me pasó con el cuento popular italiano, esta vez elegí dos personajes transitorios para seguir sus pasos y hablar de la novela a mí modo:

Primera extensión de la novela: El jefe, Javier.

Llevo meses así. Disgregado. Doble, triple, infinito. La realidad está alterada por dónde se la mire. Las cosas más simples no son ciertas. Despierto, hace meses, o años, con alguien en la cama y no sé si apenas dormimos sin tocarnos o cogimos como nunca antes en mi vida. Tampoco me animo a preguntárselo a mis amantes de ocasión. Mejor que se vistan, mejor que se vayan sin hablar dando las cosas por supuestas. Y así con todo. Hace un mes Luis se amputó un dedo operando maquinaria. Faltó dos semanas al trabajo y finalmente, a pesar de la ART y el juicio, le dejé regresar a su puesto. Me impresionó mucho volver a verlo, sobre todo porque veo su mano completa, y no sé si alguna vez dejaré de ver el dedo que le falta. Su mano tiene cinco dedos para mí y eso voy a declarar en el juicio, aunque me crean loco. Ya saben que soy puto, la locura los sorprenderá. Con el asunto de la niña austral fue distinto. Lo creí de inmediato. Acepté la divergencia entre lo real y lo fantástico. No dudé, ni me lo permito. Busqué en Google. Encontré miles de entradas, demasiada información y nada que yo pueda retener. No entiendo al mundo en el que vivo, ya no lo conozco, menos podría entender otro mundo y otras reglas: Dios, Adán, Eva, la teoría creacionista, el big bang, las partículas elementales, la teoría de las cuerdas, el universo en la espalda de una tortuga, la materia negra. No tengo dudas de que venimos del caos: ya desde el primer renglón es imposible ponernos de acuerdo. La niña austral es otra historia en el caos de la historia. Un producto, una consecuencia. La verdad o la leyenda de gusto agridulce. Y no lo puedo entender. No puedo distinguir entre una mujer cualquiera y una niña austral, así como no puedo distinguir si fui a un concierto o creo que fui porque vi el videoclip en la televisión. Soy un imbécil que grita “yo no soy nadie” cuando cree serlo todo. No quiero aparentar ser una cosa, ni quiero ser esa cosa. Por suerte no soy una niña austral. Ni siquiera comparto la dicha del sexo. No puedo ni quiero pensar. Tengo miedo de ser cruel para ser amable. De criar a un perro con tiranía para que salga bueno, o de criarlo con libertad para que no sea malo. Hago click en un vídeo de youtube porque una masa de anónimos hace lo mismo. El título dice “La niña austral” pero no es lo que yo quiero ver. Yo quiero ver que no soy una mentira. Que solo estoy disgregado y perdí la capacidad de distinguir si el mundo es real. Para sentirme humano empecé a usar perfume y tengo una horrible alergia que me pone roja la piel del cuello y me hace arder los dedos de las manos. ¿La niña austral podrá usar perfume para su amante? No soy educado, si entro a un lugar no saludo, si sube un viejo al colectivo cierro los ojos y me hago el dormido. Las mujeres que trabajan conmigo se quejan todos los días que soy una insufrible. Los hombres que duermen conmigo dicen que soy poco cariñoso, que ronco, que tiro de las cobijas y me olvido si ellos tienen frío o no. No hablo mucho y cuando lo hago digo cosas fuera de lugar. Nadie parece entender mi sentido del humor. Algunos dicen que es un humor difícil de entender, yo digo que son unos idiotas. Si me piden en la calle sólo doy cuando tengo miedo. Si me gusta un hombre, prefiero perderlo antes que decírselo. Si como en la cama, me gusta que queden migas entre las sábanas. Me gusta despertarme a la mitad de la noche y sentir que las pequeñas cáscaras filosas de pan se clavan en mi piel, como caricias de la niña austral. Me gustaría saber un poco más de la niña austral, entender si a él lo calentaba el lado fantástico o sólo era amor, si lo excitaba cogerse una leyenda o se sentía un muñeco, el títere de una historia escrita y repetida desde el principio de los siglos. Si lo vuelvo a ver, se lo pregunto. Si lo vuelvo a ver le digo que la niña austral me daba miedo. Sus ojos, su pelo, todo lo que nunca vi de ella me asustaba. Ni siquiera la vi en sueños porque no distingo el sueño de la realidad. Si lo vuelvo a ver le hablo del miedo que sentía por ella y también le digo a él que, a pesar de qué sé que es insoportablemente heterosexual, me gustaba un poco. Un poco bastante.



La hermana de Córdoba

El recuerdo de la última vez que vino mi hermano a casa es difuso. Se mezcla con nuestra infancia. Ahora soy vieja, soy una rama que no aguanta el peso y vuelve al suelo, y todos esos recuerdos no tienen el mismo sentido. Las canciones que bailábamos con mi hermano ya no se escuchan en la radio y caigo en sentimentalismos que antes odiaba. También hago enumeraciones desmemoriadas y pienso que todas las mujeres y todas las piedras son igual de intuitivas. Hoy el día dura lo que duran las noticias repetidas de la televisión. A veces son semanas, a veces una hora. El sol y la luna son recuerdos que viven afuera de esta habitación.

La última vez que nos vimos, nos acordamos de cómo la abuela se enojaba porque yo me comía las uñas. No sé porqué hablamos de ella. Sí sé que ahora, que soy la más vieja de la familia, no tengo dientes para masticar las uñas que sobresalen de mis dedos.

Esa última vez, mi hermano me prohibió las lágrimas, las despedidas, la nostalgia. Dijo que lo aprendió de Ana. También me prohibió que repitiera los juegos de nuestra infancia; es un detalle hermoso que te prohíban cosas que no recordás. Para una mente vieja, fragmentada y caprichosa, cada recuerdo es un tesoro. Cada memoria que regresa, un regalo de la vida. Por ejemplo: tengo ganas de pisar esos bichos pequeños y duros que son las cucarachas engordadas por la humedad y la basura que  se acumula afuera, en el patio al que ya no salgo. Las cucarachas entran por los agujeros que se hacen en el marco de la puerta, en la ventana, en las grietas de la pared y el techo. Son como los recuerdos, se abren camino donde no hay lugar para volver. Las cucarachas hablan, murmuran. Duermen en mis chinelas, en mis vasos de agua, en el baño sin puerta que miro desde la cama. Y yo las odio. Quiero –deseo– pisarlas. Sentirme Dios. Porque el día que muera, pequeña y encorvada, con la piel reseca de mi cáscara, ese día quiero sentir que alguien pone su pie descalzo sobre mí –como quiero hacer ahora con estas cucarachas– y su pie descalzo sobre mí, aplasta mi cuerpo sin sentir asco ni amor ni nada, sólo la necesidad de cumplir con su trabajo odioso e imprescindible.


Ese día bajará la marea, la playa se llenará de juguetes. Habrá camiones de plástico color rojo con pececitos amarillos y negros atrapados en la cabina del conductor. Habrá muñecos semienterrados que no escapen de la arena. Habrá pelotas. Tanques de guerra. Osos de peluche. Mesas para té. Rompecabezas incompletos entre caracoles rotos. Y alguien dirá que la vieja que murió conoció a una niña austral. Y cuando suba la marea, el día de mi muerte, la ciudad quedará bajo el agua. Las vecinas subirán a sus hijos en los botes amarillos y esperarán. Los hombres cargarán los televisores sobre sus cabezas. Los enfermos nadarán en sus camas de hospital y, mientras algunos huyen al horizonte, otros visitarán a sus parientes sanos. Los presos tomarán sol en los techos que sobrepasen el nivel del agua, los fieles buscarán a un viejo llamado Noé. Todo eso sucederá, pero nadie malinterpretará los signos. No pensarán que fui una niña austral. Sabrán que mi hermano conoció a una. Seré una simple vieja que muere, como las cucarachas. Aunque si mi viviera mi esposo él podría refutarlos: hubo un tiempo que fue hombre y fue tortuga y yo hice de todo para liberarlo de la maldición. Esa es la magia que le dejo al mundo, además de dos hijos y todos mis nietos.


miércoles, 27 de mayo de 2015




Todos éramos hijos
María Rosa Lojo

 
Angustiados, temerosos y olvidados, los personajes de esta novela, casi al final se preguntan: ¿Qué podemos significar nosotros? Somos gente común. La respuesta es categórica: Ninguna sociedad cambiaría sin las personas comunes, del montón.
Esta novela no es del montón. Todos éramos hijos se divide en tres actos y tiene un cuarto acto o cuarta parte o acto final que se transforma en una obra de teatro breve y reveladora, que se titula Casandra-Frik habla con los muertos.

Frik es la protagonista de esta historia, tanto como lo es el país en los años previos a 1976, en la vida que va desde la aparición y asunción del Tío Cámpora hasta el regreso del padre de todos los hijos, Perón. Esta novela es tanto la historia de familias que crecieron en un clima extraño y violento como la historia del porqué de esa época asfixiante donde se gestó todo el mal que después explotaría.

Frik está en el colegio secundario. Colegio Católico. Frik no se llama Frik, se llama Rosa, pero ese apodo puesto por una fugaz estudiante de intercambio norteamericana desplazará su nombre a lo largo de la historia. Frik está parada, formada, escucha el himno y no puede contener las ganas de ir al baño. Frik se moja la ropa, la pierna, las medias y el zapato por permanecer estoica, indiferente y altiva. El resumen de una parte de la sociedad que atravesó esa época. Los otros factores de esa sociedad no están resumidos, están ampliados y explicados en la novela. Frik va a ser Kate Keller en la obra de teatro que se interpretará en la escuela. All my sons es la obra de teatro que Arthur Miller escribió como crítica al Sueño Americano y que será interpretada por un grupo de alumnos de un colegio católico a principio de los 70 en la Argentina y que los acercará a la parroquia y la política, algo que en ese momento no se podía separar. Frik entiende, pero no participa. Quizás el miedo, la inacción o la resistencia se la transmitieron sus padres, Ana y Antonio, dos sobrevivientes y prófugos del régimen Franquista. Régimen que albergó a Perón, el padre de la patria y la libertad que vuelve a traer amor.

La novela habla de la adolescencia, de amores no correspondidos, de la sexualidad, de la homosexualidad, de la política, de la fe, de Dios, de la vida, todo rodeado de un ambiente eufórico para aquellos que creen en el cambio y de infelicidad para los que piensan que nada puede cambiar. Hay una escena en particular que marca a los escépticos: el padre de uno de los compañeros de Frik coquetea con ella, le da para leer el Señor de las Moscas, de Golding, escrito en inglés. Ella nunca se lo devuelve, pero siempre quiere preguntarle por qué se lo dio. ¿Qué esperaba que aprendiera? Cuando él pueda, le contestará: “El mundo humano es cruel. No hay buenos salvajes. Ni siquiera entre los niños que creemos inocentes. Hay lucha de poder y engaño y sumisión. Siempre. Y también a los que se interponen con la voz de la sensatez se los ejecuta.”

Frik termina el secundario y se anota en la carrera de Letras. Es entonces cuando la presencia política toma mayor relevancia. Aunque ella se mantenga al margen. El regreso de Perón no es una fiesta, es una masacre. Todos se autoproclaman responsables de la victoria. Los jóvenes por jóvenes y montoneros, los viejos por sindicalistas y curtidos. Los que resistieron desde el 55 se consideran imprescindibles, igual los que leen a Marx y sueñan en el socialismo. No hay lugar para los dos. Se enfrentarán en Ezeiza. Se tiraran muertos y serán expulsados de la plaza cuando el brazo se tuerza a favor de los mismos de siempre. Hay (quiero leer) en la novela, una sutil comparación con Perón como si fuera Cronos, el Titán que derrotó a su padre Urano para gobernar el mundo y que luego fue derrotado por sus propios hijos (sindicatos y montoneros, enemigos entre sí, enemigos del propio padre dominado por un brujo y el recuerdo de una mujer muerta) en lo que se conoció como al gran guerra, la Titanomaquia.

En ese contexto sigue la vida de Frik. En ese contexto se desvirtúa la vida de sus compañeros de la obra de teatro, de sus padres y de un país que va camino hacia un solo lugar: la infelicidad.

“¿A qué huele la infelicidad? A puertas cerradas y opacas, a persianas bajas, a polvo acumulado sobre los muebles, a zapatos que se tuercen sin que nadie cambie los tacos, a  ropa sin lavar, a todo lo que amarillea y se deteriora sin terminar de desintegrarse dentro de cajones ocultos, a los que solo el desdichado tiene acceso.”



martes, 31 de marzo de 2015

Pepita La Pistolera



Recta final de la reconstrucción parcial e inverosímil de Pepita La Pistolera. Debo confesar el uso y abuso de las crónicas escritas por Alarcón, Del río y muchos otros. Borré. Corregí. Inventé y traté de ser imparcial. Crecí en el puerto, donde ella vivió. Pasé mil veces frente al bar 444 para ir al Cine Normandie y nunca asocié ese pool con ella (incluso temo que mi memoria falle y haya unificado dos hechos que sucedieron en distinta época) pero ese descubrimiento me llevó a preguntar a los que me rodean si sabían algo sobre ella. Y descubrí que Margarita Di Tulio estuvo en todas partes.
Un colega médico me contó que atendió en el hospital Interzonal a uno de sus hijos (fallecido) y que ella quería pagarle la operación que otro médico iba a realizarle en un sanatorio privado sacando la plata de su ropa interior y en medio de la sala. Una enfermera llamó a su hermana mayor, quién resultó haber sido compañera en la escuela primaria de Pepita. Tiene el mejor de los recuerdos de ella como compañera en la Escuela N°12. Sólo una vez más la volvió a ver, cuando tenían 17 años. El amigo Sebastián Chacón, conductor de radio, me contó que en su época de playero en una estación de servicio, todas las madrugadas llegaba Pepita a desayunar y leer el diario. El jefe de enfermeros del HPC, donde Margarita Di Tulio murió, no recuerda nada de los tres meses que ella estuvo internada. Mi viejo, que tuvo 20 años una zapatería en el corazón del puerto, tampoco, aunque me sirvió para recordar las épocas en que el Circo Rodas sacaba a pasear a su elefante por las calles del puerto para promocionar sus espectáculos y las procesiones desde la Iglesia La Sagrada Familia hasta las banquina de los pescadores. La confesión más interesante me la hizo Juan Carrá. Su libro a escribir es la historia de esta mujer. Se entrevistó con uno de los hijos y desistió de la idea ante la exigencia de una suma considerable de dinero por información y autorización. Pero no solo sabe esto Carrá. También sabe que uno de sus sobrinos estuvo en el Gran Hermano. Ese ojo de Orwell que se hizo producto televisivo y donde Margarita, y sus extensiones, no podían dejar de estar. Acá el link para ver a su sobrino en Gran Hermano


NOTA: Este material de lectura descartado fue parte de la búsqueda para escribir una necrológica de Pepita La Pistolera a leerse en el Festival Filba 2015 en Mar del Plata. El resto del material aquí no publicado se leerá en la presentación el viernes el viernes 10 de abril a las 22:30 en el Residencial Mundo Dios. Aquí el programa de esa noche

jueves, 12 de marzo de 2015


Profanaciones

Giorgio Agamben


Es en la angelología iraní donde Genius encuentra su más límpida, inaudita formulación. Según esta doctrina, el nacimiento de todo hombre es presidido por un ángel llamado Daena, que tiene la forma de una bellísima niña. La Daena es el arquetipo celeste a cuya semejanza el individuo ha sido creado y, al mismo tiempo, el mudo testigo que nos acecha y nos acompaña en cada instante de nuestra vida. No obstante, el rostro del ángel no permanece idéntico a lo largo del tiempo, sino que, como el retrato de Dorian Gray, se transforma imperceptiblemente con cada gesto que hacemos. con cada palabra, con cada pensamiento. Así, en el momento de la muerte el alma ve a su ángel venir a su encuentro transformado según la conducta que haya tenido a lo largo de su vida, en una criatura todavía más bella o en un demonio horrendo, que le susurra: "Yo soy tu Daena, aquella que tus pensamientos, tus palabras y tus actos han formado". Con una inversión vertiginosa, nuestra vida plasma y diseña el arquetipo a cuya imagen hemos sido creados.