jueves, 19 de abril de 2012


Virgen. En todos lados es lo mismo. Lo sé no sólo por el lugar donde crecí. Lo sé por las películas. En todos los barrios, con alguna variación en la historia, existe una virgen tal, que si una pelota de fútbol cae en su descuidado jardín, esa pelota debe ser considerada como perdida. Las variaciones en la historia incluyen la presencia de perros rabiosos, solterones huraños, maestras de escuela seductoras y ángeles caídos y olvidados.

La más extraña de estas historias incluye a una virgen que devolvió una pelota de trapo en vez de la original, a la cuál vendió para alimentar a su bebé. Hasta ese punto la historia es triste, pero el agregado modifica esa impresión. Al ser la niña virgen, todos consideraron que el bebé era imaginario, además, con el transcurso de los años, nunca nadie vio a aquella criatura. Pero, aún hoy, en ese mismo barrio, los vecinos más cercanos escuchan llorar a un bebé desde esa noche y todas las noches, y cada mes llevan como ofrenda una pelota nueva que arrojan al jardín.

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