sábado, 30 de noviembre de 2013

Nuestra Señora de Hiroshima, novela de Patricio Chaija



Nuestra Señora de Hiroshima, de Patricio Chaija, es una historia de fantasmas, de aventura, de amor como solo se puede tener en la infancia hacia los amigos, los animales y los padres. Es una historia de descubrimiento y también es una historia del género fantástico. Es todo eso a la vez, simbolismo y pureza en medio de un desolado páramo de destrucción.


Todo empieza con Laura, una niña pequeña que viajó con su familia desde Argentina hasta Tokio. Laura está fascinada, todo la deslumbra y le eriza la piel de los sentidos, desde el gusto hasta el tacto, desde la mirada hasta el silencio. Pero no deja de ser una niña que extraña su casa, su perro, sus amigos. La descolocan las raras letras en los infinitos carteles de información que adornan las calles y el cielo de la ciudad artificial. La niña quiere volver, y su padre usa, como un conjuro, como la llave a la aventura una palabra combinada y mágica: tren bala, y Laura sabe que ahí empieza la aventura.

Al principio de la aventura conocerá a Sadako, una niña como ella que busca a su gato, Neko, y que las encontrará solas y hermanadas cuando el mundo explote y se vuelva negro y la lluvia también sea negra, aunque un poco más que el cielo y el polvo: negra como la brea, como los ojos cerrados a la esperanza.

Junto a Sadako, y dejando grullas de papel como Hansel o Gretel adaptados a la mitología japonesa, recorrerán el camino de la desolación. A su paso encontraran cuervos, troncos arrancados por las manos de la explosión que se comportó como un gigante rabioso, pozos, altares de budas, gente sin cara (sin orejas dientes ni nariz) así llegaran a la casa misteriosa de Tetsutani donde se limpiaran de los restos de la explosión, donde querrán entrar a sitios prohibidos, como la habitación del hijo Shinichi o a los espejos donde los fantasmas viven, además de vivir en los reflejos, el techo y las ventanas, lugares del japón que nos propone Chaija.

Chaija (esto no lo supe al leer la novela, lo supe después al leer una reseña de José María Marcos) toma la historia de Sadako, “la niña de las mil grullas”, que vivía en Hiroshima cuando Estados Unidos arrojó las bombas atómicas sobre la población civil. Sadako tenía 2 años el 6 de agosto de 1945, y crece como una niña sana hasta que se manifiesta su leucemia. Alguien le cuenta que los dioses pueden conceder un deseo a quienes realicen mil grullas de origami, le regalan su primera grulla y Sadako inicia su tarea y muere a los 12 años de edad, habiendo fabricado 644 aves de papel.

Laura, la protagonista de este novela, como el lector, tampoco conoce la historia de Sadako al realizar su peregrinación hacia “Nuestra Señora de Hiroshima”, y no necesita conocerla. No es capaz de juzgar lo que vive; ella, piensa, que un dragón escupió fuego y los maldijo con su tormenta; ella es inocente, por fortuna. A su paso encontrará muchos otros inocentes: al bebé kiboo durmiendo en un círculo de muertos, a un tal Yesunari que cuidará el destino de los libros, a una mujer que al momento de la explosión tenía el brazo fuera de la ventanilla del auto y ahora sólo tiene garras y uñas negras, a Haruki y Riu dos amigos muy parecidos, y también encontrará a los otros, a los culpables, a los monstruos que controlan las puertas, los pasadizos y todos los puentes, a los hombres cara de chancho, al dragón maldito que escupió fuego en el cielo y causó la guerra.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Sobre Poleas, libro de cuentos de Giselle Aronson



La virtud de un relato corto, la exactitud; el riesgo, la abundancia. En pocas palabras se juega el todo. El cuento puede engordarse de adjetivos y sonidos, la novela aún más, puede ser la obesa que lucha con la balanza de sus palabras, pero el relato corto está para otra cosa. Giselle Aronson, consciente del riesgo que asume, dividió sus cuentos cortos en partes:

La primera (extensidades) tiene uno de los cuentos más largos de este libro y más precisos. "Persecuciones" abre el libro y fue una sabia decisión, es el cuento una sabia muestra del horror en lo cotidiano. Una mujer perseguida no dejará nunca de sentir (y hacernos sentir) que la catástrofe es inminente. A este cuento le sigue "Manual" el cuál me hizo enojar, porque un hombre sufre un mal que le hace crecer las manos y consulta médicos que no le saben dar una solución: no tengo duda que nunca consultó a un buen médico clínico, yo mismo, sin llegar a serlo, tengo dos o tres diagnósticos diferenciales que me gustaría discutir con la autora. "Cena a la vista" vuelve a convertir un mundo pequeño en todo un universo. Y en "Sin red" encontramos un hilo conductor de todo el libro: la informática, la modernidad, las nuevas tecnologías. Siempre es interesante ver cómo los nuevos escritores (porque uno tiene que copiar, que buscar un referente, algo para no sentirse tan solo leyendo a los que escribían hace 20 años que ni wi fi tenían) y Aronson se mete con la tecnología: en "sin red" (y ya nos metemos en diferentes secciones del libro) nos plantea un apocalipsis para el adicto a la cibernética, en "Inteligencia artificial" en "Puede fallar" en "En bandeja" y, por supuesto, en "Smartphone" el hermoso cuento que cierra este ciclo. Volviendo a la primera parte "Zoom", es el relato de las fotos que anticipan el futuro mezclan la vieja versión de "La profecía" cuando el fotógrafo sacaba foto donde se veía como morirían las próximas victimas del diablo con un juego temporal preciso.

La segunda parte se llama (Potencia) y se podría llamar Knock out, contundencia, escopetazo entre los ojos, etc. Son cuentos breves, muy breves, algunas de dos líneas, otros de 50 caracteres, que cuentan con eso: una potencia envidiable, hay algunos que juegan con cambios de palabras, otros con un narrador abusado (por el padre y por el dinosaurio Barney) y entre golpes bajos justo por encima del cinturón y certeras bombas de humo asesinas hay un cuento que se llama "El hallazgo" que tiene una particularidad que lo hace único: no se puede leer en voz alta. Pierde su gracia su libertada. Sólo puede ser rumiado en la mente, sólo su imagen y su sonido pueden ser procesados por el cerebro: leerlo es como mirar los códigos que caen en las pantallas que le mostraban a Neo cómo era la Matrix cuando el traidor Panzer le decía que sabía que estaba equivocado de haber tomado la pastilla que lo llevó a la matriz. "El hallazgo" es el conejo blanco que hay que seguir para entender (disfrutar) la literatura de Aronson. Para entender que después se puede dar el lujo de coquetear con el martín fierro, con la infancia de borges, con fontanarrosa en su bar, con la odisea, y con las cosas cotidianas como la ex que se venga del hombre que la dejo y que casualmente se cruza en el bar de las venganzas latentes.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Don del agua, de Tatiana Goransky



Don del agua es una novela hermosa. Húmeda por donde se la lea. Tiene palabras que conjuran el aburrimiento: rabdomante y zahorí (sobre toda esta última que me remontan a mis Héroes del Silencio cuando Bunbury cantaba “el zahorí buscando agua”) y aunque Don del agua podría ser la historia de un barco, de una familia o del mar, es la historia de dos hermanos, de uno que tenía buena suerte y del otro que necesitaba ser supersticioso. Para definirlos absolutamente: uno es fanático de Jacques Costeau y otro de la película El abismo.


La novela se divide en capítulos anárquicos, que, aunque siguen el orden de un diario (por un momento) no se numeran por día u hora como en las tradicionales bitácoras. Hay notas a pie que suman y enriquecen a la lectura sin quitarle ritmo y que actúan como disparador para un camino lateral de la imaginación obligándonos a parar un poco, a tomar aire, como si el lector saliera del agua, para saber qué carajo está pasando. Hay más. Mucho más. Hay apuntes inconclusos de una periodista que arma una historia familiar digna de los Buendía pero sin tanto siglo que recorrer. Hay historias de infancias crueles, de madre africanas que pierden a sus hijas, de entrenadores que pierden sus manos, de hombres a la mar que se calman entre sí o recurriendo al cuerpo de una mujer encerrada en un camarote.

Otro intento de resumir la historia sería así:

Un extranjero, Swami Nettan, funda una comunidad y requiere del albino Saulito para encontrar agua. El albino Saúl es un zahorí, tiene el don de encontrar el agua bajo tierra, de saber dónde está sin oírla ni velar. A esta comunidad el extranjero la llamará el Reparo Candoroso. Los hijos de Saulito serán Juan, El Capitán, el mayor, de quien su madre engordará 42 kilos durante el embarazo y quien tardará 42 días en salir, que terminará de marino en Mar del Plata ahorrando cada centavo ganado en la pesca para comprar su barco, el N, aunque no cada centavo, porque mucho invierte en los cabarets del puerto: en Acadama, Las palmeras, Farolito rojo, aunque con el paso de los años le pierde el gusto al amor comprado; de este leeremos su cuaderno privado número 8, donde narra su extraño viaje marítimo a bordo de su barco, el N, donde sueña dos cosas: encontrar un tesoro y que Groenlandia se expande y es el mundo. El otro hermano será Abel, Buzo, el menor, concebido en las aguas termales de Cacheuta, a diferencia del primer embarazo, hizo adelgazar a la madre entre 4 y 4 kilos y medio. Abel no frecuenta cabarets. Abel conoció a su mujer durante la fiesta del mejillón en Mar del plata, (sí, corrí a goglear si la fiesta del mejillón existe, y y… les dejo la inquietud) ciudad a la que es exiliado en sus aventuras entre marinero y buzo donde es sometido a un riguroso entrenamiento de sumersión en “aguas turbias” o “de poca visibilidad” como esta atrevida escritora califica a las transparentes aguas de nuestra ciudad de Mares de plata. Abel heredará entre otras cosas el barco de su hermano, y cosa inconcebible para los hombres de mar, le cambiará el nombre por Reparo Candoroso para hacer, también, un viaje.

Completan la travesía: Oat, un príncipe africano, que vive en Benguela (otra vez tuvo que recurrir a google para saber que es una de las 18 provincias de angola) acompaña a El Capitán en su viaje y se entrena después con su hermano Buzo y navega con este en el ex N, ahora Reparo Candoroso. Y la periodista Luisa Blumes a quien la editora de una revista le encarga que escriba sobre la tragedia del barco Reparo Candoroso y entiende que para contar una buena historia tiene que trazar un mapa biográfico de los Expósitos. Y el extraño mapa biográfico de los Expósitos es esta novela llamara “El don del agua” de Tatiana Goransky.


Nota al pie: para una muestra de la escritura Tatiana Goransky leer la "leyenda del número 42" que aparece en la página 82 de esta novela.

martes, 12 de noviembre de 2013


Disección de un gran libro:


Hasta las seis hay tiempo
de Carolina Bugnone

En forma parcial esto dije o pensé del libro de Carolina Bugnone para su presentación en la 9 feria del libro de Mar del Plata:


1) El libro objeto. Se pueden ver. Este libro pequeño es simpático (no como la amiga que nos quieren encajar en una cita a ciegas) es apreciable, entrador, entrañable, hay una larga lista de sinónimos y ninguno que encastre mejor. Se adapta, como esos primeros celulares que competían a ser pequeños. Este libro objeto se adapta a las necesidades. Se puede sacar de la manga en una mesa de póker sin que nadie lo advierta. Se puede leer mientras auscultan los pulmones en el punto ciego del paciente en el consultorio.
El libro objetivo tiene ganada la partida con la primera mirada.

2) El libro contenido global es otra cosa. Tiene una lucha más intrincada con el lector. No se puede leer irrespetuosa ni intempestivamente este libro contenido. Sus historias son ricas, y necesitan concentración. El libro contenido global tiene una característica que gusta particularmente: la escritora supo mimetizarse con sus cuentos, y eligió el ámbito del anonimato. Y esa es la gran virtud de este libro contenido global.

Las fuentes para los escritores son variadas. Siguiendo con la arbitrariedad, podría decir (copiando no me acuerdo a quién) que son de tres tipos: La principal son los otros, la gente. La segunda son los documentos, los libros, y la tercera es el mundo que nos rodea: los colores, los sonidos, las temperaturas, los animales. En este libro se recrean muy bien los climas, se siente a Entre Ríos como si el lector se hubiese criado a la vera del río Uruguay.

3) Y por último el contenido individual: Los cuentos se pueden disecar en tres partes:

Entreríanos: El cosito. La alcantarilla. La última.

Encimismados: La zapatilla. El triste. La mosca.

Citadinos: El dedo en la llaga. Nico y valen.

Del primer cuento “Humo” impacta la precisión de su brevedad. Y de tan preciso no se puede resumir hasta no escuchar la frase del amigo Bunbury “nunca pensaste que los sueños demandarían tanto de los dos” donde queda demostrado que Bunbury leyó el cuento sin saberlo.
"El cosito" es masticar una manzana deliciosa y en un momento comer lo agrio, y después, por más que venga lo dulce, uno espera la trampa y ya no le tiene confianza a la manzana, claro que tratándose de entrerianismos debería hablar más de mandarinas o naranjas.
"Hasta las seis hay tiempo" es una vuelta de tuerca a la infancia, hay una sirvienta, hay una quietud, una necesidad de postergar la felicidad que se diferencia por la presencia de lo fantástico en este cuento en contra de la cruda realidad de "La alcantarilla".

"La última” tiene la escena de una nena a la que en el colegio le levantan la pollera y le miran la bombacha. En “Biografía del hambre” de Amelie Nothomb a la protagonista-niña directamente la desnudan y ella reacciona con pasividad. Es una escena fuerte y perturbadora. Por la violencia de los atacantes y la quietud de la víctima. En el cuento de Carolina Bugnone la víctima reacciona. Y esa reacción atraviesa todo el cuento, y quizás también todos los cuentos.

Y, el mejor cuento, es el último. Nico y Valen, del que no conviene adelantar nada para poder disfrutarlo en su totalidad

jueves, 7 de noviembre de 2013

El escritor que quería ser Cristiano Ronaldo


Es argentino, y no quiere ser Messi. Quiere ser Cristiano Ronaldo. A cualquier extranjero le puede sonar extraño, pero no lo es. Si eligiera ser tenista nunca sería Del Potro, el escritor, nuestro escritor, sería Federer. Y no sólo el apellido, sería Roger también. No es difícil entenderlo, se crío alimentado por las leyendas de quienes vivieron la época de la plata dulce y a él mismo le tocó ser adolescente durante todo el Menemato. Por eso el escritor no quiere ser Messi.  Quiere ser Cristiano Ronaldo. Por eso asiste a todos los eventos literarios de su ciudad. Él tiene que jugar siempre. No importa si está sentado en la mesa de presentación o entre el público. Él hablará. Si está entre el público esperará paciente la hora de las preguntas y nunca, pero nunca, hablará sin micrófono; sabe que la atención que se genera hasta que el micrófono llega a manos del espectador es lo suficientemente generosa como para hacer que hasta el más aburrido se de vuelta a mirar al que pregunta. Pero claro, él no pregunta. Él opina, él diserta o genera una polémica; nunca pregunta. Eso es devolverle el brillo a quién le corresponde, y el no está para tirar centros, él está para cabecear al arco desde el borde del área menor. Por eso se siente más cómodo cuando presenta un libro suyo. Y ni que hablar cuando este que quiere ser Cristiano Ronaldo presenta un libro ajeno. Siempre se las arregla para salir perfecto en todas las fotos. Sonríe a todas las cámaras, y a veces hace el amague de firmar los libros ajenos y se excusa rápida y diabólicamente diciendo algo así como perdón, es la costumbre. Cuando presenta las novelas ajenas busca la cámara de foto o la de video y si hubiera pantallas miraría la repetición de sus comentarios. Si habla de libros ajenos siempre termina comparándolos con alguna idea suya o remitiendo a algún artículo suyo publicado en una revista inexistente. Así, también, disfruta contando anécdotas junto a escritores ya muertos que no pueden contradecirlo. Así nuestro Cristiano Ronaldo nos dice que Borges le enseñó a hacer una finta o que Soriano le explicó que a veces hay que dejar pasar la pelota para ir a buscar la pared. Nuestro escritor tiene un manual de citas que copia de la columna de la revista Ñ donde semanalmente se ponen breves comentarios de grandes autores. Y si el manual le falla, tiene la habilidad para mencionar a autores que nadie nunca leyó pero que poseen el renombre suficiente como para silenciar cualquier intento de refutación. Nuestro escritor que quiere ser Cristiano Ronaldo no ganó ningún premio, todavía, pero está siempre por ganarlo. Como a la entrega del balón de oro, nuestro escritor se pone su mejor traje, se acomoda el jopo con gel y se mira una o dos horas al espejo buscando imperfecciones. Ensaya su mejor sonrisa falsa y asiste a la entrega de premios donde nunca gana, donde algún enano subdesarrollado, favorecido por las vitaminas que le dio algún plan del gobierno tercermundista de donde salió, se lleva el mejor premio en su cuerpo enjuto de rata de biblioteca, mientras él, alto y esbelto le sonríe a las cámaras que lo enfocan más tiempo, porque siempre vende más encontrar el gesto de fastidio en la sonrisa del perdedor. 

domingo, 3 de noviembre de 2013

Spanglish


I have another confesión para hacerles. Me gusta plagiar canciones. Canciones en inglés. El problema es que no sé inglés. I know lo básico. Lo mínimo. No sé un carajo, wtf, para qué mentir. Entiendo lo que se puede entender de escuchar siempre las mismas canciones o mirar los mismos capítulos de the big bang theory, que no es nada, o que lo es todo pero no tiene nada que ver con la realidad; se parece más a lo que quiero que se parezca. Es como desear que Sheldon sea Sheldon y no un adulto actuando de nerd. Lo sé porque sé que la vida no es lo que parece. Lo sé porque varias veces he buscado la letra de la canción de turno en google y cortado y pegado en los fuckin traductores free y gratuitos. Y nada que ver con lo que pienso o imagino. Por eso hace tiempo que prefiero no saber qué mierda dicen las canciones en inglés. Que prefiero que where is my mind sea sólo el final perfecto de El club de la pelea. Prefiero quedarme con las dos primeras estrofas de Serve the servants y así sentirme libre de contradecir todo lo que otros aman de Nirvana. Prefiero ponerles mi letra y mi sentimiento a las cosas que no entiendo; por eso escribo, supongo, por eso reniego de my soul and my skin.