miércoles, 30 de noviembre de 2011

Oportunidad:



El hombre que acaba de salir se olvidó de cerrar la cuenta. Ni siquiera se acordó que tiene que sacar la tarjeta de débito. ¿En qué estaría pensando? ¿En qué nos convertimos cuando actuamos como autómatas ante las máquinas que están hechas para que así sea? Veo las luces de la pantalla del cajero automático. Trato de no leer. Me doy vuelta y espero que el hombre vuelva, pero no lo hace. Y para colmo estoy solo. O, como máximo, acompañado por las cámaras de filmación. Pero eso no importa, porque la mayoría de las veces no andan. Y en el peor de los casos, si las cámaras andan, no sirven como prueba. Eso lo aprendí en uno de los tantos programas que dan por la televisión. Además no pondré mi tarjeta después y no habrá registros de mi presencia aquí hoy. Miro el saldo disponible. Sacar el monto máximo me llevará unos segundos. Dicen que la oportunidad al ladrón. Dicen que estos momentos definen a la persona. Dicen que haga lo que haga, saque el dinero o no, mi vida, para bien o para mal, empezará hoy de nuevo. Esta sensación me gustaría que perdurara, pero tengo que apurarme, alguien puede entrar en cualquier momento.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Otro/a:


–Mirá, no sé cómo decírtelo.
–Como puedas. Como te salga.
–Mirá, yo sé que estuve mal, yo…
–Pará, disculpame un segundo que atiendo esta llamada… Hola… Sí, acá… Sí, recién… En un café… Sí… En esto estamos… No sé… ¿Te llamo después?... En serio… No sé… En cuanto pueda… Perdoname, tenía que atender. ¿Qué me estabas diciendo?
–¿Cón quién hablaste?
–No importa.
–Si es tan poco importante podés decirme.
–No empecés.
–No empiezo. Termino. Parece que termino.
–¿Ves? Ese es el problema.
–¿El problema?
–Y claro, te enojás por todo.
–El problema no soy yo. Sos vos. Que no podés estar un segundo sin contar nuestras cosas y consultándole a todo el mundo lo que tenés que hacer o dejar de hacer.
–¿Por qué no te vas un poco a la mierda?
–¿Sabés qué? Tenés razón. Me voy.
–Andá entonces. No me dejes plata para el café. Andate. Sí. Sí, sí. Andate a la mierda. Rajá. Sí, rajá. ¿Qué me mirás así? Chau y andate a la mierda… ¿Hola?... No me lo vas a poder creer… Sí, se fue… Sí, vos me lo dijiste… Pero hasta que pasó no lo podía creer… Sí, vos me avisaste… Venite… Sí, dale… Venite y te cuento todo con detalles… Dale, te espero…

domingo, 20 de noviembre de 2011

Onírico:


Un hombre de 87 años revivió un momento preciso de su vida. Tenía de nuevo 5 años y estaba en la casa de sus padres. Se subió a una escalera y desde el último escalón logró alcanzar la rama más baja de una enorme casuarina. Se despertó feliz. Había sido un buen sueño. Y fue el primero de muchos. A partir de ese instante y en noches sucesivas revivió casi todos los momentos de su adolescencia. Después, o al mismo tiempo, recuperó y volvió a perder a sus primeros amores. Incluso recordó una noche, solo, a los 18 años, cuando iba al regimiento donde hacía la conscripción y se le reventó una goma y se quedó solo, toda la noche, sin repuesto, en una ruta perdida. Esa noche vio un ovni. El ovni se detuvo sobre su cabeza y se fue. Pero esa noche lo vio. Y se había olvidado. A la mujer que lo cuida, su hija de 59 años, la situación la preocupó. Y más aún cuando el hombre mayor se empecinó en dormir un poco más. Primero se acostó a la hora de la siesta, cosa que nunca había hecho en su vida. Después, a media mañana, intentó dormitar en el sillón del comedor. Y a estas trivialidades le siguieron hechos concretos más preocupantes: el hombre mayor se automedicó con pastillas para dormir y se colocó una sonda para que las ganas de ir al baño no lo despertaran de noche. Como los otros hijos no le dieron una respuesta, y hasta apoyaron la rara conducta del padre, la hija que lo cuidaba sacó un turno con su médico clínico y obligó al padre a asistir el día de la consulta. Tras un breve interrogatorio un tanto incierto y un incompleto examen físico a desgano, el médico clínico le indicó que debía cambiar las pastillas que tomaba para la arritmia. El hombre mayor preguntó por qué tenía que cambiar las pastillas. El médico clínico le dijo que esas pastillas eran la causa de tener tantos sueños.

–¿Y quién quiere dejar de soñar, doctor?

–Su hija dijo que...

–Mi hija sacó este turno, y yo la acompaño por respeto. Respeto para con ella y para con usted, doctor.

–Papá, no podés seguir así.

–¿Usted dejaría de sentirse joven, doctor? –el hombre mayor no escuchó a su hija. Le siguió hablando al médico clínico–. ¿Usted dejaría que le quiten lo único que lo hace sentir bien?

–No, yo no quiero que usted...

–Los sueños son la única manera que encuentro de repetir el pasado. A veces sirven para remediar cosas. Y a veces sólo para disfrutarlas un poco más. Los sueños son reales y me hacen feliz. Y esta otra realidad, que también lo es, es sólo angustiante. Yo prefiero la felicidad y no la angustia, doctor. No sé qué prefiere usted. Pero yo prefiero cerrar los ojos y tener 15 años. Prefiero acompañar a mi viejo a las carreras del TC en la ruta. Prefiero llegar de la oficina y encontrar a mi mujer en casa. Prefiero apurarme, esquivar el tráfico, pasar semáforos en rojo y nunca llegar tarde a buscar a mis hijos que me esperan en puerta del colegio. Esas son las cosas que hoy prefiero hacer, doctor.

El médico clínico miró a la hija y pidió disculpas.

–No se disculpe –dijo el hombre mayor–. Y haga lo que tenga que hacer, doctor.

El médico clínico no rompió la receta que había hecho y se la dio a la hija. Le dijo que si quería podía seguir tomando la misma medicación o podía cambiarla por esa otra. Después les pidió que se fueran del consultorio.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Oximorón:



Palabra que, por ilógico que parezca, no es el nombre de un pescado de agua salada. En sobrados ejemplos de wikipedia explica que se trata de anteponer a una palabra su contraria para ridiculizar la escritura. La cantidad de veces que encuentro este defecto en mis autocorrecciones me hace definirlo como un tick nervioso de encadenar palabras grandilocuentes sin saber lo que significan.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Onanismo


A lo largo de su búsqueda, el recopilador encontró más definiciones de esta palabra que posiciones sexuales en las Mil y una noches que Borges le endilgó a la traducción de Barton. Destaca las siguientes, con una relación clara entre el primero y el séptimo:


1) Unos pocos minutos para desafiar a Dios, a la religión y a los santos evangelios

2) Soledad a veces muy concurrida

3) Frente al espejo, después, evito mirarme

4) El esperma en mano, de hombre o mujer, representa poco más de mil millones de hijos muertos

5) Agónico final de un amor frustro

6) Ostentación del dios fértil ante los estériles

7) Asegurarse, de forma placentera, un buen lugar en el infierno

jueves, 10 de noviembre de 2011

Nuevo:


El nuevo, cuando todavía ostenta ese título, tartamudea y trata por todos los medios de agradar, dice chistes moderados y bien intencionados (sobre todo se burla de sí mismo) y acepta de buen gusto todas las tareas que se le indican, pero, con el paso del tiempo su voz se hace firme, ya no le importa agradar y mucho menos hace chistes bien intencionados, todo lo contrario, es agresivo y provocador, hiriente y malintencionado si alguien quiere hacerlo trabajar más de lo que él cree que le corresponde. Esta máxima se aplica a cualquier trabajo, al género masculino o femenino, al negador y al confiado. Se aplica a todos por igual. Quien ahora levante la mano para decir “a mi no” no hace más que confirmar lo que ha sido escrito.