miércoles, 16 de mayo de 2012


XXY:


Cuando se malhumora reza pidiendo vacaciones en hoteles con jacuzzi y termina insultando a los croupiers porque no puede ganarse en la ruleta esas merecidas vacaciones. Pero todo dura poco (como la plata que pierde) y cuando se le pasa el malhumor invita a sus amigos y amigas a cenar soñando que va a poder bailar con antiguos amores despreciados. Antes de la fiesta se afeita sin usar crema y se vuelve a enojar, entonces sale a manejar porque es la única cosa que puede darle calma. Eso sí, si estaciona el auto no le deja propina a los trapitos que la insultan, y si agarra un bache se queja a los gritos de los impuestos municipales. Entonces maneja por la costa sólo para darse el placer de denigrar a los turistas que cruzan sus sombrillas en los semáforos. Si alguno le hace frente, se asusta y se apura en regresar a su casa. Entra el coche y esquiva a su madre que lo espera a la salida del garage porque “las tías que vienen a visitarla”, entonces se esconde y recién sale de su pieza cuando sabe que se fueron y puede buscar las masas que las tías olvidan en la mesa ratona y entonces le vuelve la alegría y programa cosas disparatadas: ir a un geriátrico, recortar medias de lana, armar títeres, salvar lobos marinos y ballenas, y así, feliz, llama por teléfono al diario para conseguir trabajo en un kiosco y armar los suplementos de los diarios a las seis de la mañana, pero siempre le dicen que no, que no el trabajo no está vacante y entonces se debe contentar con cruzar ciegos en las bocacalles, juntar los restos de los perros, y esperar que lleguen los amigos que uno a uno y una a una se irán emborrachando, hasta, que, arruinados, los tenga que llevar a sus casas y dejar uno a uno para volver cuando amanece con una resaca que le da dolor de cabeza y ganas de vomitar, y entonces, tras un largo día, ella se duerme en el sillón mientras el otro ocupa la cama.

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