jueves, 6 de marzo de 2014

Policial negro y argentino



¿De qué hablan cuando hablan de policial argentino? No lo sé, no soy entendido en la materia, toco de oído, como la guitarra y quisiera el violín, por eso, por instinto, y por haber leído tres novelas seguidas de Guillermo Orsi, me gustaría que hablaran de Orsi cuando hablan de policial negro argentino. 

Hace un tiempo reseñé Tripulantes de un viejo bolero (perezosos hagan click y busquen en el "libros ajenos" más arriba) Terminada la lectura de "Sueños de perro", demasiado cercana por estar en parte ambientada en Mar del Plata, con los tangos que se canta Gloria la Pecosa para después vender su amor por dos mangos, entré al mundo de "Ciudad Santa", una novela policial con personajes creíbles y bien delineados y una gran historia detrás. Hay una abogada que transa con la mafia, la gran feria de la salada, las mujeres y la policía decadente; una Miss Bolivia que escapó de su pasado sin escapar, dando un salto hacia adelante, viviendo de su belleza y los hombres, dejando un rastro de cadáveres decapitados como el camino de Hansel y Gretel; un proxeneta-diler apodado el Pacogoya, paraguayo, que podría ser cualquier cosa que la vida le pusiera adelante, desde actor hasta el mítico Che Guevara, pero en un diminutivo cheguevarita; Dos policías, Carroza, y el Oso, que participan en su propio destino con la libertad que da el titiritero a sus criaturas cuando las guarda en un cajón. Estos personajes, todos juntos, sí, dan vida a la Ciudad Santa, y nos ahogan hasta el final. Terminada la lectura arranqué con “Buscadores de Oro”, genial novela de menor a mayor (diría "in crescendo" pero lo remarqué antes, toco de oido), en fin, creciendo, como lo merece el género, de menor porque de un pequeño acto se refleja todo el mundo, a mayor porque la resolución está más allá de lo que podamos anticipar. El protagonista tiene una simple tarea ir a un pueblo a buscar el cadáver de un amigo, el Cabezón, que en vida fue el tipo que usó todo, menos su cabeza, porque meterse con la amante del dueño de ese pueblo chico no es de pensantes, y lo mismo se puede decir del amigo que se empecina en rescatar un cadáver que ya ni la muerte misma puede salvar. En el medio aparece un prostíbulo/güisquería de pueblo, dos payasos, el enano Chichón y su compañero normo/talla Palazo, el patrón del pueblo, su súbdito y sus matones, un Silo lleno de gente extraña, y un personaje de cincuenta y dos años que habla en primera persona como el actor/aleph: representa todos los personajes en un mismo momento de su vida.

A Guillermo Orsi lo vi una sola vez, o dos, pero el mismo día. Lo escuché en su charla durante el primer Festival Azabache, habló de la muerte de sus gallinas y sus perros en Córdoba y eso me animó a acercarle una novela mía. Irreverente, no había leído nada de Orsi y ya pretendía que él me leyera. Al menos me dio algo de vergüenza y habló más mi mujer que yo. Irreverente, me sentí en deuda. Estas palabras son una forma de saldar esa deuda, aún mayor después de haber leído y disfrutado estas cuatro novelas.

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