martes, 20 de septiembre de 2011

Jaula:


Me dijo quedate quieto un poco, querés. Y me quedé paralizado. Cerré los ojos y estiré las manos. El tacto me devolvió metal por todos lados, sí, pero discontinuo y con pequeñas porciones de espacio vacío entre medio. Abrí los ojos. Pude ver el sol por la ventana. Ella imitó la voz del cantante que desde la radio sentenció “ni siquiera tenemos amigos en común”. Dijo otras cosas, el cantor, pero ella ya no lo acompañó. Y yo sé que conoce la letra. Ella se enojó, otra vez, porque me moví. No quería que me moviera. No podía escribir si yo seguía arreglando la reja de la ventana. Yo no podía seguir arreglando la reja si ella quería escribir. Escuché un poco la letra de la canción. Ninguna frase se ajustaba a la situación. Vas a convertir la casa en una jaula, me dijo. Le hubiese contestado que en ese caso su novela sería la mierda del canario. Pero no dije nada.

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