viernes, 23 de septiembre de 2011

Leonardo Oyola - Kryptonita:



Un lunes como cualquier otro, de madrugada y en algún lugar de Isidro Casanova, un médico que lleva demasiadas horas despierto y de guardia en un hospital público recibe un caso urgente, como todos los casos que caen a esa hora, pero como ningún otro caso que ha tenido o ha escuchado contar a sus colegas. No se trata de un gitano, de un borracho ni un adicto. No es metalero con una hemorragia digestiva. No es una pendeja abortando. No es un remisero infartado por el viagra. No es un gordo con una fisura anal. No es un pibe que por correr una picada se puso el volante de corbata en lugar del esternón. No. Se trata de Nafta Súper, el líder de una banda local.

Nafta Súper es un héroe que no imparte justicia. Un ser humano tan especial como cualquier otro, que merece vivir, también, como cualquier otro. Algo así como un superhéroe al que le dieron de tragar su Kryptonita y por eso agoniza al entrar en la sala de emergencia. Así, con esa furia apremiante, empieza la nueva novela de Leonardo Oyola.


Al principio el lector quizás no decida cómo leer esta novela llamada “Kryptonita”. Si como ficción. Como realidad. O como fantasía. Y la verdad es que no es justo encasillar la novela en sólo una de las tres. Abarca todas estas posibilidades. Y abarca mucho más también. Esta incógnita nace en el primer capítulo donde una palabra tan médica como óbito (obitó cuando se convierte en verbo) impacta desde su argumentación precisa y exacta; quirúrgica, si se permite el término. Todo lo que se cuenta puede ser cierto, real, se puede vivir a diario: el retrato que el autor hace de las enfermeras, de sus realidades sociales, de su entrega y sufrimiento, podría contarse por miles de casos que reflejan la verosimilitud de un narrador implacable y certero que apunta: “las enfermeras viejas tienen hijos delincuentes o drogadictos y las enfermeras jóvenes salen con delincuentes o drogadictos”, y ese autor implacable, no conforme con la realidad de un office de enfermería, ataca sobre un probable teatro donde los médicos nocheros trabajan por el mango, los médicos de planta se rajan y menosprecian a los nocheros que ellos mismos dejan, y la policía de los hospitales decide quien debe vivir o todo lo contrario. Todo podría ser tan real como que un médico, harto de mirar el reloj sólo piensa “faltan 4 horas”, “4 putas horas”, sin que le importe que vida pueda salvar o ayudar. Al lector le toca decidir si esa realidad médica es ficción, exageración, o pura y puta realidad. Quien elija descreer, sepa, al menos, que se engaña.

Si se debe elegir un sentimiento que domina la novela Kryptonita, más allá de la hermandad de la banda, más allá de la violencia, del ruido y la furia, es un sentimiento de nostalgia. La tristeza por el recuerdo de un bien perdido. La pena de verse ausente de un lugar o de una persona amada. Kryptonita es una novela nostálgica, construida con escenas y diálogos acertados y minuciosos:

“En la calle está la verdad. No es que no haya guapos, Tordo. Uno aprende que no hay que ser guapo. No da jetear. No da soguear. Hay que ir a los bifes de una. Yo ya me cansé de ver giles que lo único que hacen es ladrar. Porque cuando la cosa se arma toda esa manga de putos lo único que dice es miau” Le dice un personaje al médico de guardia.

Y así se encadenan aciertos hasta que cerca del final de libro, otro personaje le deja al médico de guardia y a la enfermera una frase que dice como leer y entender la novela:

“Cuéntenla como quieran. Que somos dioses, que somos hombres, que somos buenos, que somos malos... Pero que se entienda que no somos fantasía. Que somos realidad. Y que cuando busquen copiarnos nosotros no andamos en pose porque somos los originales. Somos auténticos, man. Doña: nosotros somos de verdad.”

1 comentario:

  1. Seba, qué buenísimo lo que escribiste, me encanta, un beso a Furca si lo ves. que ganas de decirle que se quiera un poco, que crea en él, que no sufra, hermoso personaje, te debo un largo mail, a vos y a Del Río, besos

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