lunes, 13 de agosto de 2012




Monstruos invisibles

Palahniuk


Si la protagonista es una modelo hermosa y artificial debería haber puestas de escena grandiosas: un fotógrafo que pidiera estados de ánimo para reflejar en su lente, unas cuantas noches con un novio infiel, una amiga incondicional, fea y nada envidiosa y unos padres comprensivos que ayudaron a que la pequeña se convirtiera en tapa de revista.

Nada de eso. Se trata de una novela de Palahniuk. ¿Entonces la modelo es una prostituta cara? 
¿El fotógrafo trabaja para Playboy? 
¿El novio infiel es homosexual? 
¿La amiga fea es lesbiana y la amará hasta la muerte? 
¿La madre estuvo borracha durante toda su infancia?
¿El padre abusaba de ella?

Nada de eso. Se trata de una novela de Palahniuk. Y como él, por momentos, le hace decir a su esporádico narrador-fotógrafo:

Dale a Palahniuk algo de cinismo
Flash.
Dale a Palahniuk todo lo que es incorrecto.
Flash.


Entonces la modelo no puede hablar, no puede comer sólido: le dispararon en la cara y le volaron la mandíbula. No pueden reconstruírsela porque los pájaros le comieron la carne, la piel, el hueso. 

Entonces la modelo es un monstruo y para volver a la sociedad deberá hacerse invisible.

Dale a Palahniuk algo que genere escándalo.
Flash.
Dale a Palahniuk el morbo.
Flash.



La modelo conoce a un transexual que le devolverá la vida en el hospital. Con él y su novio ya perdido recorrerán casas en venta robando drogas de las habitaciones para vender y subsistir. Con ellos tratará de olvidar la Navidad que sus padres le regalaron miles de forros para que aprendiera a usar “y no se muriera de Sida” como su hermano.

Monstruos invisibles, en la belleza, en el hogar dulce hogar, en los hospitales, monstruos en todas partes. 

La novela es un espiral con irregularidades, la novela es una rareza. Dale a Palahniuk lo peor que se te pueda ocurrir, las ideas más retorcidas y Palahniuk te dará una novela.

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