martes, 18 de diciembre de 2012



Una noche en las librerías: De las reglas de Burroughs a Piazzolla


Estación de subte Ángel Gallardo. Bajo. Un calor insoportable. Un pánico escénico tan insoportable como irritante. La presentación de la novela es a las 20. El teléfono marca 19:30. Viene el subte. El asiento del vagón tiene olor a mil cosas. Un nene muy chiquito hace  malabares en el medio del vagón. Una nena muy chiquita estira la mano y cuando alguien se la toca le da un beso en la mejilla. Los primeros caen, los siguientes no quieren veces. Después viene el pedido, por los malabares o por el beso. El nene se va con unas monedas. La nena tiene mejor suerte. Un hombre de mi edad le dio un bollo de billetes de 2 pesos. La nena se sorprendió. Yo me sorprendí. No sé si la nena pensó lo mismo que yo. Ella los contó, miró al hombre de mi edad y le dijo gracias un gracias muy sincero. No sé si la nena tuvo el mismo miedo que tuve yo de la respuesta del hombre de mi edad. Por suerte dijo de nada y nada más. 

Estación Uruguay. Línea B. Al volver a la superficie un calor insoportable. Otra vez el miedo escénico que aburre de tanto repetirse. Mucha gente camina hacia todos lados. Sillones en calle Corrientes cortada. Actos públicos. ¿Todo el mundo está esperando que toque Julieta Venegas? ¿Todo el mundo vino a comprar libros? Y sin embargo la sala donde presento todavía está llena de gente que presta atención a un locutor de televisión que presenta un libro de autoayuda. 

La presentación. Por suerte hay caras conocidas y caras amigas. Pero el miedo no da tregua ni un segundo. Dicen que muevo la pierna todo el tiempo. Yo sé que tomo agua todo el tiempo. Gracias a todos los amigos que fueron. Gracias a los presentadores, gracias a... Se abren las preguntas al público. Un hombre más grande que yo, más flaco y más cansado se para para retarme. Dice que no tengo que justificar que gané el premio. Que no me tengo que preocupar si la gente va a recibir bien la novela. Es lo que yo hago, me dice, y que le guste a quien le guste. Lo tratan de callar con otras preguntas. Breve discusión si Mar del Plata es una ciudad de provincia o es un baño de servicio de Capital. Todo termina. Se acerca el mismo hombre más grande y me abraza. Yo soy músico, dice, y una vez estaba tocando la viola y entra Piazzolla, ¿y sabés qué hice?, me lo imaginé cagando, y no sabés cómo toqué.

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