miércoles, 19 de junio de 2013



Criminis Causa. de Juan Carrá.
En esta novela todos traicionan. Hasta la cocaína con su ausencia, como el autor mismo escribe.



Criminis causa es una novela que habla de la traición, del sálvese quien pueda, del líbranos del mal. Pero Carrá sabe, y sus personajes, sobre todo Walter, el Cabe, también saben que nadie puede salvarse del mal que lo rodea. Que todos son parte del odio y que el destino elige sorprendernos según la cara que tenga cada mañana al mirarse al espejo. Carrá y sus personajes saben que nadie puede escapar de lo que es.

Por capricho, se puede dividir la novela en 3 partes:
1) los escenarios, 2) una disyuntiva y 3) las mujeres

1. Los escenarios donde transcurren los delitos de la novela parecen, en una primera mirada, ser distintos; pero no lo son. Del barrio lujoso a la villa, de la catedral al santuario en la precariedad, y de los códigos a la comisaría parece no haber solución de continuidad: todo es parte de una sociedad violenta y enferma, ofendida en su ignorancia de mirar y no entender. Y lo que en verdad une a toda la sociedad que Juan Carrá describe es el desprecio por la vida, la propia y la ajena.El delito es un acto inherente a cada personaje. Ninguno se detiene a analizar si lo que hace está bien o mal. Eso no importa. Importa el cómo, no el porqué. Carrá habla de este tema en una entrevista que leí hace poco, él dice “hay un gran problema con el tema del delito: la derecha lo reprime y la izquierda lo justifica. Nadie se para a analizarlo”

2. El punto de la novela está en la escena en la cual un viejo socio le propone a Walter salir a robar. Walter, el Cabe, ya tiene peso específico, tiene nombre, y su amigo sigue siendo un raterito menor, una rata que no puede manejar ninguna situación y se pone demasiado nervioso por cualquier pavada. Pero, la ley implícita manda, y esa figura menor que fue su primer socio, que fue su mano derecha cuando eran dos nadas, ahora le reclama deuda que no existe, pero que el honor debe saldar. Entonces se plantea la disyuntiva para Walter: se arriesga a salir con su viejo socio pase lo que pase, o no sale y queda marcado como el que se olvida de los amigos.

3. Las mujeres en la vida del personaje Walter intercambian sus roles. Una de ellas, la mujer de su maestro, lo odia. Es extranjera está entrada en años y castigada por la vida, pero cuando tiene que cumplir defiende aún a quien no lo merece.La otra, su novia, la que debería amarlo en realidad lo odia. Es joven y por juventud ofrece su cuerpo como una melodía atonal: desde el resentimiento escupe el orgullo de todos los hombres, aún el del hombre que ama, aunque finja y se trague la leche que Walter eyacula en cada repetición.

La novela también tiene otro lado, el lado de los “buenos”. Ahí están los abogados, los policías y los periodistas.Hay un abogado que en su rencor martiriza a su atormentado ex-defendido y le revela que el asesino de su hijo es un sicario a sueldo. Hay policías que se odian y juran matarse los unos a los otros, con un comisario al que lo encandilan los flashes y, se dice, sonríe por las dudas cuando abre la puerta de la heladera y la luz simboliza un flash. A ese le han puesto precio a su cabeza. A ese no le importa nada más que la fama, el ego y la plata. Mucha plata. Y, finalmente, hay un periodista, que lo sabe todo, que escribe sobre Walter, y que Walter, al leer la crónica de su vida tan lejana a la realidad como las palabras finas que usan para describirlo, se pregunta qué carajo saben los que escriben sobre la vida de los otros.



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