domingo, 4 de agosto de 2013




–El ejemplo sirve para ilustrar el Curso –me dijo. El Curso era cómo dar noticias sin generar conflicto, o algo parecido–. Y el ejemplo habla de cuando la profesora era alumna, ella y sus amigas jugaban a pintarse los labios en el recreo y dejarlos marcados en el espejo. Los besos eran ruidosos.


Dejé de escuchar. Pensé en la inocencia. En el estereotipo de niña con pollera a cuadros. En los primeros cigarrillos. En las mejillas rojas después de besar el espejo.


–...entonces la maestra decidió darles una lección. Les dijo que a la mujer de la limpieza le costaba mucho trabajo limpiar el lápiz de labio marcado sobre el espejo. Y para que lo entendieran, las llevó al baño para que la vieran limpiar...


Pensé en la mujer apretando un trapo contra el espejo. Imaginé qué pensaría, qué de su propia infancia, de sus límites, de sus hijos que no iban a ese tipo de colegio privado y católico.


–...y entonces la vieron meter el trapo en el inodoro y después refregar una y otra vez, transpirando, contra el vidrio... y santo remedio
Seguí pensando en la mujer y me perdí la moraleja.
–¿Te das cuenta? Cuando vieron que limpiaba el espejo con el agua del inodoro dejaron de poner sus bocas ahí. Nunca imaginaron que besaban algo tan sucio. ¿Entendés?
No. La verdad que había pensado que las nenas del colegio católico y estereotipado habían dejado de besar el espejo para no hacer trabajar a la pobre mujer, no por el asco de sus propias miserias.



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