domingo, 12 de febrero de 2012

Sincero



No soy educado, si entro a un lugar no saludo, si sube un viejo al colectivo cierro los ojos y me hago el dormido. En mi trabajo no estoy en la lista de hombres mejor vestidos ni en la de buen compañero. Desde que empecé a usar perfume tengo una horrible alergia que me pone roja la piel del cuello y me hace arder los dedos de las manos. Las mujeres que trabajan conmigo se quejan todos los días que no me afeito, pero me afeito los viernes al salir del trabajo para volver con barba el lunes. Las mujeres que duermen conmigo dicen que soy poco cariñoso, que ronco, que tiro de las cobijas y me olvido si ellas tienen frío o no. No hablo mucho y cuando lo hago digo cosas fuera de lugar. Nadie parece entender mi sentido del humor. Algunos dicen que es un humor muy difícil de entender. Yo digo que son unos idiotas. No lo digo, lo pienso, pero supongo que mi cara lo debe decir todo. Si me piden en la calle sólo doy cuando tengo miedo. Si me gusta una mujer, prefiero perderla antes que decírselo. Si como en la cama me gusta que queden migas entre las sábanas. Me gusta despertarme a la mitad de la noche y sentir que pequeñas cáscaras filosas de pan se clavan en mi piel. Si me levanto a mear a la noche, me gusta cerrar los ojos y mojar la tabla. Me gusta las pequeñas gotitas que rozan la piel entre los pelos de las piernas y los erizan. Después seco la tabla con papel higiénico, y a veces también me seco las piernas.

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