viernes, 28 de junio de 2013


No sabe bien cómo sobrellevar la muerte. Tampoco hay razón para que lo sepa. Sería más fácil creer en un dios. Cualquiera de ellos. Una reencarnación, un resurrección, un día del juicio final, cualquiera de las variantes de la vida eterna extraterrena le daría una esperanza que no tiene. Que no le importa tener. También sería fácil creer en la ciencia. En una ciencia aislada o en conjunto de ellas. Pero tampoco puede creer. Está seguro que el ser humano que escribió sobre la entropía y sentenció “que la energía no se pierde, se transforma” nunca vio morir a nadie. Nunca vio apagarse un cuerpo, nunca vio como esa energía que fluía se detiene y desaparece. Y aunque se pueda medir o cuantificar, prefiere no creer.
¿En qué cree entonces? Cree que se muere cuando se muere el envase que contiene la vida. Como una estufa eléctrica barata recién desenchufada, el cuerpo humano se enfría enseguida y cuando uno pone la mano sobre la piel muerta, o la chapa de la estufa, tiene la sensación de que nunca hubo vida o calor en esos recipientes.
Lo dijo antes, y ahora lo recuerda, le gustaría poder hablar de Tanatos, de la vida eterna, la inmortalidad o la transformación de la materia, pero no puede hacerlo. Alguien que conocía hace poco y con su muerte se apagó toda una parte de su vida. De su infancia. Y esa parte no está en ningún lugar, y está en él, o al menos lo estará hasta que él y todos los suyos mueran. 
Lo dijo antes, y ahora lo sostiene, todavía no sabe bien cómo sobrellevar la muerte.

1 comentario:

  1. Una buena forma de sobrellevar la muerte es escribiendo sobre ella. Me gusto mucho tu texto . Abrazos

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